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José Félix Meléndez, caraqueño, 48 años, hace parte de la cultura venezolana. En la salida del metro en la estación Bellas Artes vende discos compactos digitalizados por él mismo con música nacional y algunos clásicos latinoamericanos, y películas de cine-arte de autores universales. Se lo podría presentar simplemente como un buhonero, uno más de tantos que venden versiones "piratas" en las calles de Caracas. Pero es más que eso; o mejor aún: no es eso. Es alguien que aporta su granito de arena desde su lugar de alternativo al proceso de transformación cultural que vive actualmente Venezuela.
Sus materiales son más caros que los comunes discos copiados que se encuentran en cualquier esquina (de
ENcontrARTE: José Félix: ¿en qué dirías que consiste tu aporte al hecho cultural hoy en Venezuela a través de tu puesto callejero y esta cantidad de material de alto nivel que vendes?
J.F.M: Lo que estamos tratando desde este puesto de venta es que la mayor cantidad de música de autores venezolanos, de trabajos tradicionales venezolanos que no le llegan a la gran mayoría de la gente -porque se hacen a nivel institucional y nunca llegan al gran colectivo, o por sus altos precios- llegue a todos. El material que se puede encontrar en las tiendas de lo que es música venezolana se refiere a lo que, de forma sectaria, se llama "música criolla" o "música afrovenezolana". Ya desde allí estamos haciendo una falsa división cuando a todo lo deberíamos llamar "música venezolana". Quizá en eso está mi aporte: dando a demostrar que la venta en la calle es algo posible, y que las instituciones culturales, si quisieran, también lo podrían hacer, con buenos materiales y con precios accesibles. De esa manera pueden circular materiales buenísimos que de otra manera la gente no conoce y que no va a pedir a una tienda. Muchas veces yo doy información sobre algún género musical venezolano a gente que está investigando sobre el asunto, información sobre nuestro patrimonio cultural. Y no sólo en el ámbito musical; puede ser también con las danzas, con arte popular venezolano. Es por eso que mi puesto de venta aquí en la calle se transformó en un punto de encuentro; por aquí pasa de todo: músicos, gente que está haciendo investigaciones, gente que tiene necesidad de conseguir estos materiales de esta manera, dado que no hay otra alternativa. Eso sucede porque no existe una verdadera política cultural en el país. No hay una política definida que haga llegar a las grandes mayorías la verdadera identidad nacional. Nadie sabe dónde está, ni cómo es. También aporto en todo esto a través de un programa radial que tenemos todos los lunes de
ENcontrARTE: ¿Y cómo te parece, entonces, que debería plantearse una política cultural popular en el marco de la revolución?
J.F.M: En los artículos 99 y 100 de
ENcontrARTE: Si esto es así: ¿qué deberíamos hacer para cambiar ese curso?
J.F.M: Creo que hay que dejar un poco la hipocresía.
ENcontrARTE: ¿Pero cómo debemos entender esto? ¿Hay una intención de dividir, o es que la energía de todo el período que vive el país, quizá por tantas ganas de hacer, de emprender cosas nuevas, puede dar esta sensación de caos, de fragmentación?
J.F.M: Hay de las dos cosas. Por un lado hay mucha gente que tiene que trabajar generando participación de la gente, y eso puede resultar un poco caótico. Pero también, por otro lado, hay mucha soberbia por parte de la gente que maneja el hecho cultural. Muchas veces se ve que los funcionarios cuidan más su puesto que el hecho cultural propiamente dicho; por eso se ven cosas que se hacen sólo para figurar, pareciendo más bien una agencia de festejos. Esas cosas transcienden más a nivel mediático que, por ejemplo, el festival que te comentaba sobre Morella Muñoz en el 23 de Enero. Si se pierde el carácter colectivo de muchas actividades culturales, se desvirtúan entonces como populares. Si tú le das 150.000 bolívares a un colectivo popular para que organice una actividad, pero te limitas sólo a eso, vas a tener una infinidad de grupos que organizan cosas sólo por ese dinero, pero falta la cosa popular genuina.
ENcontrARTE: Y tú, vendiendo estos materiales que alguien podría calificar como "copias pirata", ¿de qué forma contribuyes al hecho cultural? Aclaro que esto de los derechos de autor de la gran industria del disco y de los programas computacionales con licencia propietaria es algo totalmente criticable, y que no estamos seguros que se deba llamar "piratería" a esta venta que tú haces; pero nos gustaría conocer tu punto de vista al respecto.
