Enviado por Alexis Espinoza
José Rodríguez Iturbe, el ministro de Relaciones Exteriores del efímero gobierno de Pedro Carmona Estanga, alertaba hace 10 años sobre el lavado de cerebro a la población venezolana por parte de Radio Caracas Televisión para debilitar a los partidos, tomar el poder e instaurar "un modelo cultural-político eminentemente liberal-fascista".
No había lugar para escapismos, banalidades, cretinismos sociales. Pero las oligarquías económicas y políticas ni aprenden, ni rectifican. Insisten, con necedad suicida, en rutas que imaginan como hábiles, siendo, en realidad, vías de tragedia social.
La oligarquía es cobarde. Teme a las convulsiones en el seno de la comunidad. Procura no acercarse jamás a los escenarios de combate. Y si se acerca, deja en la carrera a sus muertos y heridos en el campo de batalla. A pesar de su infantil apoliticismo, esa plutocracia sabe que el caos la devoraría a ella antes o a la par que a los políticos. La plutocracia busca cómplices, instrumentos conscientes o inconscientes; pero casi nunca se arriesga directamente al protagonismo.
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Nuestro caso no es un hecho aislado, ni original. No es, en efecto, la primera vez que las multitudes sufren un lavado de cerebro planificado, una masificación inconveniente. Debe recordarse, sí, que cuando tal acción se ha operado las poblaciones masificadas y manipuladas han producido hechos trágicos, contrarios a la dignidad del hombre. ¿Qué pensaba la mayoría de la población de Alemania de la población judía del país, cuando la propaganda masificante del nazismo hitleriano los demonizó y por la vía del odio condujo a la Noche de los Cristales? Radio Caracas TV, por ejemplo, llegó a presentar el atentado contra Antonio Ríos (23 de septiembre de 1992) como un hecho no sólo no censurable sino acuerpado por el respaldo de la opinión popular. Lo hizo a través de una novela de alto raiting y de “encuestas” de dudosa estirpe. La banalización de la crisis y la masificación provocada y mantenida del odio al estamento político por parte de la oligarquía plutocrática vinculada a los medios de comunicación social no utilizó eufemismos: hubo incitaciones públicas al saqueo de las casas de los parlamentarios y un alto ejecutivo de una televisora llegó a regodearse en la mención analógica, reiterada, macabra y morbosa en sus escenas, de las ejecuciones por la horca ante acusaciones de corrupción en Afganistán. Tal es la línea de los oligarcas que se consideran a sí mismos como los amos del valle: son los que piensan que eliminando el estamento político del país, ya no existiría obstáculo para la imposición de un modelo cultural-político eminentemente liberal-facista en la sociedad venezolana.
Luego del 27 y 28 de febrero del 89 Tomado de “Repensar la política”. El Centauro Editores. Caracas, 1997. Páginas 255, 256 y 259.