ENcontrARTE
Ramón Martínez, colombiano actualmente radicado en Venezuela, coordinador de COLAREBO –Comité Latinoamericano por
Entendiendo que la revolución social pasa en muy buena medida por una transformación en los valores, en la ética con que una sociedad se mueve; en definitiva, que pasa por la cultura, los medios de comunicación, justamente como forjadores de cultura, cumplen una misión cada vez más importante en el colectivo. Ante la avalancha desinformativa y manipuladora de los medios de derecha, nacionales e internacionales, es necesario levantar otra voz, desde abajo, de aquellos que en general no llegan a los circuitos comerciales de la comunicación, para dar la batalla por otro mundo. La cultura, en ese sentido, es un campo de lucha de la más grande importancia.
ENcontrARTE conversó con él sobre esta temática y sobre las vías que se abren ahora, luego de la elección del 3 de diciembre, para la consolidación del proceso en marcha, considerándolo siempre desde el hecho cultural.
ENcontrARTE
ENcontrARTE: Ramón, ¿qué están haciendo en el campo de la comunicación comunitaria y popular? ¿Qué han hecho y qué más consideras que hay que seguir haciendo?
Ramón Martínez: La actividad comunitaria que impulsamos desde
Soy colombiano de origen, pero tengo varios años de vivir en Venezuela y de compartir con los hermanos venezolanos y de otros países latinoamericanos este país. De ahí que hago parte de esta iniciativa que es COLAREBO, habiendo adoptado como propia esta patria, que es la patria de Bolívar. Y lo que buscamos con nuestra actividad comunicacional es enviar a nuestros respectivos países de origen una información de primera mano, objetiva y veraz, de lo que está ocurriendo en Venezuela con
Cuando vienen compañeros de otras latitudes y los llevamos al programa, a través de eso hacemos conocer problemáticas y luchas de otros países a través de declaraciones de primera mano; y también ellos se llevan una visión directa de todo lo que aquí se está construyendo. Es una lucha cotidiana que se da desde las emisoras comunitarias, y en el caso de
ENcontrARTE: Sin dudas hoy vivimos una explosión de medios comunitarios en esta Revolución Bolivariana. ¿Qué papel juegan esos medios en la construcción de un nuevo modelo social?
R.M.: Esto es muy importante. Había un dique que contenía toda la voz de un pueblo que eran los grandes medios de comunicación, que cercenaban todas las oportunidades de expresión de las comunidades. Jamás una comunidad iba a llegar a una radio, y mucho menos a la televisión. Sólo podían llegar a la televisión como relleno, y le daban unos centavitos para hacerlos trabajar como extras. La explosión comunicacional que se da ahora está demostrando la cantidad de valores que hay en todas las comunidades, la cantidad de comunicadores comunitarios que no tenían la posibilidad de demostrar su talento, y que ahora, a través de los medios populares, se vienen expresando. Hay miles de comunicadores comunitarios hoy día, muchos nucleados en ANMCLA –
En
ENcontrARTE: ¿Qué diferencia hay entre lo comunitario y lo alternativo?
R.M.: Desde lo comunicacional diría que una emisora comunitaria es aquella que está basada en la comunidad, siendo la comunidad la que la dirige. La comunidad es su epicentro. La emisora alternativa, o el periodismo alternativo, es la presentación de una opinión distinta, de una óptica diversa a la matriz de opinión determinada por los grandes medios comerciales, que monopolizan los mensajes. Periodismo alternativo es lo que hacemos en “América insurgente”, donde presentamos una versión distinta a la versión de los monopolios informativos, y que se genera y se nutre desde los actores propios de los hechos. El periodismo alternativo es el que presenta una alternativa diferente a las matrices dominantes. Esas matrices tienen siempre un sesgo político-ideológico; pero el periodismo alternativo trata de mostrar los hechos desde una visión mucho más imparcial, objetiva, no desde la crónica roja, desde la descalificación, y siempre a partir de las fuentes directas de los hechos.
ENcontrARTE: ¿Cómo piensas que deberíamos tomar la objetividad en el campo periodístico?
