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Año 3

Hablando con...

Roberto Hernández Montoya:"Si Europa enseñó al mundo a ser como Europa, América Latina enseñará al mundo a ser como la Humanidad"

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Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Cursó estudios de análisis del discurso en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Miembro del Consejo de Redacción de Venezuela Analítica (analitica.com), Director de La BitBlioteca (analitica.com/bitblioteca/); miembro de la dirección editorial de la revista Imagen; columnista de El Nacional, Letras, Imagen, Internet World Venezuela, Question y Últimas Noticias. Fue Presidente fundador de la Asociación Venezolana de Editores y Director de la Editorial del Ateneo de Caracas. Secretario del Consejo Nacional de la Cultura (Conac, Venezuela). Actualmente es Presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG, Venezuela).

La primera versión de su ensayo “La deuda cultural”, sobre el cual está basada esta entrevista, apareció el domingo 8 de febrero de 1996 en El Nacional, bajo el título «América no existe». El 6 de julio de 2001 el mismo autor lo expuso como ponencia durante la I Cumbre de la Deuda Social y la Integración Latinoamericana que se llevó a cabo del 11 al 13 de julio de 2001 en Caracas. La versión que reproducimos es la que apareció el domingo 21 de octubre de 2001 en la revista digital www.analitica http://www.analitica.com/bitblio/roberto/america.asp, y recomendada por el mismo autor .


ENcontrARTE: Roberto, basándonos en la lectura de tu brillante ensayo “La deuda cultural”, culturalmente hablando, ¿Quiénes somos los venezolanos y los latinoamericanos en general?

Roberto Hernández Montoya: Yo me animo a responder que es lo que no somos. Somos como decía José Vasconcelos "la Raza Cósmica". Aquí en América confluyó la humanidad entera. A mi me gusta decir que si Europa enseñó al mundo a ser como Europa, América Latina enseñará al mundo a ser como la Humanidad. Es más fácil ver que es lo que no hay aquí en América que lo que hay. La Humanidad después de su salida de África en tiempos prehistóricos no se había vuelto a reencontrar de la misma manera como pasó aquí. Y todavía estamos en este proceso de asimilación. Desafortunadamente hay mucha gente que no lo quiere terminar de entender. Precisamente durante este proceso que estamos viviendo en Venezuela todavía quienes no aceptan sus orígenes africanos e indígenas. Es más, en la medida que los niegan son más indígenas y más africanos, pareciera una paradoja porque esta misma gente que se niega a si misma asume todas las tradiciones que ha heredado de sus ancestros, come hallacas hechas de maíz que es un alimento americáno, durante la Navidad que es una fiesta de origen europeo, y en las fiestas baila Salsa, que es de origen africano. De esta forma estamos admitiendo de buen agrado y jocosamente todas nuestras raíces de las cuales no podemos excluir ninguna.

E: ¿Consideras América Latina parte de Occidente?

RHM: Yo siempre me he preguntado eso. Sí y no. Europa también es un continente mestizo. En Europa también hubo una gran confluencia de razas y de culturas, pero sólo ahora es que le está llegando masivamente la influencia africana, la de la África negra, porque la Africana del Norte siempre estuvo presente en Europa. Ahora está pasando que ciudadanos europeos de origen africano, o turco o árabe se consideran europeos sin perder su identidad original. Y la sociedad blanca europea no está todavía preparada para asimilar este hecho, cosa que genera una situación de potencial violencia.

E: ¿Crees que en América Latina estamos, desde este punto de vista, mejor que en Europa o  los Estados Unidos? O sea ¿Es qué la sociedad aquí está más mezclada y por lo consiguiente hay menos segregación?

RHM: No se hasta que punto estamos mejor o peor que en otros lugares. Porque existe un tipo de segregación exógena, pero también existe la segregación endógena. Es decir, lo que se llama el endoracismo. Es el sentimiento de sentirse avergonzado de las raíces no europeas que uno pueda tener. Estas raíces no europeas no necesariamente deben ser genéticas, yo puedo ser de descendencia europea pero si mis costumbres son por decirlo de alguna manera “criollas” entonces bajo este punto de vista todos somos culturalmente mestizos. Venezuela es un país multiétnico y pluricultural.

E: ¿Crees que la sociedad venezolana ha asimilado esta realidad?

