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Jaime Martínez, venezolano, 44 años, oboísta, Presidente Encargado de
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ENcontrARTE: Jaime, cuéntanos un poco de tu actividad musical.
J.M: Nací en un pueblo que se llama Carora, en el Estado Lara; uno de los pueblos más antiguos del país, fundado por primera vez en 1569, y luego, a partir de la resistencia de los indígenas, traslado un poco y refundado en 1572. Es una verdadera ciudad barroca, del barroco latinoamericano, con calles de piedra, con iglesias del siglo XVII. Es una ciudad con una proyección cultural muy grande, desde la época de la colonia. Ciudad donde se puede ver muy claramente la diferencia entre los blancos criollos, llamados godos, que son los propietarios históricos de la tierra, y los que trabajaban para ellos. Es una ciudad con una tradición de autosuficiencia, en todo sentido; ahí se producía todo el alimento que se consume, es rica en producción artesanal, y como dato interesante es el único lugar donde se producen vinos en toda Venezuela, vinos que ya han ganado algunos premios internacionales incluso. La ciudad de Carora arrastra una tradición histórica muy profunda; de ahí surgió una serie de intelectuales de peso a nivel nacional. En el siglo XX aparecieron, entre otros, un Ciro Zuriaga Perera, el primer comunista de la ciudad, importante intelectual que dejó escritas muchas obras, siendo él mismo un representante de esas familias godas tradicionales. Surgen también Ambrosio Pereira, Alirio Díaz, el famoso guitarrista.
Mi padre llegó ahí en los años 60. El era caraqueño. Llegó allá y vio toda esa riqueza cultural, pero no había una institución que preservara todo ese patrimonio, por lo que fundó una Casa de
Es increíble la represión que vivimos en este país durante tantos años. Los gobiernos eran lo más perverso que se pueda imaginar; los programas educativos estaban hechos con toda la malicia imaginable para tergiversar la historia, para poner falsos valores. Era algo dramático y sumamente lamentable. Cuando veíamos esa represión llegábamos a pensar que todo el mundo era así. Pero no debería ser así, hay algo aquí que no está bien. Tú no podías disentir del establishment porque inmediatamente eras señalado y te ponían en una lista. ¿Cuántos murieron aquí por expresar su disenso? Se los acribillaba para detener cualquier expresión de protesta. Se disparaba primero y se averiguaba después; esa era la premisa de nuestra "gloriosa" democracia.
Te aseguro que lo de Venezuela es una cosa increíble. Yo estaba en Francia justo en el momento en que llega al poder François Mitterrand. Si yo tenía ya una herencia socialista de parte de mi padre, quien había sido concejal en el Consejo Municipal de Carora como primer socialista que hubo ahí en la historia, cuando llego a Francia y veo todos los programas sociales de un gobierno de izquierda, cómo se aumentan los beneficios a los trabajadores -a mí me pagaban la mitad del apartamento por ser estudiante, y siendo extranjero incluso-, al ver cómo la salud o la educación son verdaderamente derechos de la población, entonces me dije: ¿por qué en este país pueden ser tan progresistas y en mi país estamos tan mal? ¿Por qué en mi país, que es inmensamente rico, estamos tan mal? Aquí hay algo que no va bien. ¿Cómo un país con tantos recursos perdió la oportunidad de crear una infraestructura sólida que nos hubiese permitido llegar hoy en día en mejores condiciones de las que estamos? Porque la revolución ha avanzado mucho en siete años, pero en verdad nos falta muchísimo. Estamos heredando siglos de injusticia; no son sólo estos últimos 40 años. Esto viene de mucho más lejos: problemas sociales, problemas en que algunos tienen todos los recursos y la gran mayoría no tiene nada, el problema del racismo por el que los negros o afrodescendientes son considerados inferiores, el problema en que a los indígenas se los trata como cero a la izquierda. En ese contexto puede decirse que la música afrovenezolana llegó porque la farándula la agarró y eso a alguien le da dinero; las familias pudientes comenzaron a bailar un poco tambor por esnobismo, entonces eso pasó a ser negocio, pero no se lo reconoce como una verdadera expresión cultural. Y no hablemos ya de los problemas de tenencia de la tierra. Hay gente que tiene
No hay duda que construir eso nuevo no va a ser nada fácil. El país hoy está polarizado, fracturado en términos políticos. Recuerdo que el Ensemble Gurrufío al que yo pertenecía, durante el paro petrolero se terminó dividiendo; y se dividió porque estábamos hablando del futuro de un país, del futuro de nuestros hijos. Hay sectores que ven el futuro de un modo distinto a como lo vemos quienes estamos con este proceso. Yo tolero eso. De hecho en los Virtuosi de Caracas no hablamos de política, y quizá por eso se mantienen. Porque hay diferencias. Los músicos estamos divididos, y eso hay que decirlo. Pero yo estoy ubicado claramente en un sector.
