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Año 4

Hablando con...

Homenajeada en la 4ta edición de FILVEN 2008

Stefania Mosca: “Tenemos que recuperar el sentido de las palabras”

Akaida Libertad Orozco / ENcontrARTE

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Stefania Mosca (Caracas, 1957). Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. Fue becada para realizar estudios de postgrado en la Fundación de Estudios Internacionales Ortega y Gasset y el Instituto de Cooperación Iberoamericana en Toledo, España, con Fernando Rodríguez La Fuente y Joaquín Rubio. Es magíster en Literatura Latinoamericana egresada de la Universidad Simón Bolívar. Ha escrito para los principales periódicos del país, igualmente, ha publicado sus artículos en El Espectador de Colombia, y La Jornada y
El Universal de México, así como en las Revistas Quimera, INTI y Gatopardo, entre otras. Aborda géneros como el ensayo, la crónica, el cuento y la novela. A través de su pluma cuestiona el mundo real y se interroga a sí misma acerca del sentido de la vida. Nos muestra la realidad como un espectáculo, juega con el humor negro, el sarcasmo y expone el mundo como una parodia de la que nadie está exento. Fue asistente de producción en la editorial Monte Ávila y de la Academia Nacional de la Historia. Fungió como directora de Desarrollo de Colecciones de la Biblioteca Nacional, asesora de ediciones de la Fundación Esta Tierra de Gracia, miembro de la junta directiva del CELARG, representante del área de narrativa en la Casa de Bello, presidenta de la Fundación Biblioteca Ayacucho y Ministro Consejero de la Misión Permanente de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos, OEA. Obras publicadas: Jorge Luis Borges: Utopía y Realidad (1984); La memoria y el olvido (1986); Seres Cotidianos (1990); La última cena (1991); Banales (1993); Mi Pequeño Mundo (1996); El Suplicio de los Tiempos (2000-Ensayo); Cuadernillo No. 69 (2001); Maternidad (2004); Mediáticos (2007); El Circo de Ferdinand (2007). Ha recibido Las Llaves de la Ciudad de Providence como escritora invitada a la Feria del Libro (1996) Rhode Island, EEUU; Mención publicación del Premio Internacional de Novela Miguel Otero Silva de la editorial Planeta (1996) y el Premio Municipal de Literatura en 1997 por su obra Mi pequeño mundo. Homenajeada en la reciente Feria Internacional del Libro en nuestro país.

 

Desde muy pequeña me concebía como escritora y lo que era un juego de niña se fue tornando real. Esos cuadernitos que me acompañaban en la adolescencia fueron atesorando pequeños relatos y todo eso lo fui descubriendo en la medida en que iba tomando conciencia de mi identidad y fueron conformándose poco a poco en libros. Mi primer libro es de ensayos acerca de Jorge Luis Borges. Luego escribí un libro de cuentos un poco atípicos para aquel momento, bastante aflorados y donde la escena instantánea y la simultaneidad era  lo más importante, ese es el tomo de Seres Cotidianos que tuvo sus buenas críticas. Luego vino Banales y posteriormente Mediáticos. Ese es un ciclo donde está retratada la simultaneidad, la banalidad, la fragmentariedad en la que todos estamos metidos; este simulacro inmenso en el que vivimos. Es una bufa,  llama a la risa, pero también vivimos en una pequeña tragedia cotidiana. Ese es un ciclo que arropa una mirada que a través del tiempo vas reconociendo, pero igual que el proceso de las gaveticas y los cuadernitos, vas descubriendo cosas en la medida en que hay una exploración interior y de tú contexto y tú tiempo. Después escribí un libro de ensayos que se llama La memoria y el olvido, que son ensayos muy breves pero que me parece que tienen bastantes aciertos aunque son libros de juventud. Todavía yo creo que ahí funcionan cosas. Luego escribí otro libro de ensayos, más largo, El suplicio de los tiempos, donde hay una gran reflexión sobre la mediación: qué son las palabras, qué es la literatura, qué representa lo que nos representa, es un juicio a lo real que de alguna manera es un tema que acompaña todo mi trabajo. Luego están las novelas, La última cena que fue escrita en 1990 y es un libro para desentrañar los orígenes. Se trata de una cena que sucede el día del terremoto pero cuyos comensales evocan los años 50 que es la época en que mis padres llegan a Venezuela. Esta obra está basada en investigaciones hemerográficas que en lugar de enfocar los acontecimientos de los investigadores serios, resalta la mediación de las personas, cómo se veían a sí mismas en ese momento, los cabarets, los métodos adelgazantes, la estética de la época; quería ver en el detalle una especie de ‘síntoma’ de aquella época.  Después de eso intenté hacer una trilogía, y en eso trabajo todavía, acerca de la gran parodia del poder. Nosotras las mujeres sabemos muy bien cómo es ese poder, que a pesar de toda la supuesta evolución que tenemos en nuestro país siempre pareciese que se nos posterga. De esa trilogía forman parte Mi pequeño mundo, El circo de Ferdinand y El mundo del miedo, que es el tercer tomo que ya está en correcciones.

