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Sala de Exposiciones

Exposición de grupos de obras de arte de artistas venezolanos

"La nación del viento": Una mirada de Frasso al mundo Wayúu

Quizás si hablamos de Francisco Solórzano, quienes nos oyen nos queden mirando con cara de desorientados, escarbando en la memoria en el intento de recordar si conocen a alguien con ese nombre que les suena escurridizo y, a la vez familiar. Pero se agregamos el chasquido de una palabra corta y precisa, como sonido de obturador, todos o casi todos los rostros se abrirán en una sonrisa de reconocimiento con mucho de familiaridad: Frasso.

Premio Rey de España (1989) en Fotografía (antes que a S.M. le diera por mandar callar  a quienes gritan la verdad), por nombrar el galardón "más relevante", Frasso emprende su arma secreta (mas bien, mágica), la fotografía en blanco y negro, para mostrarnos ese mundo sobre el que transita y permanece desde hace siglos la nación que obvía fronteras pues estaba allí desde mucho antes que llegaran unos antojadizos a trazarlas sobre los mapas calcinados de los cardonales: la nación Wayúu. 


Y nunca mejor empleada la "falta de color" para congelar instantes, pues hablamos de una tierra de sombras perseguidas y escasas, luz deslumbrante, temperaturas al borde de la evaporación, tolerables solo por los baqueanos y un mestizaje que repite los rasgos endémicos en rozagantes maracuchos que sacan voz por los que transitan silenciosos y que, conmovedoramente (y con toda seriedad), llaman a ese pedazo del occidente venezolano: la tierra del sol amada.

Pero este paisaje y la misteriosa nación que lo transita, no se entregan tan fácilmente a la simple mirada de un "contador de imágenes" y, Frasso, honesta y consecuentemente, se arriesga, acompañado del poeta mayor de la lengua guajira: José "Cheo" González: "Cheo y yo nos encontramos para compartir un sueño: él,  para crear la poesía que resonará por siempre en la Guajira y yo, para cumplir mi papel de "Cazador de Imágenes" como solía llamarme" (Frasso)

Los acompañan en la tarea, el escritor y traductor cuyos nombres cristianos no logran avasallar su vernáculo Jusayú, "ajeno a la imagen pero clarividente de voces" según Gastón Parra Luzardo, que perdiera la vista probablemente cegado por tanta luz y la necesidad imperiosa de llevar a cabo la tarea impostergable de "ser el conductor de un sinfín de obras que recrean los caminos espirituales de la Guajira"

Tarea ímproba que debe haber requerido de todos los recursos modernos a la mano, para pasar del latino-árabe español a la lengua original nacida de las rocas y los espinos. Idioma sobre el que sabemos muy poco y que seguramente costó al traductor Jusayú, al poeta José Ángel Fernández y al no menos autorizado lingüista José Álvarez, largas horas de cavilaciones, vacilaciones y decisiones, apelando a las dobles vocales, los acentos sospechosos de apóstrofes y las cremillas como nunca se han visto en el DRAE.

 Resulta sorprendente cotejar los textos tratando de adivinar el contenido profundo que, sospechamos, inevitablemente escapa a la pericia del mejor traductor, más aun en este idioma de frases largas que solo quien nació y ha vivido entre piedras, taperas, chinchorros y batolas puede comprender a cabalidad .