ENcontrARTE: ¿Fue eso lo que te impulsó a regresar a Venezuela cuando estabas en España?
J.M: En España tenía una situación económica más cómoda, definitivamente. Tenía unos problemas familiares que era bastante difícil manejar desde allá. Pero además, y esto fue lo más importante, veía que se estaba intentando hacer algo nuevo que superara la democracia representativa de los adecos y de COPEI, entonces pensé que ahora sí era la oportunidad de construir un país. Y con esa ilusión me vine. Al presidente de Chávez lo vengo siguiendo desde el año 92, cuando le da ese golpe a Carlos Andrés Pérez. Recuerdo que esa noche yo me dije: bueno, alguien al final levantó la mano por el pueblo. Porque ese país era inaguantable: la corrupción, el descaro de la corrupción, los atropellos a los derechos humanos, el pensamiento perverso de postrar a casi la totalidad de una población al servicio de intereses foráneos, de las transnacionales. Era una cosa que daban ganas de vomitar. Cuando Chávez da ese golpe me sentí identificado con eso, y salí a celebrar. En ese momento no se pudo, porque lo apresan a Chávez, pero desde ese momento lo vengo observando y siguiendo en su línea política. Desde Europa siempre estaba muy pendiente de lo que iba ocurriendo aquí, de sus declaraciones, de los artículos que escribía. Cuando volví me integré al proceso: fui profesor de
Mi padre tenía un poco el estilo del Che: era un hombre de acción. Si él era el presidente de
Desde hace un par de meses estamos trabajando en un proyecto con las cárceles a través del Ministerio de Interior y Justicia. No tenemos dinero suficiente, pero hay una gran voluntad política. Hay voluntad de entrarle al problema. Queremos ir a las cárceles y con los especialistas del caso buscar los reclusos que quieran aprender a tocar un instrumento y cambiarles su actitud, su conciencia, a través de la música. La música tiene poderes muy fuertes, como lo tiene el arte en general, la cultura. Eso es muy importante para este proceso, es fundamental.
Todavía no hemos podido desarticular muchos espacios que tiene la derecha tradicionalmente en la cultura. Pero hemos avanzado bastante. Hemos avanzado con algunas escaramuzas pero sin enfrentamiento directo. Más bien invitamos al cambio. En nuestra programación con
De hecho somos la orquesta que un año ha estrenado la mayor cantidad de obras venezolanas. Antes los compositores se sentían completamente excluidos y nosotros buscamos incluirlos siempre. Tenemos un programa para noveles compositores, donde los jóvenes pueden traer sus partituras, se las reparten a la orquesta, y rompiendo toda burocracia los maestros arrancan a tocar su obra. Los muchachos tienen 18 o 20 años; tienen errores, pero al lado hay un compositor ayudándolos, diciendo cómo puede mejorar. Los mismos jóvenes quedan asombrados viendo cómo
Ahora estamos tocando de todo: Debussy o música popular venezolana, canción revolucionaria, música del pueblo norteamericano. Con todo esto contribuimos a profundizar ese pensamiento al que muchas veces se refirió el presidente Chávez que el problema no son los pueblos sino quienes los gobiernan.