 

Akaida Orozco: Cuénteme acerca de su infancia, su familia. ¿De dónde provino ese estimulo hacia la literatura, hacia la escritura?

Stefanía Mosca: Yo soy hija de una costurera y un vendedor, inmigrantes italianos que vinieron a la América hartos de tanta guerra, hartos de horror. A pesar de la diferencia del lenguaje fueron construyendo aquí, de alguna manera, el territorio de sus sueños. Quizás nunca fueron muy exitosos pero sí elaboraron año tras año la posibilidad de serlo. Tengo un hermano catorce años mayor que yo, es médico, muy inteligente. Él tenía una gran biblioteca que, en la soledad de un apartamento muy largo con unos pasillos muy blancos, yo exploraba casi como la Justine de Durel, casi como bibliomancia, de una manera muy desordenada, pero que fue creando en mí esos espacios imaginarios que el libro me brindaba. Claro, me metía en libros que no debía leer, hasta en los libros de anatomía patológica de mi hermano, es decir, hice un gran popurrí con el que terminé de formarme, de alguna manera. Mis padres trabajaban mucho, y de algún modo la soledad y el afuera como enigma fueron como una línea vertical que atravesó mi infancia. Sin patetismos, pero sí, era un aniña sola, una niña sola que habló primero italiano que español y que tuvo que tomar decisiones con relación a dónde pertenecía. Porque aquello que yo veía por la ventana era una cosa extraña muy distinta a lo que sucedía adentro. Adentro se hablaba otro idioma, se comían otros olores; eran dos mundos. De alguna forma esa niñita aún está ahí asomada a esa ventana, con mis 51 años sigue ahí asomadita tratando de explicarse el mundo.


A.O: ¿Qué recuerda de ese lugar donde vivió su infancia?

S.M: Viví en Chacao, en el edificio Lucerna. Era un edificio con un patio interior muy cómico. En esa época se usaban mucho los mosaicos aparte de la decoración, entonces tenía un mosaico abstracto muy cursi –tú sabes que la pintura abstracta cuando es cursi es terrible-, pero bueno, en aquel entonces yo no hacía juicios estéticos, nosotros corríamos allí, jugábamos el 1,2,3, pollito inglés, esas cosas de niños.

 

A.O: ¿En qué colegio estudió?

S.M: Estudié en el colegio Nuestra Señora de Pompei, estudiaba un día italiano, un día español. Eso me ayudó a diversificar un poco las lecturas. Nadie me dijo lee esto o aquello. Mis padres son bastante mayores, mi madre me tuvo a los 43 años, es decir, mis padres eran bastante conservadores. Los valores con los que me educaban no impulsaban mis lecturas, no me decían ‘lánzate por la escritura’, más bien todo lo contrario, ‘qué linda niña, vamos a ver cómo le conseguimos marido, pero es tan terca, ¡y hasta le gusta pensar!, qué ganas tiene…’ Y cuando dije que iba a estudiar Letras se alegraron, lo vieron como que era cultura general para la muchachita. Nadie tomó en serio eso que para mí era muy serio. Era un secreto, ese secreto que a veces es el motor de la vida. Sin embargo hasta aquí hemos llegado.

