 |
Carlos Prieto, venezolano, 49 años, de origen campesino, de Barlovento -estado Miranda- es hoy un consumado artesano. Su producción consiste en la elaboración de totumas a base de taparas. Su producción, totalmente artesanal, es vendida en numerosos puntos de Caracas, pero casi con exclusividad para el turismo extranjero. El es un fiel representante de una actividad que, lenta pero pareciera que irremediablemente, está condenada a la desaparición.
ENcontrARTE dialogó con él, y aquí presentamos la entrevista.
ENcontrARTE: ¿En qué consiste su producción artesanal?
Carlos Prieto: Yo elaboro totumas a base de taparas. Elegí la tapara porque es una fruta perfecta, es una gran obra de la naturaleza. La tapara misma ya es artística, sin procesar. Me enamoré de hacer este trabajo, y desde hace años que lo vengo haciendo. Las pinto y tallo, y de eso vivo, de la pura artesanía. Me considero un artista popular. Me siento muy satisfecho con lo que hago; no elegí otra cosa porque me gusta, aunque estoy en condiciones de hacer muchísimos trabajos más: por ejemplo tallar en madera, y también pinto. Pero elegí la tapara porque me parece lo más hermoso.
La tapara es una fruta, y ella misma es de madera, cosa que no se ve con otra fruta. Sobre esa madera se puede tallar y pintar con toda facilidad, que es lo que yo hago.
ENcontrARTE: ¿Cómo fue que se dedicó a esta artesanía?
C.P.: Creo que ya nací artesano. De hecho soy hijo de artesanos. Mi madre hacía bolsos de mecate, y todavía sigue elaborando. Yo ahora la ayudo a venderlos. Mi padre fabricaba artículos de madera, como cabos de hacha. Y todo eso que él hacía yo lo veía. No lo hacía tanto como negocio sino para amistades, y siempre le pedían hacer cosas en madera. De la curiosidad de ver todo eso que los dos hacían creo que fui saliendo artesano.
Ahorita vivo en una montaña por la zona de Barlovento, en una casa antiquísima, de más de 100 años; es la casa matriz de una zona donde se hicieron urbanizaciones. La casa tiene 6 hectáreas de terreno, donde todo es montaña. Me va muy bien ahí. Allí mismo tenemos sembradíos de tapara: la procesamos y la usamos para hacer las artesanías.
La fruta de la tapara, que puede tener muy distintos tamaños, es medicinal, no alimenticia. Al menos no conozco de nadie que la coma. Se la usa como medicina para la gripe, para los pulmones. Para hacer las artesanías se utiliza la cáscara. Completa se la puede utilizar como vasija para envasar líquidos, como se la usaba años atrás en el campo. Es muy fuerte, y además es muy fresca; mantiene fresco lo que está adentro. El agua no se va a salir, pero se puede romper si se cae llena de líquido. Hay algunas taparas inmensas que pueden agarrar hasta más de 10 litros. Y también hay algunas muy pequeñas, que son miniaturas como un dedo pulgar. Hay mucha variedad: hay taparas redondas, hay largas. Usted siembra una variedad y le da exactamente esa variedad, pero hay una gran variedad: pequeñas, miniaturas, grandes, hay unas inmensas. Es un árbol; y sus ramas son muy fuertes. Imagínese cuando está llena de frutas, lo que pesa cada una, y las ramas resisten todo ese peso de las taparas. Uno puede colgarse ahí, y la rama no se quiebra. También se siembra por estacas; y eso es muy fácil, porque crece rápido y sin complicaciones.
ENcontrARTE: ¿Entonces su producción es totalmente artesanal, desde el cultivo de la mata hasta el toque final que le da a cada totuma?
C.P.: Sí, totalmente a mano. Pura artesanía. Incluso yo me cuido de no usar elementos sofisticados, no uso herramientas elaboradas en la industria. Yo hago mis propios cuchillitos para trabajar. Y todo eso lo hago a mano, todo, totalmente. Por ahí me dicen que estoy quedándome atrás porque debería usar instrumentos modernos, pirograbador, cosas de la tecnología moderna. Pero yo les digo que no: de esa manera ya no habría autenticidad en el trabajo.
