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José Rafael Rosas Merentes -Mezklylla-, 51 años, nacido y criado en La Guaira, ahora reside en Naiguatá, siempre en el litoraleño Estado de Vargas. Es pintor autodidacta.
Además de pintar -"abstracción geométrica", según su propia definición-, ha hecho mil cosas en su vida: fue militante comunista, hippie, hizo yoga, militar en la Guardia Nacional, apoyó la Revolución Bolivariana en sus inicios, ahora es crítico del proceso, hace vallas publicitarias, se dedica a la rotulación y dibujo de planos. Se considera "un pintor popular". Ha expuesto unas pocas veces (Cámara de Comercio, Hotel Sheraton, Aeropuerto Internacional Simón Bolívar), obteniendo premios incluso, pero prefiere no hacerlo. Le gusta vivir "en pantaloneta, sin teléfono celular ni Internet". No quiere que lo llamen "maestro" sino simplemente "el pana".
ENcontrARTE: ¿Cómo llegas a la pintura?
Mezklylla: Por necesidad. Lo que impulsa al hombre a hacer un avión, a hacer lo que sea, siempre ha sido la necesidad. Todo se hace por necesidad: una mesa para sentarse a comer, o domesticar un caballo el día que quisimos andar más rápido, y cuando el caballo resultó demasiado lento tuvimos que inventar el carro, y cuando el carro no pudo cruzar el mar inventamos un barco, y después hicimos el avión. O sea que es la necesidad lo que impulsa todo.
ENcontrARTE: ¿Y en el caso del arte cómo se da esa necesidad?
Mezklylla: Ahí es la magia. Cuando yo era guardia y cobraba, pasaba frente a las vidrieras y veía muchos libros y muchos pinceles, y me gustaba comprarlos. Aunque no pintaba, me gustaba ir guardando los pinceles y las pinturas. Pintaba algunas cositas; recuerdo que había un florero donde metíamos flores cuando montábamos guardia, pero yo guardaba ahí mis pincelitos y los tubitos de pintura. Yo decía que esas eran mis flores, porque con ellos tú puedes pintar todas las flores que quieras: una orquídea, pero si quieres, puedes tener también una cayena, o una amapola. Es decir: puedes tener todas las flores del mundo porque con la magia de la pintura puedes pintar todo lo que quieras. Fue hace años que empecé a pintar, por puro gusto de hacerlo. Tú vas al psicólogo y te manda a pintar para quitarte el stress; yo empecé a pintar sin necesidad que me lo hayan indicado. Y luego siempre seguí pintando. Me gustó, y fui descubriendo que eso me podía dar algún dinero, y ya no dejé de hacerlo nunca.
El arte es eso: creatividad. Si uno tiene libertad, puede tener creatividad. Si tienes libertad para hacer, para crear, puedes encontrarle solución a las cosas. Con creatividad a todo se le puede encontrar solución; es como han hecho los japoneses. No tienen espacio, pero se las ingeniaron, con creatividad, para solucionar su vida: decidieron dividir sus enormes empresas y mandar a la gente a trabajar a la casa. Ahí, solitos, cada quien produce lo suyo, luego vienen con un helicóptero, se llevan las partes y ensamblan todo. Y así le han ido encontrando solución a sus cosas, con pura creatividad. La creatividad es todo. El arte es creatividad.
ENcontrARTE: Tú, alguien creativo, ¿por qué se hizo militar en su momento entonces?
Mezklylla: Para conocer al enemigo. Yo militaba ya desde jovencito, y por eso decidimos que iba a meterme ahí para conocer por dentro cómo era el enemigo y para saber hacer lo que teníamos que hacer, para tecnificarnos. No puedes tú combatir con piedras y ellos con fusiles y aviones. La primera ley militar que hay es conocer al enemigo; no es el uniforme ni nada de eso. Lo primero es conocer cómo es el enemigo, y con eso tú puedes establecer las tácticas a seguir. Pero luego todo dio vueltas p'acá y p'allá, y cambió todo. Si las cosas hubieran sido como queríamos, si la broma hubiese funcionado, los rusos fueran ahora una tremenda potencia. Pero no funcionó. Si hubiera funcionado, Alemania Oriental -la RDA- fuera una enorme potencia. Y sin embargo se cayó. O sea que no funcionó. Pero sí funcionó el socialismo en Finlandia, sí funcionó en Noruega, sí funcionó en Suecia, que son los tres países más evolucionados en el planeta Tierra. Distinto a lo que nos quieren vender -bueno, a mí no me lo venden-, pero sin dudas las sociedades más evolucionadas son esas tres que mencioné.
ENcontrARTE: ¿Por qué piensas que esas experiencias de socialismo que mencionaste: la Unión Soviética, la República Democrática Alemana, no funcionaron?
