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AMAUTA: "Muchos historiadores atribuyen el éxito de los Incas a un pequeño grupo de mentores -- los Amauta -- quienes formaban a los líderes incaicos con el fin de facilitar la sinergía grupal y la conciliación intergrupal. Los Amauta fueron consejeros y guías de confianza que desarrollaron nuevas y creativas metodologías para facilitar el aprendizaje y los procesos de cambio social en las nuevas comunidades."
El pasado 12 de junio 2005 la Asamblea Nacional, por unanimidad, rindió homenaje a José Carlos Mariátegui “el singular revolucionario peruano que falleció el 16 de abril de 1930 a la edad de treinta y seis años.” Para evidenciar la importancia y significación del “amauta”, por resolución de la Asamblea Nacional se emitió un manifiesto y se organizaron actos, exposiciones, recitales y el estreno de una obra musical. Sin embargo, aunque “la obra de José Carlos Mariátegui se caracteriza por su originalidad de pensamiento, por su fuerza de expresión y por su honda riqueza de tradición en el pensamiento democrático radical y antiimperialista de América Latina” no logró concitar a la atención periodística, más interesada en cubrir eventos de otro tipo, como el circo mediático que levantó en esos días en relación al juicio contra Michael Jackson. Es que difundir el pensamiento y obra de Mariátegui, no es conveniente, aunque su vertiginoso paso por la vida haya sido impactante y trascendente. José Carlos Mariátegui logró vencer las adversidades que le impuso la vida, partiendo de una infancia difícil, con una grave enfermedad que lo discapacitó físicamente, consiguió transformarse en uno de los pensadores más destacados de todos los tiempos en América Latina, un gran maestro, un AMAUTA. Su vida duró solo 36 años, con una pierna amputada los últimos seis. Marxista revolucionario, atacó los problemas de la exclusion social de la mujer y del indio, viajó por Europa, sufrió cárceles y persecuciones, escribió mucho, fundó dos revistas, la Confederación General de Trabajadores de Perú y el Partido Socialista…y murió enfermo. La consigna orientadora, “Romper el cerco mediático”, no se refiere solamente a la manipulación de los hechos politicos cotidianos que son tergiversados por los grandes medios, sino también a la difusion de otros valores que son “mágicamente” evitados por la cultura y los medios tradicionales. Con algún retraso, ENcontrARTE rinde un modesto homenaje a este gran latinoamericano. El material que presentamos tiene carácter general sobre su figura y no pretende bajo ningún concepto adentrarse en rigurosos análisis de sus posiciones y reflexiones. Sus textos sobre la revolución latinoamericana y mundial han sido objeto de polémicas y comentarios de filósofos y pensadores revolucionarios de distintas tendencias y en internet existe abundante material para los interesados en profundizar sobre estos temas.