 

A.O: Ahora volvamos a lo reciente. ¿Cómo se sintió al ser el personaje homenajeado en esta 4ta edición de la Feria Internacional de Libro en Venezuela? Van dos mujeres homenajeadas consecutivamente, el año pasado le tocó a Laura Antillano…

S.M: No sé qué decirte. A mí cuando me llamaron para decirme que toda la plataforma del libro había decido unánimemente que yo debía ser la homenajeada yo me preguntaba ‘¿estarán hablando de mi?’. Uno de alguna manera en este oficio siempre está buscando una realización. Cada libro es un hallazgo pero a la vez es un vacío porque siempre aspiras poder tocar algo más profundo, algo más perfecto; tratar de ver si la belleza es algo que puedes tocar. Ese homenaje fue una sorpresa pero a la vez un gran halago, recibí muchísimo cariño, muchísimas anécdotas. Entendí que hay amigos que uno labra, pasan veinte años y te das cuenta que realmente tienes amigos del alma. Y todo esto pasó en la feria además de lo que en la feria misma pasaba: nuevos lectores, una propuesta de libros impresionante, todo fue en una ambiente muy especial y para mí un orgullo y una honra muy grande.

 

A.O: Dijo algo que me llamó la atención y me hace pensar que los escritores son unos eternos insatisfechos e inconformes por naturaleza – o al menos algunos escritores-. ¿Usted cómo se siente?

S.M: Somos una peste. Ana Núñez decía ‘yo soy una insatisfecha de nacimiento’. A mí me gusta eso. Sí, hay algo en el mundo que te molesta y que siempre criticas y que estás viendo porque tienes como un ojo y una oreja distintos que atentan con el afuera. Después tienes siempre un proyecto que vas a realizar, como dice Jorge Bataille. Eso de alguna manera es bueno y es malo al mismo tiempo. Es bueno porque te mantiene atado a la vida y es malo porque te mantiene en la insatisfacción. Hay escritores que tienen mucha conciencia de su obra, que trabajan con lógica, yo soy muy intuitiva y muy afectiva, entonces ahí tengo dos puntos en contra.

 

A.O: “Por un país de lectores” fue el lema escogido para acompañar la feria este año. ¿Qué opinión le merece esta frase?

S.M: Ese lema me parece casi una esperanza. Los momentos que estamos viviendo requieren de una gran capacidad de argumentos. El la poesía, la literatura, las teorías, la filosofía, el libro en general, guarda en sí esa capacidad de que tú tengas herramientas para ejercer un pensamiento crítico. No es la última teoría pero después que lees un libro evidentemente tienes más haberes en tu mente y empiezas a elaborar con más capacidad y con más matices tu percepción del mundo. Este es un momento en el que necesitamos mucha reflexión. Vernos a nosotros mismos no resulta tan sencillo porque hemos sido colonizados y cuando tú eres arrasado como persona, cuando desde niña te dejan out y te dicen ‘ponte el vestido de novia’, entonces la cosa es más difícil. El hecho de que nos propongamos tener un país de lectores tiene que ver con el hecho de proponernos ser nosotros mismos, de ser libres. Libres en el buen sentido de la palabra, no esa libertad que nos vende Bush.

 

A.O: Entonces cree que los venezolanos están más motivados por la lectura con estas nuevas iniciativas de promoción del libro como la apertura de nuevas casas editoriales, una mayor distribución, las ferias...

S.M: Pareciera que sí. Yo quisiera que los cambios fueran más hacia el contenido, creo que nos falta la promoción del sentido de los libros que editamos. ¿Por qué editamos La gente pájaro de Wilfredo Machado, porque Wilfredo es chévere? Sí, Wilfredo es chévere pero La gente pájaro significa algo. Entonces tenemos que empezar a recuperar el sentido de las palabras, creo que nos falta eso. Nunca como ahora había visto a tanta gente optar por el libro como un gasto necesario. En la feria vi colas de cincuenta personas para comprar un libro.

 

A.O: Desde esa perspectiva, ¿cómo definiría a los lectores venezolanos?

S.M: Todavía los lectores venezolanos preferimos mucha autoayuda, todavía estamos metidos en las recetas. Al mismo tiempo las estructuras de poder no se resignan a que el pensamiento es libre y debe serlo.

 

A.O: Hemos visto cómo el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través de su Plataforma del Libro y la Lectura han buscado impulsar a la actividad editorial en el país abriendo nuevas casas como El Perro y la Rana, e igualmente ha vigorizado la producción de viejas editoriales como Monte Ávila, la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, el CELARG, etc. ¿Cómo ha sido su situación particular como escritora dentro de este contexto?

