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Jesús “Chucho” García, nació en San José de Barlovento, Estado Miranda, Venezuela en 1954. Intelectual, escritor y activista de los derechos de los afrodescendientes, estudió Educación en la Universidad Central de Venezuela. Fundador del Centro de Estudios Afroamericanos “Miguel Acosta Saigne” de la UCV. Ha realizado varias investigaciones sobre la diáspora africana, trabajo que lo llevó a viajar por Norte, Centro, Sur América y el Caribe como también por África, realizando investigaciones etnológicas sobre todo en el Congo, Benin y Cabo Vede de donde provenían la mayoría de los africanos traídos a América y a Venezuela. Últimamente viaja con frecuencia a Europa, siguiendo la problemática de la inmigración africana en este continente. Como activista afrovenezolano ha sido cofundador y organizador de múltiples organizaciones comunitarias tanto urbanas como rurales y activista de larga data contra el racismo y la discriminación. Ha escrito más de veinte libros sobre asuntos africanos, sobre la diáspora africana y temas concernientes a los afrodescendientes y a los afrovenezolanos. Prolífico escritor de artículos sobre estos mismos temas, ha sido invitado como conferencista por varias universidades, y por comunidades y movimientos sociales de afrodescendientes, en Europa, en las Américas, el Caribe y África. Es editor de la revisita AFROAMERICA y colaborador fijo de ENcontrARTE. ENcontrARTE: Chucho, para el pasado quincenario 51 entrevistamos al intelectual venezolano Roberto Hernández Montoya sobre un interesante artículo suyo “La deuda cultural” y a lo largo de la entrevista surgió el crítico tema de la racialización del esclavismo que a juicio de Roberto fue un fenómeno que se generó con la colonización europea de América, por lo menos para Occidente. Queremos retomar este tema contigo y preguntarte. ¿Cómo y por qué surgió el racismo en Occidente? Jesús “Chucho” García: Para ver en perspectiva este problema debemos partir de la primera globalización perversa que comenzó con la llegada de los europeos a América. Para crear lo que tomó el nombre de “Nuevo Mundo” hubo que justificar una serie de hechos que aún teniendo un trasfondo económico tenían que tomar un cariz cultural e ideológico. Con el descubrimiento de América, por primera vez la humanidad toma consciencia de este término ficticio que es “raza” que definitivamente no aplica para la especie humana y que en época más moderna toma un significado de tipo socio-político.
Con el nacimiento de las colonias europeas en América y el sistema colonialista había que tener un justificativo para poder llevar a cabo la explotación del hombre por el hombre. Pudiéramos hablar de tres elementos esenciales para el nacimiento del racismo como tal: la primera fundamentada en una justificación biológica. Se inventó eso de que los “negros” eran más parecidos a los gorilas que a los humanos. El segundo aspecto fue el religioso, ya que los africanos no aceptaron la imposición de la religión cristiana y siguieron defendiendo su espiritualidad, por lo tanto como eran unos infieles, tenían que pagar con su trabajo la expiación de sus almas y el tercero fue el elemento intelectual, sobre todo después de que Kant y Hume en el siglo XVIII argumentaron que la inteligencia de los africanos estaba “por debajo de los insensibles”, cosa reforzada después por los iniciadores de la antropología eurocéntrica. Estos fueron los tres elementos de partida para justificar al racismo.