R.M.: La objetividad no se puede tomar como verdad absoluta, por supuesto. En todo caso, hay que buscar la transmisión de los hechos como suceden. Hay que narrar los hechos sin ponerle a sabiendas una carga que los juzgue, los descalifique, los presente ya desde una perspectiva determinada. Hay que buscar, hasta donde se pueda lograr, la crónica de los hechos sin darle ningún sesgo previo. Y el tema de la objetividad nos lleva al campo de la responsabilidad, es decir: la ética. Quien informa sabe lo que está diciendo y sabe hacia dónde quiere llevar a quien recibe el mensaje. Sin profesionalismo, sin objetividad, entramos en el campo de la manipulación. En el campo de la comunicación comunitaria hay mucha más objetividad, porque se hace a partir de una responsabilidad social, una responsabilidad basada en una vocación de servicio hacia su comunidad y no por un interés comercial. En ese campo no se trata de defender un interés determinado por un sueldo, por una ganancia; ahí, al contrario, está en juego un proyecto en el que se cree, por tanto no hay manipulación en juego. La comunicación comunitaria y alternativa es un hecho de militancia, por eso guarda mucha más responsabilidad, y por tanto objetividad.
ENcontrARTE: Sin mayor apego a la objetividad, los medios comerciales generan un modo de pensar, una cultura. ¿Cómo podemos o debemos actuar los medios alternativos –con una ética de la responsabilidad, como militancia– contra ese poder monopólico de los grandes medios que manejan los mensajes y la cultura a nivel mundial?
R.M.: Te lo contesto con un ejemplo puntual, con el caso de
ENcontrARTE: Tal como lo dices, la cultura del consumo y del derroche están muy metidas todavía en nuestra idiosincrasia. ¿Falló la política comunicacional del Estado en estos años para cambiar eso, o es que transformar ese molde cultural llevará mucho más tiempo y más trabajo todavía?
R.M.: Creo que la respuesta debe ser más política que cultural. Tomemos como marco de referencia América Latina. Pensemos en Cuba antes de la revolución del 59; pensemos en el asalto al Cuartel Moncada, por vía armada. Pensemos en Chile, a finales de los 60 y comienzos de los 70. Recordemos el triunfo de Salvador Allende por la vía electoral con la alianza de distintas fuerzas de la izquierda. Tomemos también, como marco de referencia, Nicaragua en el año 79, donde se repite más o menos la historia cubana, donde se luchaba también contra una dictadura, una dinastía familiar como fue la de los Somoza. Y tomemos el triunfo por los sandinistas aquel 19 de julio, también por vía armada, como fue la de Fidel y los barbudos en Cuba. Vengamos un poco más acá y pensemos en Venezuela. Este país tuvo el prodigio de ser receptor de muchas culturas; aquí hay presencia de pueblos de todos los continentes, asiáticos, europeos, latinoamericanos, presencia africana, etc. Realmente es un crisol de culturas. Recordemos el paquete de medidas neoliberales con Carlos Andrés Pérez y el consecuente caracazo. Fue ese momento, con su represión brutal con más de 3.000 muertos, un cimiento básico pare comprender el proceso en que actualmente estamos. Eso hizo que dentro del ejército surgiera el Movimiento Bolivariano 200, liderizado por el comandante Hugo Chávez. Y ahí vemos el surgimiento de nuevas vías para el cambio: no es vía armada, ni es vía electoral ni es por las vías tradicionales de la izquierda. Lo digo así para diferenciarlo de otras experiencias de América Latina que recién mencionábamos: el caso de Nicaragua fue impulsado por los sectores de izquierda que componían el Frente Sandinista; y el caso chileno también fue liderado por los sectores tradicionales de la izquierda, el Partido Comunista y grupos de izquierda. Pero el caso de Venezuela, no. Aquí se ha dado una circunstancia muy particular, muy sui generis, única incluso. Cuando el comandante Chávez surge, fue presentado como un golpista. Todo lo que se ha venido construyendo en Venezuela en estos años creo que es una suma de experiencias de todas estas otras iniciativas latinoamericanas que acabamos de mencionar. Es la acumulación de experiencias de la revolución cubana, del triunfo sandinista y de
Como van las cosas, este proceso político no se va a caer, porque la revolución logró controlar la médula espinal de la economía venezolana, que es PDVSA. Y la revolución salió del marco de la frontera nacional; y está bien. Porque como decía Trotsky, la revolución es permanente y debe difundirse a nivel mundial.