S.M: La verdad, yo siempre opté por publicar por los canales convencionales. Siempre tuve que esperar dos o tres años para publicar un libro, tuve propuestas de la editorial Mondadori en la que me dijeron que iba a circular por toda Latinoamérica y jamás salí de Caracas. Esa es la decepción de los autores venezolanos, que a menos que seas un gerente muy brillante puedes publicar, y aún así tampoco veo muchos resultados. Tengo muchos amigos que tienen la lucidez de saber vender su obra y muchas veces no pueden. Debemos penetrar en el mercado del libro y terminar de transformarlo, de corroerlo. Si bien Paulo Coelho es el héroe suramericano pues también debe haber otros. Hay editoriales como Un Cuarto Propio en Chile, por ejemplo, donde encontramos a Guadalupe Santa Cruz y otras voces fundamentales y que sin embargo desconocemos. El hecho de que nos limitemos en el mundo del libro es algo que todavía no hemos superado pero se está trabajando en ello.      

 

A.O: ¿Entonces observa que estas nuevas propuestas editoriales no han conseguido tener una mirada más amplia para la publicación de determinados autores?

S.M: No, todo lo contrario. En El Perro y La Rana veo más bien una gran apertura. El hecho de que te ofrezcan un libro a dos o tres bolívares, eso no lo cuesta ni un chocolate, es algo insólito. Tenemos la fortuna de tener estas iniciativas, así como haber entendido el valor de Monte Ávila, un fondo editorial que contiene autores como Barthes, Todoroff, a grandes teóricos que hay que preservar, o la Biblioteca Ayacucho -que tuve el honor de presidir- y es un lugar maravilloso de clásicos latinoamericanos para perfeccionar justamente esa posible unidad de Latinoamérica. Leer debe integrarnos.

 

A.O: ¿Conoce la situación de los noveles escritores con relación a esta nueva apertura?

S.M: Si algo me sucedió en la feria fue entender el gran talento que se ha generado en estos últimos años. Es impresionante la capacidad de compromiso, de búsqueda formal, de riesgo. Creo que esos escritores tienen en El Perro y La Rana y en la Colección de Inéditos de Monte Ávila una gran oportunidad que muchos de nosotros no tuvimos, algo mucho más real.

 

A.O: El hecho de que los creadores y artistas literarios hayan sobrevivido en Venezuela ha sido cuestión de milagros

S.M: Mira, en los milagros yo nunca he creído. Un escritor es un ser muy incompleto que tiene aquella patología de verse fuera del mundo y para más colmo tiene que vivir. Yo toda la vida he tenido que trabajar, tuve que criar una hija. Es una situación difícil, los escritores somos periféricos. El escritor más tonto en Estados Unidos hace un tiraje de cien mil ejemplares y eso es un fracaso terrible. Pero un dólar por cien mil, por lo menos compraste un año de comida, seguro. Ese diez por ciento que gana un escritor sobre un trabajo que a veces cuesta años, en nuestro país es mucho más limitado y más en el circuito latinoamericano. Tenemos cuatrocientos millones de hablantes de lengua española, es decir, tenemos una joya como para publicar cualquier cosa y que sea un hecho más o menos notable, pero no tenemos un circuito continental. Viajar a Argentina cuesta más caro que ir a Europa.

 

A.O: Entonces allí estaría el detalle, en la forma como se realiza la distribución de los libros…

S.M: Aristóbulo Istúriz -que ha recibido una tan injusta derrota recientemente, yo pido que me cacheteen porque aún no lo puedo creer- , fíjate que él ensayó con el Parlamente Latinoamericano un circuito para el libro donde el libro se moviera por nuestros países y nosotros estuviésemos en contacto con lo que se hacía en Ecuador, Uruguay, Brasil y viceversa, pero no sé si se le ha hecho seguimiento a eso. Creo que esa debería ser una de las metas que se propongan nuestros gestores culturales.

 

A.O: Si estuviera en sus manos el poder de decisión y ejecución ¿qué mecanismo o campaña implementaría para reforzar y extender el hábito de la lectura?

