El
23 de marzo de 1919, es fundado en Milán por Benito Mussolini un movimiento
político social denominado Fascios di Combattimento, que a pesar de las múltiples
desgracias y ruina a la que condujo a la nación italiana, se ha convertido
—especialmente para grupos minoritarios clasistas y racistas— en
una teoría o ideología para hacer y ejercer la política y el gobierno. A esta
tendencia se le ha denominado Fascismo. Este partido no nació basado en
una doctrina previamente estructurada sino por una necesidad de acción,
agrupando a elementos de diversas tendencias políticas.
Benito
Mussolini, maestro normalista y periodista, nace en 1883 en Dovia di Predappio,
Ravenna, Italia, hijo de un herrero, militante del partido socialista y también
él socialista, de formación anticlerical y antimilitarista, en 1912, fue
director de Avanti!, el periódico más importante de esa tendencia. Luego de
finalizada la primera guerra en la cual prestó el servicio militar, sus ideales
sociales comienzan a cambiar propiciando dentro del propio partido socialista
la participación de Italia en esa guerra. En su espíritu arrogante, se empiezan
a manifestar las ambiciones de convertirse en un gran caudillo, de allí el mote
de Duce.
Finalizada
la guerra, es expulsado del partido socialista y dentro de su clara visión
política, funda el periódico ultranacionalista “Popolo d’Italia” al mismo tiempo que su
movimiento Fasci Italiani di Combattimento, también conocido como los camisas
negras o fascistas, el 23 de marzo de 1919.
Los
camisas negras se convirtieron en lo que podríamos llamar un partido
militarizado: disciplina rígida, obsecuencia ciega a las órdenes, uso de
uniformes y un nacionalismo exagerado. Opuestos al comunismo y al socialismo,
su propósito era el de someter lo individual a lo colectivo dentro de la teoría
fascista del Estado Corporativo, en el principio de la representación por
instituciones y no por individuos. En este Estado, sus representantes son
elegidos por las corporaciones económicas, gremios y asociaciones de
profesionales y otros organismos. Sólo a través de éstos, el individuo puede
expresar sus ideas.
Para
responder a la creciente aceptación de los comunistas y luego de su derrota
electoral frente a ellos, los fascistas iniciaron —hacia finales de
1921— una campaña de violencia que llamaron “expediciones de castigo” en
contra de sus adversarios, llevando a la cárcel a sus enemigos políticos,
atacando unidades sindicales para romper huelgas entre otras atrocidades. La
cantera que producía esta militancia tan obsecuente y su rápido crecimiento,
era la difícil situación por la que pasaba la sociedad italiana en aquellos
años. La economía en crisis, desempleo, desocupación en el agro entre otros,
manifestándose el descontento en repetidas huelgas que atizaban la discordia
general, aunándose a ello, el temor de la pequeña burguesía y la burguesía
industrial ante la conciencia despierta de la clase obrera y el avance de una
revolución proletaria, haciendo deseable la aparición de un gobierno fuerte y
autoritario.
Aprovechando
esta situación, el fascismo inicia la “Marcha sobre Roma”, que más que una
revolución fue un desfile, presionando y logrando con ella, que el rey Víctor
Manuel III, le confiara la organización de un nuevo gobierno a Mussolini. En
otras palabras, el partido fascista tomó las riendas del país durante 21 años.
Mussolini se mantuvo en el poder, gracias a la prosperidad económica y a la
represión de su policía estatal.
Dentro
de su espíritu megalómano, deseaba constituir un imperio colonial para Italia y
aún, con la desaprobación de las potencias occidentales, Mussolini emprendió en
1935 la conquista de Abisinia, concluida en 1936 con el beneplácito de Hitler.
Intervino en la guerra civil española (1936–1939) a favor de las fuerzas
nacionales o franquistas y cuando estalla la segunda guerra mundial, Benito
Mussolini se mantuvo al margen del conflicto bélico hasta el desplome de los
ejércitos franceses. Creyendo que la victoria alemana era inminente, se
concreta en aliado incondicional de Hitler, convirtiéndose prácticamente su
lacayo.
Derrocado
por un golpe de Estado, el 25 de julio de 1943, su sucesor, el Mariscal Pedro
Badoglio lo apresó, siendo trasladado al Gran Sasso, desde donde fue liberado
por un escuadrón de paracaidistas que lo llevaron a Alemania. De regreso a
Italia y apoyado por Adolph Hitler, organizó al norte del país, la República
Social Italiana. Para ese momento, la lucha de los partisanos (guerrilleros)
por la liberación y en contra del fascismo y el nazismo, había tomado cuerpo.
Intentó llegar a un acuerdo en Milán con el Comité de Liberación Nacional y
temiendo ser arrestado, huyó, siendo aprehendido en abril de 1945 en las
afueras de Dongo, pueblo italiano cercano al lago Como, donde tras un juicio
sumario fue fusilado por los partisanos junto a su amada, Clara Pettacci,
siendo luego colgados por los pies como símbolo de escarnio