Aunque Mariátigui es reconocido en muchos círculos de militancia política revolucionaria, sus intereses y pensamientos se ocuparon también de la literatura y el arte del tiempo nuevo que le tocó vivir. Con claridad y sin necesidad de apelar a una rebuscada retórica intelectual, analizó y ubicó cada cosa en el contexto apropiado. Sus referencias a las implicaciones sociales del arte en general y sus comentarios y valoraciones sobre los movimientos o las tendencias en boga, fueron continuas: La importancia que Mariátegui le atribuye, por ejemplo, a la tarea de la difusión de la nueva literatura rusa, tanto en términos de traducción al español como de una crítica adecuada y oportuna, es una cuestión que se relaciona con su original aproximación al marxismo. Resulta que él está completamente convencido que las realidades sociales también pueden ser abordadas desde el punto de vista de la cultura y desde ese sector tan menospreciado en otras tradiciones marxistas que es la llamada «superestructura», en particular, el mundo de la creación literaria y de la ficción (25). En este caso, se trata de su convicción de que no se puede conocer la nueva Rusia de los Soviets sin conocer su nueva literatura. De allí que glose con fruición a Iliá Ehrenburg y, como algo que seguramente él mismo hubiese querido escribir, repita que «los extranjeros que no conocen la nueva literatura rusa no conocen a la nueva Rusia, pues sólo la literatura, al menos parcial o convencionalmente, podría hacerles comprender el proceso grandioso, más cercano de la Geología que de la política, que se opera en un pueblo de ciento cincuenta millones de almas» “Las nuevas corrientes artísticas son, como la teoría de la relatividad, un fruto de esta estación histórica.” "El hombre no puede marchar sin una fe porque no tener una fe es no tener una meta. Marchar sin fe es "patiner sur place". El artista que más exasperadamente escéptico y nihilista se confiesa es generalmente el que tiene más desesperada necesidad de un Mito. Los futuristas rusos se han adherido al comunismo; los futuristas italianos se han adherido al fascismo. ¿Se quiere mejor demostración histórica de que los artistas no pueden sustraerse a la gravitación política?... ...Así lo proclaman, con su conducta, Louis Aragon, André Bretón y sus compañeros de la "revolución suprarrealista", -los mejores espíritus de la Vanguardia francesa- marchando hacia el comunismo." “La historia es duración. No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. La revista Amauta constituye un hito insoslayable para comprender el pensamienmto revolucionario de latinoamérica. El material literario y politico que pasó por sus páginas constituye un patrimonio invalorable y una referencia. Casi todo lo que escribió Mariátegui en aquel primer editorial de presentación podría ser suscrito por ENcontrARTE. Podríamos tambien afirmar por ejemplo, que somos hombres “con una filiación y una fe. Lo mismo que esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna.”
Presentación de Amauta
Esta revista en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida, de renovación. A los autores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios, etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas. Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento -intelectual y espiritual- adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de Amauta entra en una fase de definición. Amauta ha tenido un proceso normal de gestación. No nace de súbito por determinación exclusivamente mía. Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista. Dolorosas vicisitudes personales no me permitieron cumplirlo. Pero este tiempo no ha transcurrido en balde. Mi esfuerzo se ha vinculado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí. Hace dos años, esta revista habría sido una voz un tanto personal. Ahora es la voz de un movimiento y de una generación. El primer resultado que los escritores de Amauta nos proponemos obtener es el de acordarnos y conocernos mejor nosotros mismos. El trabajo de la revista nos solidariza más. Al mismo tiempo que atraerá a otros buenos elementos, alejará a algunos fluctuantes y desganados que por ahora coquetean con el vanguardismo, pero que apenas este les demande un sacrificio, se apresurarán a dejarlo. Amauta cribará a los hombres de la vanguardia -militantes y simpatizantes- hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración. No hace falta declarar expresamente que Amauta no es una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y un arte agnósticos. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas. En el prólogo de mi libro La escena contemporánea, escribí que soy un hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista, que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo lo que no traduce ideología alguna. Para presentar Amauta, están demás las palabras solemnes. Quiero proscribir de esta revista la retórica. Me parecen absolutamente inútiles los programas. El Perú es un país de rótulos y etiquetas. Hagamos al fin alguna cosa con contenido, vale decir con espíritu. Amauta por otra parte no tiene necesidad de un programa; tiene necesidad tan sólo de un destino, de un objeto. El título preocupará probablemente a algunos. Esto se deberá a la importancia excesiva, fundamental, que tiene entre nosotros el rótulo. No se mire en este caso a la acepción estricta de la palabra. El título no traduce sino nuestra adhesión a la raza, no refleja sino nuestro homenaje al incaísmo. Pero específicamente la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez. El objeto de esta revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideraremos siempre al Perú dentro del panorama del mundo. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo. Nada más agregaré. Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta de que al Perú le nace en este momento una revista histórica. Primera edición: Amauta Año I, No 1. Lima, setiembre de 1926.