RHM: No, todavía no la ha asimilado, y eso es precisamente parte del esfuerzo que estamos haciendo ahora con este proceso. Los que creemos en esta revolución debemos emulsionar y respetar todo este bagaje cultural. Ahora este es un asunto tan delicado, que cualquier pequeña mala interpretación puede ser catastrófica. Mientras exista la discriminación las palabras que identifican a determinados grupos étnicos, raciales o sociales se convertirán en despectivas inevitablemente.

E: En tu opinión: ¿Qué habría que hacer para darle verdadera efectividad a eso de la multiculturalidad?

RHM: Por una parte hacer lo que estamos haciendo, es decir rescatando nuestros valores culturales. Recuperar esos elementos que habían sido borrados y por los cuales nos habían avergonzados. Y hay que romper con estos paradigmas simbólicos de que lo oscuro, lo negro, está asociado con el mal y lo blanco y lo claro con lo bueno.

E: Hoy en día se está hablando mucho en otros escenarios del mundo de supuestos choques de civilizaciones cuando se hace referencia, por ejemplo, al mundo occidental versus el mundo islámico. ¿Crees qué hay algo de eso también en América Latina?

RHM: Eso depende de que punto de vista uno lo quiera ver. Lo del "Choque de Civilizaciones" es lo que Huntington llama una “profecía autocumplida”, o sea que se termina cumpliendo lo que uno anda repitiendo que va a suceder; como en el cuento de García Márquez “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”. Así las profecías se cumplen. Nosotros por ejemplo tenemos en Venezuela la demostración de que las tres grandes religiones monoteístitas: el Cristianismo, el Judaísmo y el Islamismo conviven perfectamente en paz sin problema alguno, cuando en otros países del mundo los pertenecientes a estas religiones se la pasan matándose entre ellos. De manera que eso no se debe a un asunto religioso sino que se debe a otras causas. Todo el mundo aquí en Caracas sabe que en la zona que se llama Quebrada Honda existen a muy poca distancia una de otra una mezquita, una sinagoga y dos iglesias cristianas de la cual una es maronita, y hasta ahora no ha pasado absolutamente nada, nunca hubo ningún incidente. Y eso que aquí además hay gente que practica otras religiones, de origen indígena y africana. 

E: ¿Crees qué el trauma cultural del mestizaje que se creó en Venezuela ha sido superado o todavía sigue latente en nuestra sociedad?

RHM: Sigue presente en la medida que mucha gente pretende negar sus orígenes mestizos. Esto es un error común y no solamente de determinados grupos sociales. Martí una vez dijo que no puede haber guerra de razas porque no hay razas. El concepto de raza no tiene absolutamente el menor valor científico, sin embargo tiene un valor social y político muy poderoso en nombre del cual se han hecho las cosas más terribles, por ejemplo entre ellas, el intento del exterminio de los judíos, por parte de los nazis. Y hay muchos casos así a lo largo de la historia. Entonces creo que nosotros todavía estamos sobreviviendo este trauma que quizás por fin hoy estamos en condiciones de superar o de comenzar a superar definitivamente, no va a ser fácil, pero por lo menos ya estamos dando los primeros pasos.

E: ¿Qué opinas de la discriminación positiva o acción afirmativa?

RHM: En principio y a priori no tengo nada en contra, porque eso podría a la larga crear un efecto positivo. La acción afirmativa sirve para contrarrestar los efectos latentes del racismo que se encuentran encubiertos en la sociedad. No tanto los explicitos sino los mensajes subliminales que te meten por ejemplo con las telenovelas, con la publicidad etc. Nadie te dice que un negro es un ser inferior pero en la telenovela no es nunca un profesional, acaso un jardinero. Te lo están diciendo de manera indirecta.

E: En tu artículo “La deuda cultural” retomas el tema de la obra de Shakespeare La tempestad como lo han hecho otros escritores latinoamericanos desde Rubén Darío hasta Roberto Fernández Retamar para abordar el tema de la confrontación de Viejo con el Nuevo Mundo y todas sus implicaciones. Te preguntamos: ¿Con quién te sientes más identificado con Ariel o con Calibán?