Por eso, para difundir, para llegar hasta el último rincón, ahí están los medios alternativos, que hacen su trabajo de difusión permanente, día a día, entrando en cada casa, en cada barrio. En estos años ha cambiado el comportamiento cultural de los venezolanos, y seguramente va a seguir cambiando.
ENcontrARTE: Y sin dudas la guerra mediática también va a continuar, la guerra desde los medios de la oposición, y los internacionales. A propósito, ahora no se va a renovar la licencia al canal televisivo RCTV. ¿Qué dices al respecto?
R.M.: Todos los que trabajamos en COLAREBO y quienes hacemos “América insurgente” pensamos que con esta medida se está haciendo justicia. Se está haciendo justicia porque la mayoría de la sociedad venezolana estaba esperando ese cambio. Son los sectores medios de la población, quizá, a quienes más daño ha hecho un canal como este. Ese mensaje mediático de RCTV, y también de otros medios que continúan con lo mismo, ese mensaje de continua agresión, de difamación, de distorsión, de incitación al delito, de incitación a la agresión individual y colectiva, todo eso debía terminar algún día. Con ese odio continuo que transmiten, con todo el veneno que inyectan día a día donde hacen aparecer Venezuela como un país donde no se puede vivir, quien ve eso no puede menos que sentir que estamos en guerra. Muchos pueblos de Venezuela los conocí a través de RCTV, gracias a que se van a los lugares más distantes, perdidos en la geografía del país, sólo para mostrar un cadáver. Y para hacer difamación, por supuesto. ¿Hasta dónde se había llegado? Era necesario que el gobierno tomara una decisión. La no renovación de esa concesión es absolutamente legal desde todo punto de vista. Ahora es importante ver qué se va a hacer con esa señal; creo que hay que dar una gran discusión al respecto, con amplia participación de las organizaciones sociales. Los consejos comunales tendrán mucho que decir en el tema. Hay que tener en cuenta que tras toda la creación de una nueva institucionalidad está el poder popular. Y entre una de las tareas de los consejos comunales, en su estructura, está el tema de la creación de un consejo de medios que ve esta problemática. Es decir que hay que dar una amplia discusión del tema e ir viendo qué vías son las más idóneas para aprovechar ese espacio. En otros términos: se debe orientar la comunicación hacia una comunicación socialista, hacia la participación de la gente que nunca tuvo voz en los medios.
ENcontrARTE: Como colombiano residente en Venezuela y como miembro de un colectivo latinoamericano de acción política, conocedor de estos aspectos en tanto comunicador, ¿qué comparación podrías establecer entre
R.M.: No hay punto de comparación. Para nada. La libertad de expresión que puede encontrarse en estos momentos en Venezuela es total, absoluta. Hasta excesiva, se podría decir, lo cual da lugar a lo que recién comentábamos con respecto a medios que se han salido de toda línea y hacen de la comunicación pública, además de su gran negocio, una incitación al delito, a la violencia, como es el caso de RCTV. La libertad absoluta que puede encontrarse hoy en Venezuela creo que ni siquiera en otros países fuera de Latinoamérica es posible. Aquí no hay un solo periodista preso, ni perseguido por razones políticas. Aquí se goza de una libertad de expresión irrestricta, total. En otros países del área, y de Colombia puedo hablar con algo más de conocimiento, el ejercicio del periodismo es un riesgo. Sabemos que hoy en Colombia –y no sólo ahí, sino también en los otros países latinoamericanos– el poder no permite salirse un milímetro de los parámetros que fija para la información. Es una de las profesiones más peligrosas que existen, y la cantidad de muertos que se da en Colombia por periodistas que intentan dar a conocer con algo de objetividad aspectos ocultos de la guerra y de la política, va siempre en aumento. Periodista que quiere informar de verdad es candidato a muerto. Por todo ello, la libertad comunicacional que se goza hoy en Venezuela es realmente única.