La última etapa de la lucha antirracista tanto en Venezuela como en otros países de América Latina comienza durante la creación de los estados modernos, a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX. La ideología imperante durante esta época planteaba olvidarse del pasado. José Vasconcelos sale con su teoría de la Raza Cósmica “aquí somos todos el producto de una mezcla”, pero él también tuvo una tendencia al eurocéntrismo. José Carlos Mariategui, también cae en la trampa del racismo, y eso que era para su tiempo, el marxista más avanzado en América Latina. Él se enfocó más bien hacia el indigenismo y relegó totalmente los aportes tanto culturales como socio-políticos de los afrodescendientes. O sea que la propuesta ideológica dominante de esta época andaba muy ligada con el racismo. Aquí en Venezuela existió un intelectual, Alberto Adriani (1898-1936) que refiriéndose al problema de la inmigración dijo que no teníamos que aceptar la inmigración negra del Caribe, que no era buena para Venezuela. Escribió un artículo “El problema negro” que después fue retomado por Arturo Uslar Pietri quien, más bien hacia el lado del Positivismo, reforzó estos conceptos al afirmar que aquí lo que hacía falta era una inmigración europea, de gente que viniera a “mejorar la raza y el nivel cultural”, y que no debíamos traer a los antillanos que en su opinión nada tenían que aportar al desarrollo de nuestro país. Pietri planteó que Venezuela, para llegar a ser un país moderno, debía renunciar a sus componentes étnico-históricos tanto indígenas como afrodescendientes. Estos conceptos los expresó en un artículo que escribió para la Cámara de Comercio en febrero de 1937 y que yo conseguí haciendo una investigación hemerográfica. Entonces: ¿Cómo haces para desmontar este tipo de pensamiento? Porque todavía esto sigue siendo un pensamiento dominante en América Latina, a pesar de todos los cambios que se están dando. E: Si la revolución bolivariana y el socialismo nos plantean una sociedad basada sobre la igualdad sin ningún tipo de discriminación y si llegamos a alcanzar esta condición ideal como todos deseamos ¿Qué sentido seguiría teniendo la reivindicación de la negritud y de la afrodescendencia? J.CH.G: Bueno, hay que, de una vez por todas, hacer justicia y que la sociedad entera reconozca los aportes de todo tipo que han hecho y que siguen haciendo los afrodescendientes en cualquier parte del mundo. Segundo, vencer los estereotipos de la “folclorización de la negritud” eso de que los negros sólo son buenos para tocar tambores, para los deportes etc. Y buscar una mayor participación en los movimientos tanto sociales como políticos, sobretodo y muy duramente en este aspecto. Esta pelea para la participación y la inclusión comenzó con la abolición de la esclavitud y siempre la hemos estado llevando adelante, incrementándose con el tiempo. Durante el siglo XX en Venezuela los afrodescendientes estuvimos presentes en las luchas reivindicativas populares, por ejemplo durante las primeras huelgas petroleras. En el 1936 se trajeron trinitarios para romper una huelga petrolera. Los trinitarios, también afrodescendientes, terminaron asociándose con sus hermanos venezolanos y hicieron fracasar el intento de romper la huelga.*** Luego durante la dictadura del General Marcos Pérez-Jiménez en Barlovento, hubo núcleos de guerrilleros que lucharon contra la dictadura, y durante los años 60 los guerrilleros de izquierda toman el Cerro Bachiller que se encuentra en Barlovento y allí también hubo una fuerte participación de los afrovenezolanos. El cerro fue bombardeado durante el mandato de Raúl Leoni y se produjo la matanza denominada “La masacre de los Guayos” donde muchos afrovenezolanos murieron. Durante esta época allí combatió Argelia Laya y murió el afrobarloventeño Alberto Rudas Mezones, y todo eso a pesar de que los partidos de izquierda no reconocían la lucha contra el racismo y la discriminación racial como algo fundamental, central y prioritario en su docrina. Para la ortodoxia marxista-leninista lo afro no era un tema central de sus teorías. También en esta misma época hubo presencia de los afrovenezolanos en la Sierra Falconiana como en el caso de Juan Ramón Lugo, por ejemplo quien fue un luchador social, líder campesino de Sierra San Luis. La Sierra falconiana también fue bombardeada con napalm lo mismo que usaron los norteamericanos en Vietnam. En la zona de Yaracuy volvemos a encontrar entre los movimientos guerrilleros de izquierda a muchos afrovenezolanos. En fin siempre estuvimos allí peleando. Entonces hay que reconstruir esta historia y darle el lugar que se merecen los afrodescendientes dentro de las luchas que se llevaron adelante desde el comienzo de la guerra de independencia hasta hoy en día. Hay que poner en evidencia lo que se denomina el “Cimarronaje” o sea el espíritu de rebeldía de los afrodescendientes. Ahora, el movimiento