RHM: Con ninguno de los dos. Porque aún cuando Calibán hace resistencia contra Próspero lo hace de una manera malcriada, lo hace con resentimiento como lo dice el mismo Próspero que Calibán usa el lenguaje que él mismo le enseñó para insultarlo. No es verdad que uno no le debe nada a Europa. Uno está hablando un idioma europeo y además eso no tiene nada de malo pero hay que asumirlo. Calibán nunca podrá volver a ser como antes de la llegada de Próspero.Porque sino caemos en los extremismos y en la discriminación inversa y cualquier discriminación es mala.

E: Hay muchísimos escritores e intelectuales que han escrito sobre esta obra de Shakespeare, no solamente latinoamericanos sino caribeños y hasta africanos ¿Por qué crees que esta obra en particular ha estimulado gran cantidad de comentarios, escritos, análisis, ensayos y conjeturas?

RHM: Cuando un escritor es bueno, como Shakespeare, se trasforma en una especie de médium para alcanzar una especie de trance, pero no un trance sobrenatural, sino una especie de trance social, no es puramente racional en el sentido cartesiano de la palabra, pero percibe cosas. Obviamente esta obra se produce cuando está en pleno desarrollo la conquista de América y el impacto que tuvo América sobre Europa fue importantísimo. Fue como un sismo político cultural y simbólico muy fuerte. Y hay otro caso del cual Shakespeare acusa recibo que es el caso de Otelo. Otelo es un negro que se enamora de una mujer blanca y como no entiende como una mujer blanca lo pueda querer a él, termina matándola por los celos injustificados. Lo que pasa es que Yago manipula los celos de Otello para que se produzca la tragedia.

E: ¿Crees qué en Venezuela todavía padecemos del síndrome de Otelo?

RHM: Por supuesto, hay una versión que hace el escritor alemán Emil Ludwig del Otelo en el cual Yago no existe. Cosa que por razones teatrales no podía hacer Shakespeare. Ese es el problema de la falta de autoestima. Soy un balurdo, un negro, un ex esclavo y me pregunto: ¿Qué será lo que esa mujer blanca verá en mi? Esta es una historia muy moderna. Es una situación que perfectamente podemos revivir hoy en día en cualquier parte del mundo, en el Bronx como en Caracas o en París. 

E: Ya que estamos en esta onda shakespeariana ¿No te parece qué la oposición venezolana sufre del síndrome de Macbeth? Personaje que junto a su esposa representan: la traición, la ambición desmedida, la intriga y el no querer darse cuenta de la realidad que los rodea.

RHM: Si, sobre todo Lady Macbeth, ellos son un par de personajes sin ningún tipo de escrúpulos, sobre todo ella, que lo va llevando poco a poco hacia el envilecimiento, porque al principio él tiene algún escrúpulo, él no quiere matar a Duncan, el rey su amigo, que lo acaba de investir con un título nobiliario, pero ella lo empuja y lo manipula. Yo no quisiera presentar a la oposición venezolana en términos tan simplistas como el caso de Macbeth, yo diría que la oposición venezolana está como perdida en una especie de tragedia shakespeariana, más como Ariel de La tempestad. Ellos se creen que son como Ariel, puros, que tienen la razón, que son etéreos no de este mundo de mestizos, pero aquí ni somos Ariel ni somos Calibán al estado puro. Claro que Shakespeare como buen dramaturgo presenta arquetipos, pero en el caso real no podemos ser absolutos. Nosotros quisiéramos ser como Ariel pero no lo logramos. Cuando veo algunos de nuestros compatriotas que se van a los Estados Unidos a arrastrarse ante el imperialismo y tu los ves que están desubicadísimos. O cuando están junto a esta clase media que empieza a hablar de los niches, de los monos y no se sienten para nada aludidos. Es patético porque se asumen como blancos, como arios, cuando no lo son y esos son los peores, los más crueles, los capataces de las haciendas, las Condolezzas Rice del mundo. Es lo que llamaba Frantz Fanon “Piel negra y máscara blanca” o lo que hoy en día se dice en los Estados Unidos "Los Oreos". Que asimila los valores de una cultura que los ha dominado durante siglos y los defienden con más vehemencia que nadie.

E: Terminas tu ensayo “La deuda cultural” con una frase lapidaria de Walter Benjamín que habla sobre la ambivalencia de toda cultura: «No existe un testimonio de cultura que no sea al mismo tiempo de barbarie». ¿Por qué escogiste justo esta frase para terminar el ensayo? Suena un poco pesimista.

