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Locos y Locainas se sueltan para celebrar por toda Venezuela

ABN, cultura

Publicado el 29/12/2008

El 28 de diciembre, el mundo cristiano conmemora el episodio histórico y religioso conocido como el Día de los Santos Inocentes, cuando el rey Herodes ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), al recibir la noticia de que había llegado al mundo el Mesías, el que le arrebataría el trono: Jesús de Nazaret.

Pero este día, también es ocasión para hacer bromas a familiares y amigos, para hacerlos “caer por inocentes”. En Venezuela además, se celebran en varios lugares del país (Centro, Oriente y Occidente) las Fiestas de Locos y Locaínas.

Aunque no existe una referencia histórica precisa del origen de esta Fiesta, se dice que durante la Edad Media, se introdujeron a la conmemoración religiosa del Día de los Santos Inocentes, ritos paganos de danzas y burlas que terminaron por conformar una nueva tradición.

“En Francia se celebraba con mucha alegría 'la fiesta de los locos'. Los jóvenes se vestían de mujeres o usaban trajes al revés, se mofaban del prójimo. Consistía en una mezcla de ritos religiosos y paganos que a veces degeneraban en serios excesos, por lo que fueron prohibidas y más tarde reglamentadas o limitadas. Por medio de la máscara y la danza la gente pagaba promesas. Durante mucho tiempo estuvo identificada a ritos agrarios en los que no estuvo excluido -como en Alemania- la flagelación” (del libro de Joan Soler y Amigó, Nadal Catalá,1995).

Asimismo en España, según los historiadores, la Locaina es una fiesta bastante vieja.

Dice Gutiérrez Macía, que en Cáceres, Extremadura, 'los jóvenes de la aldea recorren las calles para molestar a la gente'. También habla de esas fiestas el señor García de Diego. “En Ecija, Sevilla, se oyen desde hace siglos el tamboril y la gaita de los locos. Son doce, a los que hay que agregar una loca, que no es otra que 'un robusto muchacho con zagalejo y chaquetilla, grandes pulseras y zarcillos de latón dorado... Los danzantes llevan sonajeras y castañuelas... Por la noche un banquete pone punto final a las 24 horas de locura'.

Así, a través del tiempo, la Fiesta de los Locos o Locainas fue sufriendo modificaciones e incorporando influencias de origen divino y pagano.

En Venezuela fueron reinterpretadas por los indios y los negros, creando así versiones libres que mezclan lo divino y lo humano, el humor y la religión.

En distintos pueblos venezolanos se celebran las fiestas de los Inocentes. Según Domínguez Salazar y Quijada dichas fiestas se cumplen en Coro, Puerto Cumarebo, Tocopero, Moruy, Santa Ana, Buena Vista, Pueblo Nuevo y Dabajuro (Falcón); El Pilar de la Costa y Caicara de Maturín (Monagas); Curiepe, Chirimena y los caseríos de Barlovento, Chuspa, Todasana, La Sabana, Naiguatá y Agua Blanca (Miranda); Carora y Barquisimeto (Lara); Calabozo (Guárico), San Cristóbal, Lobatera, Capacho, La Grita, y Seboruco (Táchira); Valera, Carache, Pampán, Pampanito y Boconó (Trujillo), entre otros.

La celebración de Los Locos de La Vela de Coro (Falcón) comienza con la víspera, donde sale la Mojiganga a visitar todo el pueblo y señalar las casas donde al siguiente día, el 28 de diciembre, Los Locos deben hacer sus paradas.

Durante la Fiesta, los hombres que se visten de mujer realizan espectaculares desfiles callejeros con trajes especiales y máscaras. Las Locainas también se hacen sentir, con indumentarias estrafalarias conocidas como “mamarrachos” y con máscaras y pintura en el rostro, en algunos casos.

En Caicara de Maturín (Monagas), se realiza la festividad El baile del Mono. De procedencia indígena, está emparentado con las ceremonias practicadas antiguamente por los grupos chaimas, de origen Caribe, con el fin de obtener buenas y abundantes cosechas. Las comparsas se caracterizan por sus originales disfraces en los que se destaca la creatividad de los diferentes personajes.

Asimismo, La fiesta de Los Zaragozas toma Sanare (Lara). Una manifestación que también pertenece a la celebración de los Locos y Locainas, pero que por alguna razón, en esa zona y en el estado Guárico adquirió nombre propio.

Esta festividad se inicia a primeras horas de la mañana de cada 28 de diciembre, cuando hombres del pueblo, disfrazados con máscaras y vestimentas de múltiples y llamativos colores, muchos de ellos alusivos a la figura femenina, se congregan en la casa de la capitana del baile.

La capitana se encarga de organizar un altar en un espacio abierto de su casa, donde les brinda café, agua y comida a los Zaragozas. En esta casa, se reúnen músicos, artistas y cantantes populares encabezados por el Capitán Mayor, responsable del cuadro simbólico y portador de la bandera alusiva a esa festividad.

Luego de entonar la canción popular La Salve y de haber rezado oraciones frente a un improvisado altar, los Zaragozas se dirigen a la iglesia de San Isidro y de Nuestra Señora de Santa Ana a escuchar la primera misa del día.

Una vez que culmina la misa, salen a recorrer las calles del pueblo detrás de la imagen del Santo de Los Inocentes. Una gran cantidad de personas disfrazadas de Zaragozas y visitantes que acuden a esta fiesta lo hacen para cumplir promesas por niñas y niños curados de salud o que aspiran a ser curados, entre otras demandas para los más jóvenes.

Los Zaragozas bailan al compás del tamunangue, entonan y bailan la principal y popular canción del folklore larense llamada ¡Ay Zaragoza! Al final de la tarde, vuelven exhaustos a la casa de la capitana a realizar la actividad conocida como El Encierro, el cual consiste en hacer las últimas oraciones y rezos, como señal de culminación de esta fiesta popular.