afroamericano comienza a tomar conciencia política y de la necesidad de participar activamente en la trasformación del estado y la sociedad. En Nicaragua se da la primera experiencia, cuando, con el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1979 durante los años de la revolución, comenzó un movimiento de reivindicación autonómica de las comunidades de la Costa Atlántica que en aquellos momentos el sandinismo no entendió y que los EE UU quisieron aprovechar para crear un movimiento separatista. Lo que querían estos grupos era reconocimiento y respeto a aspectos de carácter cultural como la lengua, a las costumbres, su ancestralidad, pero siempre dentro de un Estado Nacional. Hoy en día el movimiento afro en América se está replanteando hacia donde hay que apuntar. Las preguntas son: qué tipo de sociedad queremos; hacia donde vamos; y cómo podemos complementar y sumarnos al pensamiento humano universal progresista. Por allí va la cosa. Ahora, por ejemplo, con la vuelta al poder del Sandinismo en Nicaragua por la via electoral, el asunto de los meskitos, de los afrocaribeños de los garifunas o garifes **** se retoma con mucha más fuerza y con la justa perspectiva que siempre hubiese debido tener, o sea dentro del concepto de inclusión en un estado soberano pero con cierta autonomía. Tenemos el caso de Colombia, donde en 1993 se aprobó la primera ley de "Comunidades Negras", la Ley 70 y luego en 1998 con motivo de celebrarse los primeros cien años de la abolición de la esclavitud en Brasil, también se aprueba una ley similar, de allí se comienza a abrir un proceso posteriormente con el gobierno de Lula y se reconoce la importancia de los asuntos afros de tal manera que se crea una instancia a nivel gubernamental e interministerial y se forma el Ministerio de la Secretaría contra la Discriminación Racial. También en Ecuador los movimientos afros lucharon para abrierse un espacio y hoy en día tienen la Ley de la Comunidad Afroecuatoriana, con algunas fallas, con algunas carencias pero allí está. Es decir que se trata de lograr el reconocimiento en el ámbito público y social. Son avances, pero la cuestión de fondo consiste hacia donde vamos como parte de una sociedad que es un todo. Hasta ahora pudiéramos decir que estas han sido reformas que se han dado dentro de una sociedad demócrata-burguesa, o sea, hemos logrado una mayor representatividad, pero nosotros queremos ir más allá. Se trata de discutir que tipo de sociedad queremos construir en el futuro. Creo que todos nosotros: negros, indios, blancos, asiáticos etc., tenemos que marchar hacia la igualdad, lograr que al fin y al cabo todos seamos iguales de verdad. Creo que esta es la meta de todos los revolucionarios. En Ocoyta, una pequeña localidad de Barlovento, en el siglo XVIII se formó un Cumbe donde vivían negros cimarrones, blancos pobres e indígenas americanos bajo el liderazgo de un cimarrón llamado Guillermo Rivas, eso indica que perfectamente podemos vivir juntos sin problemas algunos. Ellos contrabandeaban y vivían libres, llegaron a formar todo un pequeño pueblo de 47 casas, hasta que fue destruido. Creo que la nueva sociedad que tenemos que formar aquí debe tomar en cuenta también los modelos afro-indígenas, porque al fin y al cabo todas las cosas buenas que nos vienen de Occidente: los avances tecnológicos también tienen un costo muy elevado como contrapartida, la presión sobre la vida humana y el medio ambiente. Si en el futuro no podemos garantizar las cosas más elementales para la sobrevivencia sobre el planeta como el aire, el agua y el alimento, entonces ¿De qué nos servirán los celulares e Internet y tanta tecnología, si eso implica la destrucción de los elementos básicos de la sobrevivencia? El costo es demasiado alto. Tenemos que rescatar los modelos afro-indígenas de respeto para la naturaleza, la vida concebida de forma sencilla como la vivían nuestros ancestros y los valores de la solidaridad, de la hospitalidad, de la hermandad, etc. E: Pero el esclavismo y el imperialismo no son cosas exclusivas de los europeos. Existían también entre los indios americanos antes de la llegada de los europeos. Los aztecas, los incas también eran sociedades imperialistas y esclavistas, sin contar que todas las sociedades primitivas y nómadas del mundo a los enemigos capturados en batallas los esclavizaban. En África hubo grandes imperios africanos que esclavizaron a otras etnias e inclusive capturaban personas y se las vendían a los europeos. En Asia las cosas no han sido mucho mejores, tomado en cuenta por ejemplo en el vergonzoso sistema de castas que todavía existe en la India. ¿Entonces por qué idealizar lo que en realidad es un mito? J.CH.G: Sí, en parte hay que romper con estos mitos, yo cuando voy a África nunca se si estoy en frente de aquellos que vendieron a mis ancestros, hay que desromantizar la historia tanto de África como la de los indígenas