ENcontrARTE: ¿En general se mantienen las artesanías tradicionales, o eso es algo que va cambiando paulatinamente?
C.P: No, la artesanía venezolana tradicional no va creciendo, al contrario. Hoy la artesanía viene de todos lados, de otros países vecinos: de Colombia, de Perú, de Bolivia. A mí me gustaría que Venezuela estuviera llena de artesanos, pero la gente no se interesa mucho. Artesano venezolano soy uno de los pocos que van quedando. Mire: de entre tantos proveedores que llevamos artesanías a las distintas casas que hay en Caracas, yo casi no consigo paisanos. Hay cada vez más artesanos extranjeros.
ENcontrARTE: ¿Cómo es entonces el campo de las artesanías? ¿Reciben algún apoyo gubernamental? ¿Quién le compra su producción?
C.P.: Nosotros, los artesanos venezolanos, sobrevivimos con los turistas. Lo que es la gente venezolano, la gente del pueblo de acá, no compra. Hablo por mi persona, pero en realidad yo nunca he tenido apoyo de ningún gobierno. Hoy se están apoyando cooperativas. Pero no puedo hacer cooperativas y reunir gente que esté en condiciones de hacer el trabajo que yo hago; tendría que reunir cinco personas más que conozcan bien este trabajo de la fabricación con taparas para poder hacer una cooperativa, pero no hay. Es por eso que yo trabajo sin ningún apoyo. Nunca veo que el gobierno esté dando apoyo a los artesanos. No, al menos hasta donde yo sé. Veo que las artesanías nacionales no interesan mayormente y se prefiere traer de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, de México. Y la población venezolana no consume nuestras artesanías.
ENcontrARTE: Estas totumas que usted produce ¿se usan actualmente para beber agua o quedaron sólo como artesanías?
C.P.: No, ya no se usan en absoluto. Eso lo usaban los campesinos antiguamente, era una vieja costumbre del campo. En casa, por ejemplo, que era un hogar campesino, mis padres lo usaban para transportar el agua. Pero en este momento sólo ha quedado como una artesanía para gente de afuera que las ve y les encanta llevárselas como recuerdo. Pero no es algo que se usa entre las personas que de verdad deberían usarlas, entre los venezolanos que deberían recordar a sus abuelos y mantener vivas estas tradiciones. En esa población vemos que es donde menos se usa, donde menos se aprecia. Se lo digo porque yo vivo en Barlovento, donde hay muchas tienditas de artesanía que en muchas ocasiones me han comprado piezas, y ahí mismo me dicen que nadie venezolano se interesa por este trabajo.
ENcontrARTE: Este desinterés por las artesanías, además de las totumas ¿pasa igualmente con otras expresiones como por ejemplo las tallas en madera, la cestería, los tejidos?
C.P.: Sí, totalmente. La población criolla es la que menos se interesa. Y en general no hay apoyo del gobierno a este arte popular nacional. Cada vez estamos más invadidos por cosas de plástico, por mercaderías que vienen de China. Los lugares donde venden ese tipo de productos están siempre llenos de gente comprando; pero la gente ya no busca las cosas típicas. Lo que yo hago es arte popular, que es una manera de llevar la expresión de nuestra cultura a todos lados; pero la gente no lo entiende así, y por lo tanto no lo apoya. De esta manera toda las artesanías, todo nuestro arte popular, va muriendo lentamente. Se ha ido reemplazando en las casas por cuestiones plásticas, por cosas de vidrio, por todas esas cosas que se producen fuera del país. No hay apoyo lamentablemente. La gente compra todo eso por la sencilla razón que es más barato; pero deberíamos hacer un esfuerzo para concientizar a la población para que apoye el arte nuestro, que sin dudas es algo hermosísimo.
ENcontrARTE: ¿Dónde vende su producción, Carlos?