S.M: La verdad si esa responsabilidad estuviera en mis manos estuviese un poquito aterrorizada porque es un gran desafío. Trataría de buscar a la gente más brillante del país, trataría de evaluar las experiencias previas, porque hubo un momento en el que los libros producidos en Venezuela llegaban a España, por ejemplo, o sea, cruzaban el Atlántico. Trataría de ver si el mundo editorial privado tiene corazón, porque el corazón es el dinero y buscaría la forma de exonerar de impuestos a los importadores, a los distribuidores. Esa parece que ha sido la parte más complicada. Creo que hay un aspecto legal que hace muy difícil esa relación, es decir, es más fácil comprar café colombiano que los libros de Norma a pesar de que ellos tienen aquí una oficina aquí llega lo mínimo de lo  mínimo, igual pasa con las editoriales españolas. Pero sí lo intentaría, creo que todos estamos intentándolo de alguna manera.

 

A.O: ¿Qué papel está jugando la mujer venezolana actualmente dentro de la producción de conocimientos, en la producción literaria, intelectual, crítica, periodística?

S.M: Bueno, yo pienso que si hay alguien que tiene el poder de desvestir el simulacro es la mujer. El cuerpo mismo de la mujer está allanado. Creo que esto es una dolencia de la época, del narcisismo epocal como decía Castañón, pero en la mujer hay una necesidad de recuperar ese cuerpo que se traduce en la banalidad de que todas las mujeres son sexys y andan haciendo casi strippers por las calles. Pero ese no es el problema, la fantasía nunca ha sido nuestro problema. El problema es lo real, cómo funcionamos dentro de esta realidad.

 

A.O: Sí, hay mucha banalización del cuerpo y eso nos autoinvisibiliza, creo.
S.M: Tal cual, opino lo mismo. Y desde esa perspectiva pones en duda la realidad porque si ésta que veo en el espejo está afuera pero no tengo ni idea de la que existe adentro entonces lo real también se pone en duda. Creo que la mujer en este momento debe cuidar valores no sólo como la honestidad, la entrega, que son intrínsecos del hecho de crear vida y que evidentemente pueden ser compartidos por cualquier hombre, pero creo que la mujer debe enfocarse en cuestionar no sólo lo que viene de afuera, que también es importante, sino también lo que proviene del centro. El ojo crítico de una mujer es muy valioso, es otra sensibilidad de la realidad. Lo que pasa es que este es un país de desoídos como decía Armando Acosta Bello, pero aquí ha habido mujeres muy arriesgadas, claro casi siempre confinadas, consiguen la realización de su obra en el confinamiento. Imagínate, Elsa Gramko en los años setenta hacía unos objetos que eran ventanas, todas cerradas, es decir, ahí hay un cuestionamiento del afuera enorme. Es el pánico que crean las mediaciones. No puede ser que la calle sea un enigma si es que en la calle están tus congéneres. El afuera es un enigma, estamos un poquito locos todos.

A.O: La hemos visto pasearse por distintos géneros literarios como el cuento, la novela, la crónica, el ensayo. ¿Qué camino siente que no ha explorado lo suficiente o qué nuevo camino le gustaría explorar?  

S.M: El cine. Eso es una oportunidad, es como cuando vas al mercado y por casualidad consigues kiwi. He hecho documentales y me he sentido comodísima con ese puente que surge entre la palabra y la imagen. Me gustaría hacer cine pero no se me ha presentado la oportunidad.

 

A.O: ¿Y el teatro?

S.M: También. Yo creo que hay mucha teatralidad en mis obras por esa cosa del presente, todo sucede ahora y simultáneamente. Luis Alberto decía en un evento que cada hombre, cada personaje de mis novelas es una ciudad. Eso me pareció tan grande, pero de alguna manera es así. Es esa tremenda soledad pero que a la vez es un bullicio interior y como un espejo fragmentado en miles de pedazos donde hay una figurita nuestra más o menos identificable. Aún no tengo nada en particular pensado para teatro o cine, pero ganas no me faltan.

 

A.O: Bueno, en su última novela El circo de Ferdinand, se asoma un poco la dramaturgia de su pluma, es una novela muy escénica…

S.M: Sí, es mostrar el mundo como espectáculo. En vez de estar sentado viendo el espectáculo esta vez el poder es el espectáculo. Un poco lo que acabamos de ver con Obama. Esa fue una campaña política perfecta, él mismo lo dijo. Entonces esta sociedad del espectáculo donde estamos metidos fue un poco lo que quise criticar.