ENcontrARTE: Eso mismo se puede decir de la música: el problema no es de la música sino de la forma en que se la posiciona socialmente. ¿Pero por qué piensas que, en general, -y esto no sólo en Venezuela- el campo de la llamada "música clásica" se liga a las élites? ¿Puede, o debe, esta música ser popular? ¿En qué sentido? ¿Qué se debe hacer al respecto?
J.M: Creo que hay que romper estereotipos, hay que romper ese mito. Yo he tocado en Venezuela en muchos sitios, y no me imaginaba que iba a estar tocado el oboe en una plaza de toros ante 20.000 personas. Eso no lo han hecho mis profesores en Europa; y aquí, con el Ensemble Gurrufío hemos tocado para más gente: 20.000 o 30.000 personas. Ahí el oboe deja de ser una cosa elitesca y que se puede meter en la música popular; así hay mucha más gente que hoy conoce el oboe que hace 30 años. Antes no había venezolanos que tocaran este instrumento, porque además no había música venezolana para oboe. A mí me tocó ser de la primera generación de oboístas del país, y de los que llegamos a tener un gran nivel técnico. Porque para tocar música venezolana hay que tener un alto nivel técnico, es una música muy difícil de tocar, es una música muy rápida, muy compleja desde el punto de vista rítmico, y te exige tanto como Mozart o Strauss. En el caso de la música hemos venido avanzando, no tanto como quisiéramos, por una cuestión de escasez de recursos, pero estamos avanzando. Sucede que mover una orquesta es caro; de ahí que creamos
¿Cuál es el futuro de todo esto? El deseo que tenemos es que esta institución se convierta en una gran compañía nacional de música, que incluya todas las músicas, todos los géneros y que tenga presencia en los 24 estados del país. El problema histórico es que muchas instituciones caraqueñas hacían un excelente trabajo, pero no salían de Caracas. Y tenemos que salir a recorrer todo el país. Hemos tocado conciertos de música sinfónica en comunidades pequeñas, en pueblos del interior, y la reacción de seres humanos que jamás habían escuchado una orquesta sinfónica es tremenda. Es que es impresionante ver 80 músicos tocando al mismo tiempo. La persona que no tiene una educación musical -pero que quizá es mucho más sabia que todos los occidentales- y que jamás en su vida ha visto una orquesta de estas, se siente impactado con esa experiencia. Y si tocan una música más cercana a su cultura, se impacta más aún. Se trata, entonces, de hacer un cambio en el repertorio, nacionalizar un poco el repertorio, sin obviar que existen autores como Mozart, como Beethoven.
Teniendo apenas dos meses en el cargo de presidente de
Yo también sigo con los Virtuosi de Caracas, aparte de mi función pública con
ENcontrARTE: Que es lo que están haciendo con
J.M: Exacto: es lo que estamos tratando de hacer con
La música es algo que sirve para desarrollar al ser humano, y esa era la idea de Friedman. El, muerto ya hace cuatro años, si bien estaba en un colegio privado, era alguien digno de respetar. Fue un judío perseguido en Europa, de donde tuvo que salir huyendo luego de haber perdido toda su familia. Era un extraordinario violinista nacido en Praga que tomó la música como piedra angular para el desarrollo del ser humano. Lo vemos en el colegio que se lleva su nombre: todos los estudiantes que están en el conservatorio son los primeros en sus clases. Se han hecho mediciones durante 30 años y se ha comprobado que la música activa a las personas, activa su inteligencia, su conciencia. Además brinda la oportunidad de recoger el resto de las artes, el interés por la ciencia, te incentiva la investigación, incentiva la disciplina. En Virtuosi todos están ahí por amor a la música, y te aseguro que cuando entramos ahí se cierra el acceso a la intolerancia, donde el objetivo más importante es la meta sublime de la música. Me emociona mucho la forma de trabajar que tenemos ahí; yo muy pocas veces dirijo en el podio. Ahí hacemos un proyecto de orquesta participativa. Doy los lineamientos estilísticos generales, pongo en la mesa la duda de la interpretación -si el trino es por arriba, si esta articulación va aquí, cómo hacemos para que suene más brillante o más oscuro- y todos los músicos comienzan a hacer propuestas hasta llegar a ponernos de acuerdo para sacar una versión participativa.
