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Es indudable que en Venezuela se han producido muchos milagros: algunos trascendentales, otros históricos, otros ideológicos, pero el milagro que yo he contemplado y que no sé como calificarlo es el del encuentro a través de la televisión de un lugar en vivo, de cultura, de actualidad, de divulgación, de acontecimientos que interesan a uno de los más olvidados personajes de nuestra comunidad, como lo es el "lector". Desde los tiempos en que Alejo Carpentier nos ensanchaba el espíritu con su columna de "El Nacional" en la cual nos aportaba las novedades bibliográficas que aparecían en el mundo y, posteriormente, Arturo Úslar Pietro se permitía informarle a "sus amigos invisibles" sobre lo nuevo y lo viejo del pensamiento ilustrado, habíamos perdido la orientación actualizada que un medio de comunicación de masas puede otorgar a nuestra permanente sed de lectura.
Un día nos percatamos de que se habían encendido nuevamente luces para el espíritu. Se trata de "La Librería Mediática": una bella mujer inteligente y aguda; un equipo bien preparado para asistirla; una temática siempre renovada nos ofrecen la otorga de esa información cultural que solo puede dar el especialista. Pensábamos ya que la televisión había quedado relegada a esas secuencias sin huellas que son las noticias diarias; a esos programas espinosos que son los llamados "de opinión", o bien, a la frivolidad del género de variedades que pareciera ser el elemento predominante de los canales privados. Para ver cosas más serias, era necesario irse al campo de los "enlatados" para conocer del desarrollo de temas, zoológicos, de material geográfico o de divulgaciones científicas.
La televisión venezolana como medio ilustrativo y de entretenimiento no ha avanzado mucho ya que, independientemente del ámbito noticioso y de las telenovelas, su única creatividad radica en las celebraciones de algunos eventos vinculados con la farándula.
En todo este ambiente, un programa como "La Librería Mediática" que nos habla del contenido de los libros; de la personalidad de sus autores; de las nuevas corrientes literarias que surgen; de los movimientos culturales a los cuales podemos acercarnos; que nos sirve de guía para las nuevas adquisiciones, resulta algo extraordinario y hermoso.
Hay que saludar una iniciativa como esta y propiciar que se hagan cada vez más frecuentes las presentaciones y que sean en vivo, y que promuevan concursos, como lo están haciendo: concursos poéticos y literarios que vinculen al espectador con el presentador; al lector con el autor y al público en general de la Venezuela que ama la cultura con aquellos que dedican sus días a modelarla pacientemente.
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