|
|

Con este encabezamiento prestado a Luís Beltrán Prieto Figueroa, me adentro en el camino de reconstruir los pasos, de una estridencia rabelesiana que fue cobrando cuerpo hasta convertirse en esta “Casa de Alejandría”.
Hace 18 años todos los soñadores del siglo que acaba de fenecer, se dieron cita en el patio de la vieja Hilda Álvarez, para hablar, recitar y escribir, lo que sería la primera institución horizontal de la cultura nacional: el Ateneo de Carora “Guillermo Morón”.
Sobre el autor de “El Gallo de las Espuelas de Oro”, origen oculto de la historia de los desarrapados de esta comarca, se ha dicho de todo, para nosotros sus amigos: Guillermo Morón es un avanzado, que le tocó por desgracia vivir en el siglo XX venezolano. Mientras pasa este “Cono de sombras”, el lenguaje de Guerrero, seguiremos cultivando sus enseñanzas.
Para nuestro máximo humanista. Luís Beltrán Guerrero, su portentosa obra en prosa y en verso, sirve para llenar la abundante cultura castellana. Desde Bello y Baralt, Venezuela no había producido un clásico tan completo. Así como Bello es padre de la chilenidad, el autor de “Perpetua Heredad”, es el padre de todos nosotros que es decir el país imaginario de las próximas centurias.
Honrar a estos venezolanos, por su dedicación a las letras y al magisterio, con preseas y palabras bien hilvanadas, como corresponde al cuidado de la lengua, que debe imperar siempre, es romper contra el mal gusto y el desprecio por quienes cultivan la palabra oral y escrita.
Jesús Antonio Herrera, José Ángel Ocanto, Cécil Álvarez, Jesús Meléndez, Jesús Enrique León, Fernando Briceño y Franklin Piña; a partir de hoy vivirán en el Monte Atos donde habita el búho de Minerva; para que con el cultivo de la más alta de las artes, nos iluminen en estas horas tan aciagas para el “ser” venezolano.
Para la casa de los neo-helenos, como Kavafis y Kassansakis; mantener estas cuevas de Qumra para el análisis y la invocación de Polimnia, será motivo para vivir ascetamente, por trascendentes ideales heredados de Ildelfonso Riera Aguinagalde y Chío Zubillaga Perera, subvertidores del orden de mi especial afecto.
Convocar a: Raúl Prieto Castillo, Frank Montes, Ramón Pérez Linares e imponerles la orden Luís Beltrán Guerrero; es una muestra de civismo que busca reconocer a connacionales librados del egoísmo y la estulticia que caracterizan a la actual sociedad venezolana; dedicada al epicureismo que nos permite la abundancia de dracmas y petacones.
Para el tiempo por venir, nos ofrecemos a servir de puente, para la transición que se aproxima. La globalidad y la mundialización, además de acercarnos a las nuevas tecnologías y ayudar a insertarnos en la economía virtual; también nos amenaza con homogeneizarnos y aplanarnos, borrando nuestras peculiaridades simbólicas; pasemos por debajo de la mes ante el consumo desmedido que nos lleva a ser nuevamente la bestia hobbesiana, del lobo del propio hombre. La palabra y sus cultores pueden levantarse como muros de la emancipación futura.
Cuando ya no existamos, estos jardines griegos, sobrevivirán en la mente de los hombres, y en sus espacios anidarán como estelas la energía eterna, de los que la ocuparon y los que vendrán; en sus lenguajes de todas las gramáticas, subsistirán para señalar el camino a este género humano, creado a imagen de la Castilla Manchega.
Déjanos Tu Comentario
|