Por ejemplo: sacamos un disco de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi y los conciertos de Corelli, y me dijeron que estaba loco. ¿Cómo este tipo que dice que es revolucionario hace música que parece elitesca? ¿Y por qué? Es una grabación de una orquesta venezolana que se le pone al lado a cualquier orquesta del mundo al mismo nivel, con calidad de producción y de grabación. Y se agotó el disco en un año, hay que reeditarlo ahora. La gente lo compra. Porque los venezolanos quieren ver a sus músicos tocar al lado de otros músicos del mundo sin nada que envidiarles; y además hay que reconocer que si en algo Venezuela está avanzada, es en la música. Porque además de todas estas orquestas de las que estamos hablando, existe el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles, que tiene mucho que mejorar todavía, pero que exhibe muy buenos resultados por cierto.
ENcontrARTE: A propósito de esto, tenemos conocimiento del descontento que se ha producido con la noticia del desproporcionado presupuesto multimillonario otorgado a FESNOJIV, Fundación de Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ¿Te parece lo mismo? ¿Qué piensas al respecto?
J.M: Ese es un proyecto social de mucho alcance; pero no ha tenido todo el alcance que debió tener en el país con la inversión que se ha hecho durante todos estos años. Es un proyecto que hay que conservar, pero que también debe ser pasado a otro nivel, porque no es suficiente con tocar el instrumento. Una cosa son los instrumentistas que tocan notas, y otras es los que a través de las notas descubren el mundo. Es un proyecto muy interesante; yo fui fundador de las orquestas juveniles. Sin embargo, y esto se lo he manifestado al Dr. Abreu, debemos pasar a otro nivel con el proyecto. No hay que limitarse a tomar un niño y enseñarle a tocar un instrumento sin más; yo creo que más bien hay que atraparlo con la música para que desarrolle otras potencialidades. No se puede quedar sólo en la música, en el instrumento; hay que buscar que se convierta en su ciudadano que tenga amor por la lectura, que sea un ciudadano conciente que no se deje atrapar por el atractivo del neoliberalismo, que es como un diablo que te vive ofreciendo cosas materiales. A través de la música hay que crear una persona que sepa pensar, que sepa decir no al consumismo, que tenga criterios propios. No es cuestión sólo de tocar un instrumento, tocar Mozart sin saber quién era Mozart o qué pasaba en su tiempo. Hay que aprovechar la música para crear un ciudadano que sea cada vez más rico, más culto en sentido amplio. Nuestra tragedia ha sido la corrupción. ¿Por qué existe la corrupción? Un hombre inmensamente rico por dentro no necesita meter la mano en el dinero público. Los políticos nuestros del pasado tenían apartamentos, aquí en Venezuela y fuera, tenían varias amantes, el yate, el Mercedes Benz; como todo eso no se puede conseguir tan rápido trabajando, meten la mano. Porque simplemente no les duele el dinero público, porque no se acuerdan del pueblo. Ese dinero no es del funcionario público; administra ese dinero, pero eso no es de él. Y aquí se sigue metiendo la mano en los dineros públicos. Todavía hay funcionarios que lo siguen haciendo, disfrazados de revolucionarios, de falsos chavistas, que hacen lo que se hacía anteriormente. Eso no está bien. Yo en lo personal me aferro al espíritu del Che, que es algo de acción. Es decir: hay que romper la burocracia y entrarle de verdad a los problemas, hacer que las cosas funcionen, ejecutar los proyectos, avanzar considerando al pueblo, acabar con la corrupción. Pero es algo muy difícil. Es difícil, sin dudas, pero hay que entrarle. Sigue habiendo corrupción, pero también hay funcionarios públicos honestos.
