| | El fantástico mundo de Régulo Pérez
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Durante el pasado mes de enero La Sala Trinchera Cultural de Bancoex,
rindió homenaje a este valioso artista venezolano con esta muestra artística,
como apoyo al talento nacional y en la búsqueda de nuevos espacios para la
integración cultural latinoamericana.
Víctor Álvarez Rodríguez
Ex presidente de BANCOX
Entre los pasos perdidos
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Estaba presente en un
conversatorio de Alejo Carpertier con un numeroso público. Siempre pendiente
de cada palabra -cuyas erres arrastraba con fuerte acento francés -el
brillante escritor disparaba magníficas imágenes, metáforas poéticas
extraordinarias e insólitas situaciones bellamente absurdas.
La publicidad donde laboraba preparaba un mapa aéreo sobre el río Orinoco.
El equipo de fotógrafos, cineastas y reporteros viajaban con él en un avión
especialmente acondicionado para el trabajo. La aeronave volaba a bajísima
altura y poca velocidad sobre el gran río e iba recorriéndolo como si fuera
un vapor, una lancha, una canoa pero sin tocar el agua, así como hacen las
garzas para ir avizorando donde van los peces en el río, casi rozando el
filo del agua, rojiza, azul, verdosa o blanquecina según su profundidad,
así, el avión recorrió el curso completo del soberbio río, fotografiando y
filmando sus curvas, sinuosidades, corrientes, anchuras y |
angosturas, sus profundidades y bajíos desde su
nacimiento hasta el delta, que da al mar que es el morir, según el poeta.
Empecé a alucinar y a recordar. Yo recorrí el Orinoco en esos fantásticos
vapores de chapaletas y sirena estruendosa cuyo eco penetraba todo el corazón de
la selva. Eran unos hermosos vapores planos como gabarras para no encallar en
algunas zonas bajas o en grandes playones. Se movían con carbón vegetal cuya
leña recogían en el curso del viaje. Llevaban carga y pasajeros a través del
Orinoco, el Apure y el Arauca.
Me vinieron a la mente a través de la ventanilla del avión de Carpentier las
imágenes que nunca olvidé. Veo los tramos y trozos del río en las noches con
luna llena en las grandes playas Pararuma y La Urbana, de plata volátil y arena
fina y la luz en los ojos de las Tortugas como linternillas y la de los caimanes
como faros amarillosos y letales. Carpentier continuaba su conversa atropellando
siempre las erres y empujando magníficas imagines con chispazos geniales,
hablaba de los hombres que iban y venían en la selva buscando oro, caucho,
balatá, sarrapia, o diamantes en el bosque dorado para perderse en ese
fantástico laberinto de plantas y animales y para encontrarse en ese jardín
maravilloso de nuevo.
La fila India de aventureros, sarrapieros, mineros y cazadores se movían como
una serpiente mimética. Adelante iba el baquiano blandiendo un filoso machete
por encima de la cabeza que brillaba en la espesura para dar rápidos tajos en la
corteza de un árbol -cuatro poderosos machetazo s marcaban el ritmo y movimiento
del camino. Eran la brújula vegetal, la rosa de todos los vientos para el azar y
la aventura. Admiré a Carpentier porque en esa conferencia me encontré a mí
mismo, me orienté y me perdí entre esos tajos y tajantemente me reconocí. Iba
detrás de mi padre en fila India desde Dos Bocas y Soapure, estaciones de acopio
de la sarrapia * hasta Las Trincheras, en el curso del río Caura, verde
Esmeralda profundo. Ahora no cito a Carpentier porque yo soy protagonista de
esta fantástica aventura junto a mi padre y todos esos hombres en el bosque
alucinante.
Régulo Pérez
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Régulo Pérez nació en 1929 en
Caicara del Orinoco en el Estado Bolívar. Cursó estudios en la Escuela de
Artes Plásticas Cristóbal Rojas de Caracas (1945-47).
Forma parte del grupo de jóvenes del taller Libre de Arte de Caracas (1948).
A comienzos de la década de los cincuenta viaja a Roma donde permanece hasta
el 1952 año en el cual se muda a Paris.
En 1956 a su regreso a Venezuela, define junto a Jacobo Borges y Luís
Guevara Moreno la orientación de un movimiento figurativo con tendencias
constructivistas. Así mismo, se desempeña en 1959 como director-fundador de
la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de los Andes de Mérida.
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Integra los grupos del Pez Dorado (1963 ) y
Presencia (1970-72). Paralelamente a su trabajo pictórico ha desarrollado desde
1946 una intensa actividad como caricaturista e ilustrador en diversas
publicaciones periódicas como Fantoches (1950 – 60), Tribuna Popular (1959-64),
La Saparapanda (1965-69), el Sádico Ilustrado (1969). Ha sido colaborador del
suplemento cultural y realizó las caricaturas diarias “Carga y descarga” en
Últimas Noticias.
Entre la innumerables exposiciones individuales se destacan las presentadas en
la Sala Mendoza (1960); Vampiros en el Museo de Bellas Artes, Caracas (1970);
Casa de las Américas en La Habana (1973); Bienal de Venecia , Italia (1980)
Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (1982), “Ciertos animales
criollos” en la Universidad Pontificia de Salamanca (1994)
Ha recibido una serie de premios entre los cuales recordamos el Premio Arturo
Michelena en su IX y XIII Edición, el Premio de dibujo de la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (1958), el Premio Nacional
de Dibujo (1960) y el premio Nacional de Pintura (1967) entre muchos otros más.
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