PRÓLOGO
En los próximos capítulos voy a relatar, de una forma sencilla y quizás poco académica, los recuerdos de un joven que vivió los dramáticos días de la guerra civil española y que, al relatarlos, nos habla también de los recuerdos de su niñez y de los de las décadas de los años 30 y 40, por cierto muy agitadas, en las que le tocó vivir su juventud.
De cómo llegaron a mí estas confidencias creo que no tiene mayor importancia para el lector, pero lo que sí puede interesarle saber es que son originales, íntimas y sinceras y que reflejan el pensamiento, el estado de ánimo, la moral y la actitud ante la vida de un joven de aquella época; es decir, que no han sido retocadas para acomodarlas a cambios de puntos de vista o al imprevisto desarrollo de acontecimientos posteriores. En todo momento, procuré respetar la interesante y, a mi juicio, valiosa exposición de nuestro joven, que conoceremos bajo el nombre de Antón Dopazo, la cual, con todas sus inmadureces y fallas, puede constituirse en un aporte para ayudarnos a comprender sus pensamientos, emociones y actuaciones; es decir: su vida. Y si consideramos que esta vida, con las lógicas y comprensibles diferencias, puede ser parecida a la de muchos jóvenes que les tocó vivir la misma época, es también posible que nos ayude a comprender ésta, que, precisamente, por ser rica en acontecimientos trascendentales y polémicos ha sido motivo de muchas falsedades y tergiversaciones por apasionamientos, las más de las veces, mal intencionados.
Si de esta lectura se desprendiese una mayor y mejor comprensión de los acontecimientos que afectaron a millones de personas, me daría por satisfecho. En cualquier caso pido la benevolencia del lector para los personajes de este libro que, aunque con nombres ficticios, fueron los protagonistas de los hechos reales aquí relatados. Todas y cada una de las descripciones son producto de la memoria de nuestro joven confidente, que las conservó como un bagaje íntimo a través de los múltiples avatares de la vida, hasta que un día abrió las arcas de sus recuerdos y me hizo depositario de los mismos.
En honor a la confianza en mí depositada debo ser muy respetuoso de la misma y para ello nada mejor que ser un fiel expositor del relato para que, de esta forma, cada personaje sea tal cual como me fue presentado. Por ello, personalmente, no planteo ni su aceptación ni su rechazo y, mucho menos, su actualización. Son hechos desarrollados en una época determinada que estando tan distantes en el tiempo, serían, de desarrollarse en la actualidad, vistos con otra perspectiva. Solamente el lector, al interesarse por esta historia, tendrá el derecho de analizar y juzgar a los personajes de este libro.
El autor