C.P.: Puedo decirlo con mucha satisfacción que toda mi producción la vendo en tiendas de Caracas y en el aeropuerto de Maiquetía. Algo también vendo en la Colonia Tovar, y a través de alguna gente, vendo también a Puerto Rico, en Aruba. Vendo también para otros puntos del país, en Puerto La Cruz por ejemplo, a muchos estados de Venezuela. Por suerte, lo digo con toda sinceridad, vendo muy bien y yo me siento muy satisfecho y orgulloso de este trabajo que realizo. Pero no quiero dejar de remarcar que me compran las tiendas que le venden casi exclusivamente al mercado internacional, a los turistas.
ENcontrARTE: ¿Es decir que prácticamente no produce nada para el mercado nacional entonces?
C.P.: No, la gente de acá no valora esto que elaboramos los artistas populares. Lo que veo es que la gente venezolana que llega a las tiendas de artesanías a comprar ponchos por ejemplo, lo que en Mérida se llama la ruana, gente que compra mucho de eso para el frío, esa mercadería no es producida en el país. Eso se elabora en Perú, o viene de Ecuador o viene de Bolivia. Y eso lo quiero decir así, bien claro, bien transparente: no son artesanías de Venezuela, vienen de afuera. Y en cualquier momento van a venir de China o de Taiwán. En realidad todo lo que es artesanías va saliéndose de lo que son manualidades, ya todo se va industrializando. Yo veo que llegan cantidades enormes de productos que no son artesanías, que son mercaderías que las producen en un momentico; y ese es el arte que tiene más aceptación. El trabajo de nosotros, hecho todo a mano, hecho con amor y sacrificio, ese trabajo no es valorado. Por supuesto no podemos hacer esas cantidades enormes que hace la industria, por eso no podemos competirle.
ENcontrARTE: ¿Por tanto es muy desventajosa esa relación con la producción no artesanal?
C.P.: Sí, muy grande. A veces queremos concientizar a los clientes que los precios de lo que nosotros, los artistas populares elaboramos, no pueden ser muy bajos como los de la industria, porque lo nuestro lleva muchísimo más tiempo. Por supuesto que no podemos ser competitivos. Lo que toma un momentico para la industria, hecho todo con máquina, para nosotros son horas, días de trabajo. Lo que yo hago es totalmente hecho a mano, todo, cada detalle, desde la mata hasta que entrego el producto final. Por eso tiene un valor un poco más alto que una pieza de plástico hecha con máquina; pero la gente no se concientiza de eso.
ENcontrARTE: ¿Considera que las artesanías estarán condenadas a ir desapareciendo con el tiempo? ¿Usted le ha transmitido todo su conocimiento a alguien?
C.P.: Sí, claro: a mis hijos. Pero incluso ellos ya tienen otra visión de la vida y me dicen que ya no siga haciendo todo esto a mano. Siempre me insisten que se puede hacer a máquina, que así es más rápido. Pero yo me pregunto entonces: ¿dónde quedaría la autenticidad? No hay dudas que pensamos diferente. Ellos van con la época, por supuesto; y eso es lo que me hace pensar que todo esto de la artesanía va a ir desapareciendo. No creo, por ejemplo, que mis hijos, mis descendientes, vayan a seguir este negocio. No, para nada. Ellos piensan con un criterio moderno, todo rápido, y hecho más fácil, sin todo el sacrificio que significa hacer todo a mano. Por eso este arte popular va a ir terminando. Mi hijos me lo dicen siempre que ellos no tienen la paciencia que yo tengo para hacer todo esto. Y de repente si algún día pensaran seguir con esta tradición, lo harán ya con tecnologías modernas. Incluso ellos me dicen que me dedique a otra cosa, porque esto no tiene futuro. Pero yo me siento muy satisfecho haciendo esto. Estoy solo en mi taller, pongo un música bajita, y estoy concentradísimo en ese trabajo que pienso que es extraordinario. Y me siento contento cada vez que logro ir haciendo una pieza diferente.
Es bueno decir todo esto con respecto a este arte popular para que la gente tome conciencia: no se puede dejar que desaparezcan las artesanías, hay que continuarlas. Eso es lo que habla de la cultura de los pueblos, de nuestras raíces. Y eso no hay que dejar que muera.
Obras de Carlos Prieto pueden conseguirse en el Mercado de los Indios Goajiros, en Chacaíto, o en la tienda de Hansi, en El Hatillo.
Su teléfono es 0416 2194060.