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Con anterioridad hemos mostrado nuestra preocupación por los planes
conspirativos del imperio y su ejecución por la oposición fascista. Hemos
alertado sobre el abultamiento de las encuestas, el maquillaje de las visitas
de Manuel Rosales a los barrios y la descarada campaña que RCTV y Globovisión —sólo en los medios
audiovisuales— mantienen a su favor, el posible secesionismo del estado
Zulia, el silencio del CNE ante esos hechos, así como el carácter institucional
y vacío que el Comando Miranda le ha dado a la candidatura del presidente
Chávez, donde los sectores populares aparecen más como piezas decorativas que
como sujetos protagónicos. Ahora, en el Frente Antifascista de Venezuela, incorporamos a nuestro
análisis, un nuevo elemento al que ya se han referido otros: la exacerbación y
el exagerado tiempo en pantalla de los crímenes comunes que se presentan con
descarada intención político-electoral y con la campaña de desencanto que se
intenta sembrar en el país. Una vez más, son las fauces del fascismo diciéndole al país y al mundo,
que existe una nación al borde del precipicio, donde reina la impunidad, la
corrupción y el despotismo como consecuencia de un gobernante personalista,
autoritario y egocéntrico. Un país en cuyos centros turísticos asesinan a los
visitantes (véase como se ha explotado el caso de la turista italiana); una
tierra de nadie, donde el ejército al servicio del dictador Chávez, utiliza sus
armas adquiridas con petrodólares en el exterior, para asesinar a humildes
mineros, como en el caso de la Paragua; un Estado, sin seguridad y violento que
también maltrata a sus socios, al extremo de generar rupturas comerciales como
la acaecida recientemente entre CITGO y la red de comercialización
estadounidense 7-eleven; es una matriz tan delictiva como aquella del golpe de
abril de 2002, o del paro criminal que llegó al extremo de satisfacerse ante el
hecho doloroso de un niño asesinado por bandas de criminales en plena calle. Es un sector político-social contaminado con lo peor del fascismo, que
nos conduce a presentar la siguiente hipótesis: Así como los conspiradores
trajeron grupos de mercenarios para asesinar gente de la oposición y del
gobierno aquel triste y fatídico 11 de abril de 2002; así como desestructuró
mentalmente a Joao de Goveia, llevándolo al extremo por todos conocidos; así
como montó guarimbas que acarrearon muerte hasta en sus propias urbanizaciones;
así como se asesinó física (y se trata de hacerlo moralmente) al fiscal Danilo
Anderson, trajo paramilitares y avaló hechos de violencia en la Universidad de
los Andes, Mérida, no nos extrañaría que detrás de muchos de estos asesinatos,
hurtos, maltrato, distribución de drogas, en fin, detrás de todos estos hechos
que siembran desconcierto, esté el cerebro del imperio y las manos de la
oposición golpista venezolana, sus secuaces. Cada día nos llegan más rumores sobre acciones violentas en los barrios,
que presentan modus operandi diferentes a los habituales, (atracadores encapuchados, el uso de armas
largas, asesinatos incomprensibles o sin sentido, etc). Hacemos un llamado a
las organizaciones sociales, políticas y medios de comunicación alternativos, a
sus líderes y militantes, a desarrollar la inteligencia social, es decir, crear
mecanismos de observación y seguimiento a los hechos de violencia que se
producen en los barrios, comunidades y zonas populares que pudieran evidenciar
la existencia de paramilitares encubiertos o un plan cierto para generar
terror. A tal fin y a falta de una organización centralizada, invitamos a
remitir crónicas de los hechos de violencia acaecidos, observaciones o
denuncias al correo del Frente Antifascista a fin de inventariarlos y buscar
mecanismos que permitan articular y encontrar formas de respuesta. Para el Frente Antifascista de Venezuela, la sola suposición de esa
hipótesis constituye un impulso vital, una llamada de atención para comprender
que en ésta campaña electoral, los conspiradores fascistas de la oposición no
vienen sólo por el sillón presidencial o la reivindicación de la democracia,
vienen por el poder económico y político, por la botija del Banco Central con
36 mil millones de dólares; vienen por la destrucción de todo lo alcanzado
hasta ahora y la persecución de todo lo que suene a revolución, a
participación, chavismo, pueblo. La conspiración fascista internacional y sus verdugos en Venezuela,
vienen por el desmontaje a sangre y fuego del sueño bolivariano, de su
revolucionaria Constitución, sus misiones y por las 49 leyes habilitantes,
especialmente por la Ley de Tierras. De allí que nuestra preocupación por la actitud de la oposición, termina
trasladándose hacia el Comando Miranda como máximo ente ejecutor de la campaña
del presidente. Pareciera que en este comando, así como en los partidos
políticos que acompañan al proceso, las instituciones públicas y misiones no
terminan de atinar por donde vienen los tiros. Acá como que todo el mundo se
prepara para una gran celebración el 4 de diciembre, subestimando la saña del
enemigo interno y externo. En nuestro primer comunicado, (14 de septiembre de 2006) alentábamos
sobre esta situación e insistíamos en una propuesta básica: la participación
crítica y activa del pueblo en la defensa de sus reivindicaciones. Hoy volvemos
a insistir en ello. La criminalidad, la violencia, la corrupción y la impunidad
sólo conocen un antídoto: la participación transparente de los más afectados y
por consiguiente más interesados. Basta de que la campaña electoral se caracterice por intoxicar a los
participantes con música estridente que desdice de todo gusto popular; de la
explotación de la figura femenina, como si la militante y el militante o
simpatizante chavista, fuese una prolongación del adeco intoxicado de alcohol
en un mitin de Carlos Andrés Pérez. La matriz del imperio y esta última modalidad de crímenes y violencia,
no se enfrenta con niñas muy agraciadas bailando un “regeaton” en una plaza
pública minutos antes de que hable el candidato. Esta matriz y sus objetivos se
enfrentan con la movilización, la instalación de mesas de discusión y debates
sobre la conducción de la campaña electoral, el tráfico y consumo de drogas, el
alcance de la guerra mediática, la niñez abandonada, la corrupción y la impunidad,
la ineficiencia en algunas instituciones públicas; en fin, respondiendo al
enemigo con la acción que mas daño le ocasiona: la inmersión de los vastos
sectores populares en el ejercicio de la política y la implementación de la
línea política como pedagogía para la liberación de los explotados,
condicionantes básicos para la defensa inmediata del proceso y posterior
aplicación de la contraloría social de manera efectiva. ¡SÓLO EL PUEBLO
SALVA AL PUEBLO! |
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