 

A.O: ¿Por qué elige el humor –a veces negro- y el sarcasmo como una forma de llegar a la crítica?

S.M: Sí, casi lo sórdido… porque es una necesidad de romper con este mundo edulcorado que nos quiere vender pañales Mami y jamón de pierna Plumrose y aparece aquella niña bellísima y te dicen ‘Compre jamón de pierna Plumrose’. Es decir, eso me parece una crueldad infinita, le hacen eso a mi perro y me pongo muy brava; es como querer vender perros calientes y que te pongan una foto del perro. Es una manera que busca justamente denunciar y allí nuestras élites son objetos de burla. No puede ser que se reúnan cuatro personas que tienen acceso a la más alta calidad de vida para aplaudir que están bajando el precio del petróleo, las élites latinoamericanas son de verdad lamentables y dignas de risa porque además son muy ignorantes. Son patéticas.

 

A.O: Sí, además creo que a pesar de la supuesta amplitud que tenemos seguimos siendo una sociedad pacata y conservadora. Usted juega con esa contradicción también en su novela…

S.M: Somos muy hipócritas. Claro, poner en evidencia el morbo que existe detrás de cada acción. Te das cuenta que las familias que son tan de Manual de Carreño y todavía viven bajo esa cosa colonial del silencio indefinido aún existe. Hay un pacatismo y una supuesta religiosidad que son patéticas. Cada vez que veo a Nitu hablando con un cura a mí me da como risa, ¿de qué habla con un cura una niña que se ha puesto como cinco mandíbulas y ha intentado tanto ser otra persona? Es todo ese sentido de aceptar la crueldad, aceptar la exclusión pero vas y rezas, eso es una parodia en sí misma. Salvador Garmendia decía que toda tragedia es cómica y yo creo mucho en eso. Es decir, hay algo en el mundo formal, o en esa burguesía pacata como tú dices que es digno del chiste mejor elaborado.

 

A.O: Coménteme acerca de los signos que siempre busca introducir en su obra, o los valores, digamos, ético-morales, los principios de vida que le interesa que se vean reflejados.

S.M: Yo creo que la literatura que quiere dar un mensaje puede ser retahíla. Todo ese realismo del siglo XIX de elaborar una tesis puede matarlo a uno. Sin embargo, como tú dices y como dice Harold Bloom, toda buena literatura es sentenciosa. Yo creo que hay en mí una gran necesidad de recuperar la libertad, los vínculos con lo real, de entender la humanidad como un juego bello de identidades y la necesidad de amar, recuperar el amor, el amor fuera de las tarjetas de crédito y de tanta banalidad que se vuelve una forma cruel de vivir los sentimientos. Me importa denunciar al hombre que pone a competir a las mujeres. Me importa reivindicar otro sentido de lo humano. Ahora, ¿lo he logrado, lo he plasmado? Eso ya no lo puedo decir, pero eso me importa mucho, hacer una gran denuncia del mundo de reflejos fatuos donde estamos metidos.

 

A.O: Cuando habla de mostrar el mundo real a qué se refiere, porque ¿qué es lo real?

S.M: Exactamente, esa es la gran pregunta. Volver a vincularnos con lo real ese es el gran desafío. Yo no sé muy bien qué es lo real, yo también estoy metida en el simulacro del simulacro, yo no estoy salvada, nadie está salvado, pero creo que la humanidad quiere eso. Cuando ves lo que está sucediendo en el mundo hoy en día donde las masas oprimidas ya no se callan ante ese sistema que nos vende papas fritas todo el día, allí es evidente que hay otra necesidad, es la necesidad de recuperar sus dioses, sus lenguas, su música, sus colores, sus sabores, su identidad. Lo real siempre es una elaboración, nos caímos, la caída hace que no seas una garza. Una garza se posa en un lago, perfecta, blanquísima, sobre una sola pata y allí se queda, ella no tiene ninguna distorsión, y viene el hombre, pisa el charco, hizo un desastre, se cae la garza. No estamos integrados con la naturaleza así que lo real siempre va a ser una elaboración, pero de nosotros depende que sea al menos una elaboración más amable, que no nos haga víctimas de los objetos. Porque nuestro deseo ya no es un deseo por el otro sino un deseo de la cosa. Me parece cruel que ese sea el destino que tenemos: o consumimos o no existimos. Cuando vas al Paují te das cuenta que el cosmos existe y allí está todo.