A continuación se presenta una selección de textos – documentos o artículos – que ilustrarán a los lectores sobre la vida y obra de este gran latinoamericano: Elogio a Cervantes Mariátegui según Mariátegui / Apuntes autobiográficos José Carlos Mariátegui: Recordando al Gran AMAUTA del Perú Mariátegui, "Amauta" y la literatura rusa de la revolución de Carlos Arroyo Reyes En el décimo aniversario de la muerte de José Carlos Mariategui de Enrique Espinoza Mariategui: Un resplandor en el abismo de Gustavo Espinoza Cronología de la vida de José Carlos Mariategui Recomendamos especialmente:
Una lengua, Gesta de aventureros, hijodalga porfía Cervantes tuvo para su tristeza imprecisa
Mariátegui según Mariátegui: Apuntes autobiográficos De la carta de fecha 10 de enero de 1927, enviada por J.C. Mariátegui al escritor Enrique Espinoza (Samuel Glusberg), director de la revista "La Vida Literaria", que aparecía en Buenos Aires, y publicada en su número del mes de mayo de 1930, en homenaje a Mariátegui Tomado de la 35ava edición
"Aunque soy un escritor muy poco autobiográfico, le daré yo mismo algunos datos sumarios. Nací el 95. A los 14 años entré de alcanza-rejones en un períodico. Hasta 1919 trabajé en el diarismo, primero en " La Prensa" , luego " El Tiempo", finalmente en "La razón". En este último diario patrocinamos la reforma universitaria. Desde 1918, nauseado de política criolla, me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo. De fines de 1919 a mediados de 1923 viajé por Europa. Residí más de 2 años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países. Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa época señalan las estaciones de mi orientación socialista. A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la federación de estudiantes, en la Universidad Popular, artículos, etc., expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de la realidad nacional, conforme al método marxista. en 1924 estuve como ya lo he contado, a punto de perder la vida. Perdí una pierna y me quedé muy delicado. Habría seguramente ya curado del todo con una existencia reposada. Pero ni mi pobreza ni mi inquietud espiritualme lo consienten. No he publicado más libros que el que Ud. conoce. Tengo listos dos y en proyecto otros dos. He aquí mi vida en pocas palabras. No creo que valga la pena hacerla notoria; pero no puedo rehusarle los datos que Ud. me pide. Me olvidaba: soy un autodidacto. Me matrícule una vez en letras en Lima, pero con el solo interés de seguir el curso de latin de un agustino erudito. Y en Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme nunca a perder mi carácter extra-universitario y, tal vez, si hasta anti-universitario. En 1925 la Federación de Estudiantes me propuso a la Universidad como catedrático de la materia de mi competencia; pero la mala voluntad del Rector y, seguramente, mi estado de salud, frustraron esta iniciativa".
José Carlos Mariátegui : Recordando al Gran AMAUTA del Perú José Carlos Mariátegui nació en Moquegua, el 14 de junio de 1894, en una familia muy modesta. Sus padres fueron María Amalia La Chira Ballejos y Francisco Javier Mariátegui Requejo. Tuvo dos hermanos: Guillermina y Julio César. Su padre abandonó el hogar siendo José Carlos muy niño; la madre, para mantener a sus hijos, se trasladó a Lima. Fuente: http://www.adonde.com/historia/1930_mariategui.htm
Mariátegui, "Amauta" y la literatura rusa de la revolución Mariátegui también introduce otras no menos iluminadoras: «Blok», «Esenin», «Maiakovski», «Bábel», «Gladkov», «nuevo romanticismo», «realismo proletario». Esta situación se aprecia en los artículos que escribe para Mundial y Variedades, donde el tema de la literatura rusa de la revolución ocupa un lugar tan importante como el futurismo italiano, el expresionismo alemán o el surrealismo francés, y motiva algunas de sus páginas más bellas y sugerentes. Dentro de ellos, se pueden mencionar sus semblanzas sobre León Trotski y Anatoli Lunacharski, su