Este mes de julio cierra bajo oscuras premoniciones. El grupo de los grandes se reúne para plantar arbolitos y reafirmar sus vínculos en el afán tribal de enmascarar su cincismo recurriendo a declaraciones gatopardescas. Mientras tanto las voces se elevan, cada día más apremiantes, frente a la inminente catástrofe. Y es justamente lo que nos advierte Guillermo F. Parodi recurriendo a la afirmación tajante: Creo que la vida en la tierra se acabará pronto, lo que no deja de ser un alivio. Humor negro, sentencioso y aleccionador. Lo que se desprende de este artículo, dolorosamente premonitorio, es que no hay motivos para reírse y que, como dijo el poeta, “dios por aquí, no pasó”.
Como nunca son suficientes las advertencias cuando el peligro se vuelve certeza, Humberto Tobón y Tobón remata diciendo que no hay decisiones firmes para enfrentar el cambio climático y agrega: El impacto realmente crítico, es para quienes viven en los países marginados, donde no es posible construir las infraestructuras necesarias para prevenir los desastres. ¿Cómo hemos podido llegar a este “llegadero”? Tarde descubrió la humanidad la existencia de la cadena alimentaria y la importancia de TODOS los organismos vivientes, dentro de un orden establecido a lo largo de milenios de evolución y, cada cual, cumpliendo un papel determinante más allá de su tamaño e “importancia”. Todos… menos el hombre, que ha hecho metástasis en todo el planeta, depredando y destruyendo sin servir a nada mas que a sí mismo. ¡Con qué nostalgia se piensa en los sesenta, cuando éramos felices y no lo sabíamos! Sobre todo nostalgia de aquellos que eran libres o creían serlo. Para ellos, traemos a la memoria, y les contamos a quienes disfrutan de las ventajas de la informática, a John T. Draper quien, en alguna parte declarara: -¿Por qué se tiene que cobrar jodidamente caro por algo que a las jodidas operadoras les cuesta casi nada?- ¿O fue otro hacker quien lo dijo? En todo caso fue gracias a ellos que existe la PC y el software libre obligando a estados y empresas a liberalizar la red y hacerla menos exclusiva. Y es bajo estas premisas que hackeamos a Martín Olivera su “espacio bajo el sol” para poder aspirar un soplo de esperanza en momentos en que el sistema amenaza con apagar esos destellos de libertad en nombre del terrorismo (no el de ellos ofcórs).
Pero la “guerra contra el terrorismo” abarca todos los medios de difusión que estén al alcance de la censura y es así como el fotógrafo ganador de los Premios Ortega y Gasset, pronuncia un discurso de aceptación que ningún medio divulgó. Triste España socialística y otanizada que olvida su hambre no tan lejana e ignora o reprime a quienes, por siglos, le dieran de comer. De devolvernos a nuestro país y recordarnos quienes somos, se encarga la voz del maestro Mateo Manaure quien, a sus ochenta dos años no pierde el poder de su voz ni su su vigencia. Y es Ernesto León, venezolano que va y viene, lo que le permite mantener una perspectiva no siempre posible para quienes moramos en esta tierra de gracia (mucho menos para quienes se conforman con la "historia oficial" que los medios vierten en el exterior), quien puntualiza algunos conceptos que refuerzan lo dicho por el maestro, avalados por su ya larga trayectoria en la plástica nacional e internacional.
El joven Antonio Savinelli, de la mano de la no menos joven periodista Andreina Gutiérrez, habla de sus experiencias de cineasta en la “madre” patria. Su voz adquiere así una particular autoridad al analizar la situación del cine nacional, contrastando con su experiencia personal, para señalar que el cine venezolano está viviendo su mejor época y se están haciendo muchos proyectos que antes eran difícil de realizar. El cine brasilero, de excelente factura, guiones realistas y la combinación equilibrada entre actores profesionales y gente del lugar, nos ofrece las imágenes descarnadas de esa otra verdad que azota, no solo al tercer mundo con un título aun mas conmovedor en su idioma original “Anjos do sol” sino que, seguramente, de llegar a los cines de los países desarrollados, se verá como “eso que pasa en esos países...” y apartado
con una sacudida de cabeza.
Y para cerrar con arte, el quincenario nos ofrece una pequeña galería de obras de autores nacionales entre los que destaca la Curvina, de Eder Luna que, desde la portada, nos ratifica que los recursos para expresar visualmente un tema recurrente de manera personal y, sobre todo válida. Es todo por esta quincena aunque no haya grandes ánimos para las despedidas.