Mezklylla: Mira, te voy a decir todas las ventajas que ellos tenían con respecto a nosotros: nosotros somos católicos. Y aunque yo no lo soy, aunque fui monaguillo cuando chiquito -cosas que después fui superando cuando fui sabiendo más, cuando profundicé-; te decía, nosotros que somos católicos, o que vivimos en este sincretismo religioso con esta cosa que le dicen brujería y que nadie sabe bien qué es, es decir: si los rusos que eran ateos -y eso tiene una ventaja: el ateo sabe que dios no te va a ayudar y tú mismo tienes que hacer las cosas. Y por cierto que los rusos las hicieron, y desarrollaron una tecnología que competía con las mejores-, entonces, si los rusos que eran ateos no pudieron, ¿tú crees que van a poder estos que creen en muñecos de yeso que llaman santos y creen en brujos? ¡Menos van a poder! Son dos perfiles diferentes: el que cree y el que está seguro. Si los rusos no lo hicieron con todas esas ventajas, menos nosotros. Ahora bien: si ellos fallaron es porque invirtieron mucho dinero en algunas cosas y menos dinero en otras: mucho dinero en vainas militares y obviaron la competencia. La competencia sirve para la calidad. Donde hay monopolio, cuando desaparece la competencia, baja la calidad. ¿Cuántas fábricas de carros había en Rusia? Una sola, y del gobierno. Y así no se preocupan por mejorar la calidad; aunque sean chimbos, todos tienen que comprarlos. ¿Cuántas fábricas de carro hay en Estados Unidos? Cantidades, y eso mejora la calidad de los carros. Si hay competencia, gana la gente, gana el consumidor. Pero si no hay competencia y nos quedamos con el monopolio, no progresamos. Por ejemplo: vete ahora para una oficina pública. Llegan a las 8; si llegas a esa hora se supone que ya llegas desayunado, ya miaste, ya hiciste pupú, llegas ya listo para trabajar. Pero ¿qué ve uno en una oficina pública? Llegan a empezar a hablar de la pelota, llegan a comerse la arepa a las 9 de la mañana: no hay productividad. Igual trabajen o no trabajen se les va a pagar lo mismo. No hay un índice de medida de producción, de eficiencia. Mientras no se tenga eso no va a haber nada.
ENcontrARTE: Entonces ¿qué futuro le ves a la Revolución Bolivariana?
Mezklylla: Aquí nadie sabe lo que va a pasar mañana. Aquí hay una incertidumbre total. Por lo pronto hay que decir que son los mismos adecos y copeianos de siempre. Pero por supuesto todo esto tiene algo de positivo: la conciencia política que se está ganando. Hay una palabra clave en todo esto: la alienación. Alienación es lo que hace la publicidad, es lo que hace la religión, lo que hacen los patrones de conducta. Alienación es el condicionamiento colectivo que hay en el medio donde tú te encuentras; alienación es que si tu padre juega gallos, tú vas jugar gallos obligado. Alienación es que tú no te olvidas lo que tú ves, no lo piensas. Eso lo utiliza la publicidad para meter la moda; si una actriz saca un nuevo corte de pelo hoy, al día siguiente todas las mujeres en la calle las vas a ver con ese corte, y hasta los perros se lo van a hacer. Viene la moda de los zarcillos, y todo el mundo se mete zarcillos por todos lados. O lo mismo los tatuajes: hoy día se meten tatuajes por todos lados, por los lados más inimaginables. O sea que la publicidad juega con eso: te venden algo haciéndote sentir que tú eres diferente. Aunque el hombre vive en rebaño, en su esencia quiere ser diferente, quiere sentirse como diferente. Pero todo el mundo, queriendo ser diferente, termina siendo igualito a los otros. De eso se encarga la moda, el condicionamiento colectivo, la alienación. Todo eso se hace con una base científica, y ahí está la psicología y todas esas vainas. Y mientras no se tenga conciencia de eso, se va a ser uno más del rebaño y vas a ir para donde te lleve la marea. A la gente le gusta sentirse rebaño también. Eso se podía ver bien durante el Caracazo. Todo el mundo salió y todos se contagiaban uno del otro, iban para un lado o para otro según le decían. Y el Caracazo continúa. Hoy día una pila de bandidos en nombre de la Revolución, gente que nunca en su vida ha sembrado una mata de nada y no saben lo que es echarle comida a un pollo, están robando un terreno pequeño, de 5 o 7 hectáreas, a gente que tiene toda una tradición honrada de trabajo en el campo.
Aquí todo el mundo vivió siempre de chulero. Aquí hay gente que hizo muchísimo dinero. Un obrero del puerto de La Guaira ganaba 1,000 dólares a la semana. Eran 4,500 bolívares a la semana y no hacían nada, estaban sentados todo el día. Antes los obreros tomaban whisky, y ahora toman aguardiente. Antes hacían tremendo sancocho, ahora van a la Casa de la Alimentación a ver qué consiguen. Ganaban 1,000 dólares a la semana; la gente se iba a Miami a gastar los reales. Era cuando se decía: "está barato, dame dos". Por eso digo que el Caracazo continúa, pero de otra forma. Muchas de las invasiones se ve que no son hechas por gente del lugar, y que ni siquiera son campesinos. Aquí hay mucho de farsa. Y como estamos acostumbrados a eso -nos decimos católicos y nadie lee la Biblia pero cuando vamos a jugar caballo nos leemos la Gaceta Hípica-, no nos sorprende que haya tanta farsa.