J.F.M: Lo que estamos haciendo acá es acercar la cultura al pueblo. Si lográramos hacer que en cualquier acera de Caracas o del país alguien pudiera comprar un video que le relate, por ejemplo, qué es el tamunangue, qué partes lo componen, cuál es su historia, si pudiéramos llegar a eso, tuviéramos una mucho mejor visión del país. Lo que yo hago tiene que ver con una manera de resistencia. Aquí tenemos instituciones que tienen unos materiales extraordinarios, organismos con años de existencia, y sin embargo no los hacen llegar a la gente. Esta trinchera sirve para eso: para hacerle llegar a la gente materiales que no pueden conseguir por los precios inaccesibles. Pensemos en una persona de un barrio que le guste el jazz; un disco le cuesta 80.000 bolívares, por lo que va a tener que pensarlo dos veces antes de comprarlo, y necesariamente va a tener que buscar otros mecanismos. La gente se resiste a comprar algo así de caro; se resiste porque no puede, así de sencillo. En Venezuela no tenemos ni una buena industria del cine, ni una buena industria musical. Aquí hay excelentes músicos, super reconocidos hasta en Marte, pero desconocidos en su país. Gente que no puede grabar porque luego no hay nadie que se lo difunda. Con esto que algunos pueden llamar piratería, hemos intentado romper un poco todo eso. Yo aquí le recibo discos legales, no copiados, a muchos músicos que me lo dejan para que se los venda al precio que ellos me pidan, y yo se los vendo gustoso. Viene gente del interior a dejarme materiales a veces. Eso se puede hacer, perfectamente. Si lo puedo hacer yo, si nosotros tenemos esa capacidad, ¿cómo no lo van a poder hacer los organismos oficiales de cultura? Esa sería una forma de difusión y hacer llegar esas producciones a toda la gente.
ENcontrARTE: ¿Y cuál es tu apreciación de esta gran industria que maneja la producción musical o el cine?
J.F.M: Todo lo que yo presento en el programa radial es pura música venezolana: punto sucrense, música de Oriente, décimas zulianas, música de Aragua, de Caracas, golpe larense. Toda esta música en general no se conoce. Y creo que es muy importante mantenerla viva. Todo esto no llega a la gente, porque no se la quiere difundir. La gente que vende por la calle no da a conocer este tipo de materiales, porque incluso no sabe nada de ello. Hasta donde yo sé, creo que soy el único que vende esto. Considero que esto es un aporte cultural. Dar a conocer todo esto, ponerlo a disposición de la gente con un precio accesible es un aporte para una amplia cantidad de gente. En una tienda de discos nadie te va a dar toda esta información. Allí simplemente te venden lo que está sonando; es puro hecho comercial. Y con los precios que hay ahí, nadie puede comprar, o al menos compra sólo un sector muy reducido. Yo consigo todos estos materiales porque estoy siempre a la búsqueda de este tipo de cosas, reviso y busco por todos lados. Voy conociendo algunas cosas, y las doy a conocer, las comparto. Lo mismo pasa con algunos libreros por la calle, que conocen mucho más que lo que pueden saber en una librería. El hecho comercial de una tienda es vender, sólo eso. Y lo mismo con las grandes empresas productoras.
ENcontrARTE: En los países latinoamericanos se compra material tanto con licencia como ediciones copiadas, "pirateadas", en lo que concierne a música, películas, programas de computación; incluso, según estadísticas, se consume más de este último tipo. Qué dices tú de todo eso en Venezuela, donde aún convive una economía de mercado con la intención de comenzar a sentar las bases de algo distinto. ¿Dónde va todo esta situación?
J.F.M: Hablar de piratería tiene un sentido peyorativo; te recuerda algo sangriento, algo ligado con asesinos, con malandros. Creo que aún es demasiado prematuro para decir qué puede pasar con todo esto en el futuro en el marco del proceso que hoy vivimos en Venezuela. Hoy por hoy está demostrado que la más amplia difusión cultural a nivel popular, ya sea de películas, de música, de libros, se da con los buhoneros. Ese es el lugar donde va la mayor cantidad de gente a buscar sus materiales culturales. Si se quiere potenciar una política que ayude a la amplia difusión y que no prive a la gente del acceso a todos estos productos culturales y a la información, es a estos vendedores ambulantes que se debe apuntar. Poner una tienda en un centro comercial, o en un ministerio, no es el lugar más adecuado, porque la gente no va a ir ahí.
ENcontrARTE: ¿Y qué dices de las librerías y las tiendas de arte Kuai Mare que ha montado el Ministerio de
J.F.M: En sus inicios fueron unas buenas librerías. Pero no se estimula que la gente las visite; no hay mayor difusión de eso. Lo que sí se sabe es que está por ahí "El código Da Vinci", o que está cualquiera de los best sellers de moda, porque es a eso a lo que verdaderamente se le da difusión. La empresa privada se mueve sólo en base a sus intereses. A ellos no les interesa dar a conocer otro tipo de productos culturales que no sean mercaderías que se puedan vender bien. Y por supuesto que hay otras cosas, buenísimas, excelentes, que deberían llegar a toda la población, pero no llegan.
Lo que yo ofrezco es algo distinto, e incluso distinto a otra gente que vende por la calle. La diferencia está en el tipo de material ofrecido y en la información que se puede suministrar a quien viene a comprar. Sé que lo que yo ofrezco no es común; no es común ni en las instituciones ni en lo que un buhonero te va a ofrecer por ahí. Es un trabajo de esfuerzo; no es simplemente un trabajo de hacerlo para vender. Esto va mucho más allá de la venta. Si se le niega a la gente el acceso a comprar un software copiado y se le obliga a comprar un producto a 400 o 500 o 600.000 bolívares, eso cierra en mucho el acceso a la información. Eso limita, y por tanto es una forma más de dominación. Quizá lo que yo hago es una forma irreverente, pero inteligente, como es la irreverencia.