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Espada, verbo, patria, gallardía. Cóndor, relámpago, turbión, santuario. Apóstol, huracán y visionario. Monte, sendero, llano y serranía. Torrente, sol delirio y valentía. Soldado, capitán y temerario. Coraje, guerra, paz, humanitario. Río, volcán, remanso y alquería. Carabobo, Pichincha, Boyacá. Chimborazo, clarín y derrotero. Proclama, bronce, gloria, Bomboná. América, la Patria, Caballero. Caracas, Lima, Quito, Bogotá. Padre, Libertador y Mensajero.
Llama de eternidad en cada altura, Caballero implacable de la gloria, en ti la patria es bronce por tu gloria y antorcha desplegada en tu bravura. Testigos: Carabobo y Angostura, Pativilca y Junín y La Victoria y el mundo que renueva tu memoria desde el páramo audaz a la llanura. Porque en el pulso americano vive tu sangre de raigambre y fortaleza que fulge con los siglos y pervive. Y en tu lección de patriarcal grandeza se ilumina tu nombre y sobrevive con la huella tenaz de tu firmeza.
Autóctono crisol americano, centinela y baluarte de Los Andes, donde tu espada hacia la gloria blandes para inflamar el corazón indiano. Tu acento repercute en nuestro Llano junto a la lumbre que en el mundo expandes, cuando en tus luchas con lirismo escandes la fragua encallecida de tu mano. Resonará tu gloria en las montañas desde el troquel del vendaval andino hasta el clamor del mar y sus entrañas. Y afianzará la patria su destino, renovada al fragor de tus hazañas, mientras vibre tu espada en el camino.
Te pedimos nos ayudes a salvar nuestra palabra, a captar los latigazos del instante, a no perder la capacidad de reacción, a creer en la insurrección como garantía de los pueblos, a presenciar todas las agonías, a confirmar que la civilización no es más que una injusticia armada. A recordar que nadie es la patria, ni América, ni tú, ni nadie, sino todos, jineteando sueños como el barco ebrio perdido entre los mares, en espera de aquella aurora, cuando, “armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades”. A saber que “hacia la esperanza nos conduce tu sombra, el laurel y la luz de tu ejército rojo a través de la noche de América con tu mirada mira. Tus ojos que vigilan más allá de los mares, más allá de los pueblos oprimidos y heridos, más allá de las negras ciudades incendiadas, tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace: tu ejército defiende las banderas sagradas: la Libertad sacude las campanas sangrientas, y un sonido terrible de dolores precede la aurora enrojecida por la sangre del hombre”.
“Libertador: empieza de nuevo tu conquista sobre los mismos Andes y otro imperio opresor, somos el pueblo altivo de la altiva sonrisa y el oro lo llevamos dentro del corazón. ¡Libertador, despierta! América está lista. Más de cinco repúblicas en un solo clamor: La América insurrecta, la América insumisa reclama nuevamente tu espíritu veloz. Libertador, levanta tu espada libertaria, únete con Cauthemoc, consulta en Popol Vuh; una raza mestiza por la andina montaña busca entre las tinieblas tu lanza y tu laúd. ¡Abandona tu lecho en la Quinta Samaria, ya se escuchan los hombres de Túpac Amaru!”
pablumbre@hotmail.com
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