ensayo sobre Iliá Ehrenburg, los artículos que dedica a los poetas Alexandr Blok y Serguéi Esenin, y sus comentarios sobre las novelas de Máximo Gorki, Lidia Seifulina, Leonid Leónov, Fedor Gladkov, Konstantín Fedin, Nicolás Ognev y Alexandr Fadéiev (28). Lo mismo se descubre en los diversos números de Amauta —la revista que Mariátegui funda en 1926—, donde los cuentos de Isaak Bábel, para tomar sólo a uno de los exponentes más sobresalientes de la nueva literatura rusa, tienen un espacio tan importante como los dibujos del expresionista George Grosz, los textos del surrealista André Breton o las novedades de las vanguardias artísticas europeas en general. Los otros narradores rusos que son traducidos y publicados en esta revista son Boris Pilniak y Miguel Zoschenko. Además, en Labor, que aparece como una proyección editorial de Amauta, se empieza a publicar, a manera de folletín, la novela Cemento, de Fedor Gladkov. A lo anterior también hay que sumar los ensayos de Iliá Ehrenburg y Anatoli Lunacharski sobre el proceso de la literatura rusa de la revolución que Amauta incluye en sus páginas (29). Otro tanto ocurre en las tertulias que Mariátegui anima en su casa, en el jirón Washington, en el acogedor «rincón rojo», donde, además de Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, Erich Maria Remarque, Óscar Wilde, Bernard Shaw, Igor Stravinski, Pablo Picasso o los surrealistas, también conversa de Anatoli Lunacharski, Iliá Ehrenburg, Boris Pilniak, Alexandr Blok o Vladímir Maiakovski (30).
En el décimo aniversario de la muerte de José Carlos Mariategui Hasta la fundación de “Amauta”, revista hispanoamericana de orientación social, que sirvió principalmente para revelarnos a su propio director, José Carlos Mariátegui, nuestro idioma carecía de un verdadero teórico revolucionario. Cierto que, al promediar el siglo pasado, había salido del mismo Perú: Flora Tristán; de Cuba: Pablo Lafargue; y más tarde de Venezuela: Daniel de León. Pero ninguno de los nombrados, y hoy renombrados, llegó, por razones fáciles de explicar, a escribir en español. A principios de este siglo, el argentino Juan B. Justo, antes de componer ‘“Teoría y Práctica de la Historia”, tradujo al castellano el primer tomo de El Capital, no obstante disentir fundamentalmente del marxismo. Bernsteiniano hasta la médula, el doctor Justo determina la corriente pequeño burguesa del Partido socialista, que fundaron con él en Buenos Aires algunos emigrantes alemanes bajo la directa inspiración de Engels, en 1895. Dicha corriente -bastante estática, después de todo- sólo brinda en ambas orillas del Plata una larga serie de oradores más o menos inflamados, sin superar ni siquiera el romántico “Dogma Socialista” de Esteban Echeverría. En España, tan cara al espíritu de Marx, no se da tampoco, desde Pablo Iglesias hasta Julián Besteiro, un teórico revolucionario. Así es que José Carlos Mariátegui viene a ser en verdad el primero que merece el título de escritor marxista en castellano. Y tal vez el único. A la entrega inicial de “Amauta” precedieron estas palabras suyas, definitivas: “Habrá que ser muy poco perspicaz para no darse cuenta que al Perú le nace en este momento una revista histórica”. Todos, hasta algunos de sus adversarios ideológicos más conspicuos, se dieron cuenta en el acto de la conciencia que entrañaba tan justiciera apreciación. Porque “Amauta”, como insinuamos de entrada, era en primer lugar el mismo Mariátegui. Quien tocaba la revista, podía decir, parafraseando a Whitman, que tocaba a un hombre. Hay revistas que valen por la calidad de sus colaboradores o la inteligente disposición de sus materiales, y revistas cuyo más alto mérito está en el trabajo asiduo de su director. No tenemos por qué repetir que “Amauta” era de estas últimas, puesto que ya aseguramos que valía sobre todo por el aporte personal de Mariátegui. El Amauta Mariátegui, dijo alguien desde un principio, confundiendo al órgano con su organizador. Y así el nombre