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“Si recordar es vivir”, como bien lo diría una gaita del inolvidable Astolfo Romero, la nostalgia embargaría infinidad de corazones, sobre todo la de nuestros abuelos, quienes hoy en día escuchan sus canciones de antaño, transformadas y convertidas en reguetones, salsa, champeta, pop, merengue o baladas. Es increíble imaginar cuantos jóvenes critican a sus viejitos diciendo: ¡Eso paso en tus tiempos, ahorita no! Pues sí, es verdad.
En aquel entonces todo era de película. Los hombres portaban una vestimenta elegante, sofisticada, lo mejor del momento, con sus sombreros blancos y negros, esos zapatos brillantes que no podían estar ni en lo más mínimo manchados, las chaquetas o el pantalón de vestir bien planchadito, y sobre todo, una rosa para las damiselas al pasar.
Las mujeres, adornadas desde la punta de los pies hasta el último de sus cabellos de las más brillantes piedras y diamantes preciosos para sorprender a sus caballeros, y las invitaciones a cenar, sólo hasta las diez de la noche, ya que para después era muy tarde.
Una serenata, las famosas flores rojas, un gesto de amor, una carta que parecía un testamento de las mil y un líneas escritas, todas con olor a perfume, los diarios donde las memorias dejaban evidencia de las historias más románticas, y las fotografías en blanco y negro de las familias, las cuales eran súper numerosas, llenas de tatarabuelas, abuelas nietos, bisnietos y pare de contar…
Un tiempo puro, casi sin maldad, quedó en el recuerdo de aquellos que vivieron una época de oro imborrable, que dejó huellas en la historia zuliana, marcando con gran añoranza momentos especiales difíciles de retornar.
periodistamccm@hotmail.com
Venezuela
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