A.O: ¿Qué le hace falta a este proceso revolucionario?

S.M: Planificación. Debe haber más coordinación, hay  una sobreposición de acciones innecesaria. Planificar no es nuestro fuerte, nosotros somos repentistas, como los músicos, somos capaces de improvisar mucho. Nos hace falta planificación, coordinación, cohesión.

 

A.O: ¿Cuál sería el papel que le toca desempeñar a las mujeres dentro de este proceso revolucionario?

S.M: El trabajo, la capacidad de entrega que tenemos, la capacidad amorosa. Las mujeres asumimos una oficina y somos capaces de dejar la vida por ella. Los hombres quizás también, pero piensan más en su beneficio personal, y quizás eso sea más saludable. Nosotras no. Nosotras somos más viscerales.

 

A.O: ¿Qué escribe actualmente?

S.M: Estoy terminando El mundo del miedo, una novela, estoy recopilando unos cuentos largos que no es mi fuerte pero me he dado cuenta que están allí y funcionan, y también está la recopilación de las crónicas que ha reunido un trabajo interesante y es acerca de estos últimos años que hemos vivido en peligro, es un poco irónico, hemos estado muy expuestos a lo real. Hay artículos que podrían formar parte de un libro de crónicas referidas a lo político-testimonial, y por otro lado están las crónicas urbanas. En eso estoy ahora, dándole la estructura.

 

A.O: ¿De no haber sido escritora que le hubiese gustado ser?

S.M: Imagínate, cualquier cosa. Hubiese podido hacer otras cosas más útiles para la sociedad. Ese conflicto yo nunca lo tuve. Tuve esa certeza desde un principio, me gradué de bachiller y hubiese podido optar por cualquier carrera y mis tres opciones –como era antes- fueron Letras, Letras y Letras. Siempre he tenido esa obsesión.

 

A.O: ¿La literatura no es útil?

S.M: Quizás al final puede ser útil, eso espero. Pero, digamos, un arquitecto llega, diseña un urbanismo y ya está siendo útil, ya está dando un servicio, está planificando, puede proyectar. La literatura transforma a los seres humanos pero es más ardua esa transformación. Hay compuertas que se abren dentro de ti que son bastante útiles, ventilan bastante el corazón, el espíritu, la sensibilidad, y esos son milagros, pero no todo el mundo se da cuenta. Cristina Pérez Rossi tiene un libro de cuentos que se llama El Museo de los esfuerzos inútiles, es maravilloso. Es algo que tratas de alcanzar pero siempre se va un poquito más allá.


Comentarios

El Soldador

SS.Maryland

Muy bonito,muchos admiradores,se podria desir es CIUDADANA DE VENEZUELA.esta persona no ve ni siente el folklor venesolano su escenario es elitesco y no incluye la liberacion la diversidad. muy bonita la forma pero no la sustancia grasias. no mas covas.

22/12/08

 

Mireya Bolett

Caracas

Sería interesante abordar el área de resemantización del léxico político-social en el marco histórico de la Venezuela de hoy. No es posible que las acciones y propuestas del gobierno revolucionario sigan siendo juzgados por tèrminos con significados desgastados por el tiempo. Te dejo la tarea porque forma parte de mis proyectos inconclusos debido a obligaciones donde lo político en el hacer, en la acciòn, colma mi tiempo y espacio. Envidio que tengas espacio para pensar, leer y escribir, con creatividad y profundo sentido crítico,pero me gratifica saber que alguien lo hace. Estupenda la entrevista, tanto las preguntas como las respuestas lograron romper con la monotonía de la cotidianeidad.