ENcontrARTE: ¿Y tú como te sientes en esta doble función que tienes actualmente? ¿Es posible el trabajo creativo simultáneamente con la gerencia cultural?
J.M: Yo nada hago sin pasión. Para mí la música es una pasión, es mi alimento, mi energía. Y al mismo tiempo sueño con un país pulcro; sueño con un país que funcione; sueño con un país igualitario, donde la gente nazca y tenga asegurados todos sus derechos, tenga asegurada la educación, la salud, incluso antes de nacer. No es posible que sólo un sector de la población tenga acceso a la salud. Con las misiones estamos avanzando a que cada vez más gente tenga acceso a la salud, porque con las estructuras que dejó
ENcontrARTE: En otro orden de cosas, ¿consideras que ha sido beneficiosa la ley Resorte en el campo musical? ¿De qué manera?
J.M: Venezuela es un país esencialmente musical. Cuando discutimos los presupuestos públicos siempre dicen que los músicos nos llevamos todo. Pero no es exactamente así; nuestra Filarmónica tiene aún muchas deficiencias presupuestarias, aunque estamos tratando de corregir eso. Cuando el Estado ve amenazada su soberanía tiene que actuar; y la soberanía no es sólo un problema de armas: es un problema de ideas también. Cuando el Estado ve amenazada su cultura tiene que intervenir. Eso no es una imposición dictatorial, tal como lo ha catalogado alguna gente de la derecha, de la oposición. El Estado está en la obligación de preservar el patrimonio cultural de un país. La ley Resorte es algo muy importante, y el considerando que se refiere a la música lo redacté yo personalmente. Ahí se habla de soberanía: "considerando que para el pueblo venezolano la música significa una actividad vital para su subsistencia espiritual, y considerando además que es un problema de soberanía, se dictan las siguientes normas", etc., etc., y sigue el artículo 14 ¿Por qué? Recuerdo que a los 20 años estaba en un grupo de música experimental donde hacíamos cosas bellísimas, música sincrética; y tuvimos que irnos a grabar a Alemania porque aquí nadie nos quiso grabar en este país. Y a los alemanes les interesó esta música. Tuvimos que ir a grabarla allá, y allá está el disco, vendiéndose en Europa, y aquí: engavetado. Ahora, recién 10 años después, o más, se está oyendo lo que grabamos fuera del país. No teníamos acceso a las radios; el 90 % de la música era foránea. Y con la televisión lo mismo. La ley Resorte es una medida para preservar la soberanía del país; así como hay leyes fronterizas, leyes que cuidan la integridad de un país, nosotros no podíamos seguir permitiendo esta situación. Músicos de la oposición que me criticaron muchísimo con el tema de la ley, ahora son los más beneficiados, porque mientras nosotros estamos metidos en los cargos públicos, ellos están grabando discos y ganando un realero. Están llenos de conciertos y actuaciones a partir de los discos, y eso ha hecho mejorarles su nivel de vida. Es que a la gente le interesa escuchar la música nacional. Pero aquí, durante un siglo, desde que existe la radiodifusión y los medios de comunicación en general, nos metieron la idea que la música de este país no servía y que no tenía cabida en el mercado. Lo que era bueno era lo que venía de afuera, lo que venía en inglés. Ahora tenemos esa ley que permite producir música venezolana; y ahí andan los discos hechos aquí, y se difunden. Incluso por los medios de oposición. La ley era una necesidad. Es posible que con los años se vaya ablandando un poco, pero eso recién cuando tengamos una programación que incluya lo nuestro ya sin necesidad de una ley. Antes no era el Estado el que imponía; lo imponían los dueños de los medios que hacían su negocio: si daba plata, ponían lo que ellos querían, no importando nada más. Por eso la ley Resorte es una medida revolucionaria, y los músicos de la oposición lo están agradeciendo en este momento.