americanos y tratar de avanzar hacia los verdaderos cambios sociales. E: ¿Qué hay de malo en usar el adjetivo “negra/o” refiriéndose a las personas? ¿Por qué ahora surgió la necesidad de acuñar una nueva palabra como “afrodescendiente”? En Venezuela el término negra/o se usa con cariño y con orgullo. J.CH.G: El término “negro” ha sido una construcción colonial, como mulato, zambo, etc, nosotros queremos romper con estas clasificaciones del pasado. Afrodescendiente es un término que quiere identificar a los descendientes de aquellos que hicieron parte de la diáspora africana, de los esclavizados en las Américas y el Caribe. Eso lo discutimos en la Conferencia Preparatoria de Santiago de Chile y luego en la Conferencia Mundial contra el Racismo que se llevó a cabo en Durban, Sur África en 1997. Pero otra cosa es el sentido popular que se le da al adjetivo “negra/o” dependiendo de la circunstancia, del contexto, en donde, cuando y como se dice. En todo caso la palabra “afrovenezolano” es mucho más antiguo que la Conferencia de Durban. Se empezó a usar en los en los años 40. En 1943 Juan Pablo Soja la utilizó cuando escribió su ensayo “Estudios afrovenezolanos”, ya en los años 30 se comienza a usar como autoidentificación el término “Afro” con Fernando Ortiz en Cuba. E: ¿Cómo ves el movimiento afrodescendiente en los EE UU en la actualidad? J.CH.G: Muy débil, aquel poderoso movimiento por los derechos civiles de los 60 lo desbarataron por completo. En los EE UU a los afrodescendientes los compraron, lo infiltraron con la droga, los corrompieron con el paternalismo, el asistencialismo y el consumismo. Ahora comienza a aparecer algún nuevo lider joven, pero para que vuelva a ser lo que fue antes falta mucho creo yo. Inclusive hay organizaciones que nos están pidiendo ayuda a nosotros, a los movimientos latinoamericanos. Lo bueno es que estamos entrando en una nueva etapa del movimiento afro, en una instancia internacional, estamos trazando los ejes entre las grandes comunidades afrodescendientes en todo el mundo y ahora especialmente en Europa donde la diáspora africana en este momento está en pleno desarrollo y la situación es gravísima, es la peor del mundo y la más criminal. Es increíble que eso pase ahora mismo en pleno siglo XXI. (Recomendamos el artículo “Esclavo en Puglia” sobre este tema).
Nosotros en América Latina tenemos una visión distinta a la de los movimientos afrodescendientes de los EE UU, porque ellos son por lo general sectarios, no quieren mezcla, quieren mantener una especie de autosegregación, quizás eso también responde a una sociedad mucho más racista y segregada que la latinoamericana. Tampoco nos sentimos identificados con los afrocentristas que piensan que todo radica en África. No, nosotros somos americanos, en América hubo un proceso de innovación, de creación y nosotros no nos queremos paralizar en el tiempo. Nuestro objetivo final es que todos seamos iguales y que se entienda que esto del racismo fue una invención para justificar un sistema infame de explotación humana. Quiero que esto quede bien claro. El gobierno de los EE UU ha estado tratando de infiltrar los movimientos de los afrodescendientes en América Latina para fraccionarlos y dividirlos. En Colombia la USAID invirtió mucho dinero para este propósito y en otras partes también. Se crearon una serie de fundaciones y ONGs que median entre los movimientos afros, los gobiernos locales y el Departamento de Estado norteamericanos. E: ¿Cómo ves la situación actual de África?
J.CH.G: Nelson Mandela. NOTAS DEL EDITOR ** La abolición de la esclavitud en Venezuela intervinieron también razones políticas, que siempre se habían manifestado en el proceso abolicionista. La abolición no fue el resultado directo de la lucha de los esclavos contra los amos, sino más bien de sectores y partidos políticos interesados en aprovechar la esclavitud como bandera y ganar la simpatía popular. Desde los días de la guerra de independencia se había manifestado esta realidad en los bandos contendientes; y en la república pasó a ser una de las consignas del Partido Liberal. El programa de este partido incluía entre sus objetivos, abolir la esclavitud, y cuando la llevó a cabo el Presidente Monagas, lo hizo con la finalidad política de fortalecer las posiciones de los liberales y de su propio gobierno, frente a la oligarquía, tradicionalmente esclavista. Sin embargo, aun cuando la abolición fue un acto de gobierno que no perjudicó a los propietarios y dio dividendos políticos, tal hecho constituye uno de los acontecimientos de mayor significación en el proceso social y político de Venezuela **** La costa atlántica de América Central es cultural y étnicamente muy diversa. Muchos habitantes son indígenas o de ascendencia afro-caribeña que hablan inglés criollo, miskito, garífuna, y otros idiomas nativos. Déjanos Tu Comentario |
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