21/12/08

 

edgaralvarezestrada

Caracas,Venezuela.-

Me quedé con las ganas de seguir leyendo cuando llegué al final de tu entrevista . Eso dice bastante . Te beso .- Edgar.-

19/12/08

 

manuel barreto m

LA LITERATURA COMO TAL ES UTIL. . . PERO SI LA PALABRA DEJA DE SER SAGRADA NO SERVIRIA ABSOLUTAMENTE PARA NADA. SIENTO QUE ES ASI, OJALA LAS UTOPIAS NO SE APARTEN DE NUESTRAS ALMAS.

16/12/08

 

Francisco Vargas V.

Charallave

Mujer como Tû, no he conocido. Bella por fuera y por dentro De ti mana ese alimento que alivia mi sufrimiento Dios bendiga tu mano, tu estampa y tu talento. Linda perla nacarada amiga y camarada

11/12/08

 

graciela

Barquisimeto

Felicito a Stefania Mosca, Leo con frecuencia sus articulos y siempre he admirado la fuerza sus palabras y frases con las cuales inicia sus escritos, muy buena escribiendo.

10/12/08

 

María Elvira González

Maracay- Aragua

Admiro el trabajo literario de SM , pero prefiero comentar hoy la excelente entrevista: En concreto sobre el hábito de leer y la distribución de materiales , partes importantes de un "País de lectores" . Aprovecho el espacio que nos abre SM y la Feria para añadir que hemos avanzado mucho, pero aún queda un trabajo multidisciplinario que debe ser planificado integral y permanente con escuelas, padres, libreros, escritores..El tema de los libros de otros países pasa por el sentido mercantilista y/o carente de elementos de juicio-aún de su propio mercado- de quienes escogen que traer. Exponer a niños, adolescentes y adultos al material de lectura debe hacerse sobre bases regulares y no solamente en ferias. Bibliobuses siguen siendo buen recurso,También ibliotecas de barrio si son abiertas, amigables con buenos criterios de escogencia. Promover escritores y sus obras es recurso interesante si se hace regularmente en diversas localidades y regiones.

09/12/08

 

Eliseo Peralta Perozo

¿Por qué no comenta que cuando estuvo al frente de la Biblioteca Ayacucho botó a todos los que firmaron contra Chávez? ¿Forma parte eso de la planificación, coordinación, cohesión?

08/12/08

 

Yolanda

caracas

Muy linda entrevista, me parece estarla oyendo!

08/12/08

 

juan b.oropeza o.

Cua, Edo.Miranda

Leyendo esta entrevista a persona tan sensible, entiendo el porque estoy atado siempre a sus articulos. Stef- eres bella fisicamente pero lo eres màs aun del alma. Q,D,T,G.

06/12/08

 

Nora Rincon

Caracas

Stefania, tambien estudie Letras, en la epoca en que lo hiciste, pero creo que apenas coincidimos en poquisimas materias. A pesar de ello, te recuerdo, y me encanta que el transcurrir de los anos (disculpa lo cercano a la escatologia, jajajaja, en este momento estoy escribiendo en un teclado frances) nos haya puesto en la misma trinchera politica). Ojala contestes mi correo y podamos hablar personalmente. Un abrazo revolucionario, Nora

06/12/08

 

Lucinda Fiébenez

La Guaira, Edo. Vargas.

Fabulosa profesional; pero antes debo destacar que es una extraordinaria persona. Bellísima. Cada vez que me acerco a sus contenidos descubro el alumbrar de las estrellas ocultas en sus palabras, ¿cómo enseña?. Es rico sentirse discípulo cuando las lecciones traspasan la vida misma. Se queda uno conversando hacia adentro. Nos empuja a un torbellino de preguntas que obliga el ejercicio de pensar. Mil gracias , que las riquezas del vivir siempre te acompañen. Abrazos, Lucinda Fiébenez.

05/12/08

 

Giomar Salas Brito

Puerto La Cruz, Venezuela

El esatdo deberia desarrollar un sistema de información a través de la televisión y la radio sobre la existencia de tanta gente hermosa y valiosa que existe en este pais..Esto ayudara a sentirnos orgulloso de nuestro getilicio. Coozcamos la gente valiosa de este pais

03/12/08

 

jorge osorio

maracay

tremenda profesional esta dama a quien desde aqui la ciudad jardin le deseamos exitos que sabemos de antemano su profesionalismo y gran talento siempre conseguira

02/12/08

 
República Bolivariana de Venezuela - A.C. CONTRACORRIENTE MMXXI