Aquí todo el mundo quiere vivir del Estado, dicen que Venezuela es rica. Pero no: la riqueza de un país no es el petróleo, no es el oro, no es el diamante. La riqueza es la gente. Pero no la gente que está con la lengua afuera y la mano extendida esperando un préstamo, esperando que le den un plato de comida, esperando que le den un trabajo donde después va y no trabaja. Ahí, entonces, no somos ricos. Esos son aprovechados. Lo que veo es que con tanto aprovechado se ha perdido el espíritu creativo, la inventiva.
En el arte uno tiene que ser creativo para todo, hay que tener iniciativa. La creatividad empieza por la iniciativa. Si uno se queda sentado esperando, no hay creación, no puede haber arte. Muchas veces se dice que estamos en una crisis de valores. Todo gira alrededor de los valores, y todos tenemos grandes valores. Yo tengo el poder de crear, pero para crear hay que tener alguna idea de lo que se quiere hacer. Yo he leído bastante, de filosofía, de axiología -que es la teoría de los valores-, de política. Muchas veces la gente repite cosas, palabras, frases, sin saber lo que está diciendo. Dicen de alguien que es "un malandro maquiavélico" usando mal la palabra, porque Machiavelo no era malo: era alguien que pensaba. Y sin pensar lo que se hace, sin estudiar, sin profundizar, no se puede hacer nada bien hecho.
Hoy día veo que se hace todo muy superficialmente, es todo por compromiso político superficial, pero sin convicción. Yo voté por Chávez la primera vez. Pero a mediados de enero yo ya me estaba preguntando: "coño, ¿qué pasa aquí?". Cuando vi ciertas actitudes, la forma con que se empezaban a hacer las cosas, cuando recibió la banda presidencial y juró ante la "moribunda" constitución, eso me pareció raro. Cuando se hace la Constituyente me pareció una idea estupenda: eso era la oportunidad de hacer un nuevo contrato social, era replantearnos una nueva república, una nueva nación, para replantearnos el Estado, el pueblo -aunque aquí no hay pueblo sino montón de gente junta-. Todo estaba muy chévere. Pero volvió Chávez de un viaje de la China y mandó revisar todo lo que se había hecho durante ese tiempo. Y lo que dice él, se hace. Todo lo que dice él, se aplaude. Pero hemos perdido el espíritu crítico. Es eso lo que me tiene más decepcionado.
ENcontrARTE: ¿Se ha perdido el espíritu crítico?
Mezklylla: Sí, sin dudas. Y estoy decepcionado de todo lo que está pasando. Yo me esperaba otra cosa. Yo me refugio con mi arte, y así soy feliz. El arte es como una muralla, y ahí tengo mi recompensa cuando les gusta un cuadro que yo pinté.
ENcontrARTE: Desde el arte ¿no se puede recuperar el espíritu crítico que se ha perdido?
Mezklylla: Lo que pasa es que hemos entrado en una actitud de facilismo y lo único que la gente busca es que le den más reales, más comidas, que le regalen un carro, una casa, que le den permiso para robar todo lo que quiera. Bueno, si fuera como los nazis, estaría bien; porque cuando Hitler llegó a Francia no fue a robar los bancos, sino el Louvre. Igual hicieron los ingleses, y también Napoleón en Egipto.
ENcontrARTE: ¿Cómo ves todo el movimiento artístico hoy en Venezuela?
Mezklylla: Era fantástico. Hoy no. Años atrás había muchas cosas novedosas; y en arte lo importante no es tanto lo bonito sino lo nuevo, lo raro, lo que llama la atención. O algo que sea viejo pero planteado con novedad. Por ejemplo en mis cuadros aparecen mucho los veleros; eso no es nuevo, pero lo interesante es la manera en que está planteado, la novedad de la técnica. El arte es un producto de consumo para la gente que tiene cierta cultura. El arte es algo que permanece, que se queda siempre ahí; no es como esta música pasajera que nos hacen consumir y cambia continuamente, cada mes una nueva canción de moda.
ENcontrARTE: ¿Y cómo consideras, entonces, esto del arte popular?
Mezklylla: La cultura popular es la tradición. El arte nace de la necesidad. Si soy esquimal hago mi casa no como aquí, en el trópico, sino con los bloques de hielo que tengo en mi lugar. Y si estoy en la selva en Africa tengo que hacer la casa con bambú. Es decir que hay una adaptación del hombre a su medio, y en ese proceso de adaptación uno va utilizando los recursos que tiene a su alrededor. Pero algo importante: el arte te tiene que dar de comer. ¿De qué vale ganar premios y concursos si no te da para comer?
En el arte uno tiene que ser creativo para todo, hay que tener iniciativa. La creatividad empieza por la iniciativa. Pero algo importante: el arte te tiene que dar de comer. ¿De qué vale ganar premios y concursos si no te da para comer?
Las fotos publicadas en esta entrevista son cortesía del fotógrafo “LEONARDO MATOS” leonardosurf4@hotmail.com