RHM: Porque siempre ha sido así, por ejemplo, mientras se desarrolla el siglo de Oro Español se estaban destruyendo las culturas americanas y surgieron figuras como Sor Juana Inés por ejemplo, que tal vez ha sido una/o de los intelectuales más formidables que ha dado este continente. En este momento Sor Juana forma parte de una estructura cultural que está destruyendo las culturas indígenas cosa de la cual ella no se da la más mínima cuenta. Ella nunca menciona  a los indígenas.

E: ¿Qué podemos hacer para contrarrestar estos fenómenos que tanto daño le hacen a la sociedad y en este sentido, hacia donde va la sociedad venezolana?

RHM: Una cosa que decía Jorge Luis Borges, que entre otras cosa era racista, que el pleito entre los indios y los blancos no tenía ningún sentido, que era como el pleito entre los romanos y los cartaginenses. Sólo que a él se le pasó por alto que el pleito entre los romanos y los cartaginenses se acabó hace mucho tiempo. En cambio en América Latina existen todavía deudas que no han sido saldadas. Nosotros no tenemos otro camino, en la situación que esta viviendo hoy en día Venezuela, que avanzar positivamente.
Porque retroceder significaría un gran derramamiento de sangre, no podemos volver a la situación en la cual vivíamos hace 20 o 30 años, sin que no se produzca un grave conflicto social, como los que hubo en los años 70’ en los países del Cono Sur o en Centro América en los 80', pero a estas alturas, creo que aquí sería mucho peor, probablemente mucho más masivo. Porque en Chile y en Argentina descabezaron a una clase media progresista y a unos lideres obreros de mucho nivel político, pero aquí ahora el fenómeno es mucho más masivo.

Yo creo que América Latina y particularmente Venezuela, en este momento después de Cuba, es una vanguardia muy importante, por supuesto cada quien con sus características distintas. Estamos en un proceso de recuperación de la autoestima, que nunca en la historia tuvimos, quizás desde los tiempos de la Guerra de Independencia, y que está en estos momentos en Venezuela apenas por detrás de los Estados Unidos. Esto no se había visto nunca, una sociedad que cree en la democracia, y cree en si misma.

Este tema que ustedes me han planteado es tal vez el tema más cardinal sobre América Latina. Se han escrito infinidades de obras literarias y de análisis sobre eso. Este tema está presente en casi todas las obras de Rómulo Gallegos, asuntos que dejamos pendientes. Una cantidad de cosas que todavía no hemos resuelto. Lo que hicimos es correr la arruga . Con el pretexto de que Rómulo Gallegos era adeco nos olvidamos de él. Como también de Andrés Eloy Blanco y Pérez Alfonso. Ellos dejaron pendientes unas tareas que todavía no hemos terminado. Tareas que se interrumpieron, que se dejaron pendientes y que en algún momento las tenemos que enfrentar, porque sino no vamos a poder resolver los problemas profundos de la sociedad venezolana.

Estoy convencido que el color y el racismo hacia el negro y hacia el indio fue una cosa que se creó en América porque en el mundo antiguo eso no existía, para los romanos eran tan buenos los esclavos germanos como los abisinios a los cuales nunca por cierto se los llamaban negros, porque el color de la piel no tenía significado alguno. El problema es que a partir de la colonización de América, la brecha tecnológica entre los europeos y los indios y los negros de África era tan grande, que los europeos no tuvieron que negociar nunca nada. A la época de los romanos la brecha tecnológica no era de tal magnitud. A pesar de la superioridad de los romanos en comparación a bárbaros con todo y todo, se peleaba con flechas y espadas de ambos lados.

Así que aquí en América hubo al mismo tiempo un sometimiento físico, político y simbólico de produjo un avergonzamiento terrible. Y todavía eso tiene un eco expansivo parecido a las ondas cósmicas que quedaron del Big-Bang.

E: ¿Cómo ves el futuro artístico-cultural de Venezuela? Porque por ahora no se vislumbra nada muy nuevo ni original inherente a este proceso de cambio que estamos viviendo.

RHM: Nosotros ahora estamos sembrando, y estoy convencido que en algún momento tarde o temprano algo extraordinario va a tener que pasar si seguimos invirtiendo en la gente y en sus potencialidades.


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