Como sucede a menudo con los creadores, su ciudad natal se impone en sus arraigos como motivo central de sus fotografías y, dentro de ella, lo más próximo a su casa: el Cementerio. Uno como el de Mérida, repleto de vidas que ya fueron, en un entorno de mármoles italianos y plantas parásitas coronando cristos demacrados en significativo (y "compositivo"), contraste con el hollín de los hongos afincados en los recovecos de los rostros.