incaico al que la revista no daba mayor importancia en su acepción original, vino a ser también un título para su piloto. En “Amauta” aparecieron mes a mes, durante varios años, las mejores páginas de José Carlos Mariátegui. Gran parte de sus “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”; toda su “Defensa del Marxismo” y numerosos artículos sobre arte y literatura, además de varias notas anónimas, no menos valiosas. Tal vez valga la pena recordar en primer término una de ellas y su historia: La revista había sufrido un serio tropiezo con la policía de Lima y el director de “Amauta” explicaba a sus lectores el retraso en la aparición. Este era el motivo de la nota; un motivo cada vez más frecuente en el mundo actual y sobre el que se han escrito sin duda millares de artículos inocuos. Pero Mariátegui, que ponía su talento de escritor en cada línea salida de su pluma, añade de paso las siguientes palabras, que importa mucho recoger en su integridad para ubicarlo entre nuestros contemporáneos: “La época de la libre concurrencia, en la economía capitalista, ha terminado en todos los campos y en todos los aspectos. Estamos en la época de los monopolios, vale decir de los imperios. Los países latinoamericanos llegan con retardo a la competencia capitalista. Los primeros puestos están ya, definitivamente, asignados. El destino de estos países dentro del orden capitalista, es el de simples colonias. La oposición de idiomas, de razas, de espíritus, no tiene ningún sentido decisivo. Es ridículo hablar todavía del contraste entre una América sajona materialista y una América latina idealista, entre una Roma rubia y una Grecia pálida. Todos estos son tópicos irremisiblemente desacreditados. El mito de Rodó no obra ya -no ha obrado nunca- útil y fecundamente sobre las almas. Descartemos, inexorablemente, todas estas caricaturas y simulaciones de ideologías y hagamos las cuentas, seria y francamente con la realidad”. Hacer las cuentas franca y lealmente con la realidad, en vez de escamotear sus resultados tras los abalorios de la retórica escolar, he ahí lo que intentó Mariátegui, desde “La Escena Contemporánea” hasta su “Invitación a la Vida Heroica”, pasando por las páginas de “Amauta”, que habían de constituir su libro, “El Alma Matinal y Otras Estaciones del Hombre de Hoy”. La literatura no era para José Carlos Mariátegui una categoría independiente de la historia y de la política, sino una representación perdurable de éstas, que, al fin y al cabo, determinan en forma práctica el sentido social de la vida humana. Por eso no tuvo empacho en llenar buena parte de “Amauta” con toda clase de experiencias artísticas, tan discutibles por lo general, como los mensajes “idealistas” de Vasconcelos, Palacios y Haya de la Torre a las juventudes... (Sólo con este último, quizá por ser de su misma tierra, tuvo el director de “Amauta” ocasión de romper lanzas en una polémica resonante, de la que se recuerda todavía una frase cáustica contra la jefatura del APRA: “esa vedette prosopopéyica”). Pero se equivocan de medio a medio quienes, fundándose en las concomitancias literarias de “Amauta”, hacen ahora de Mariátegui una especie de precursor del frente-populismo entre nosotros. Sus libros y ensayos no permiten tal suposición. Por otra parte, una carta particular que hicimos pública en Babel, antes de su muerte, contiene el siguiente párrafo, que tampoco deja lugar a dudas. “Soy revolucionario. Pero creo que entre hombres de pensamiento neto y posición definida es fácil entenderse y apreciarse aún combatiéndose. Sobre todo, combatiéndose. Con el sector político con el que no me entenderé nunca es el otro: el del reformismo mediocre, el del socialismo domesticado, el de la democracia farisea”. Imposible, pues, invocar ahora, de buena fe, a un Mariátegui circunstancial, fingido según el cartabón de la ortodoxia imperante, para que sirva de modelo a los jóvenes amaestrados en la obediencia católica del credo quia absurdum. A deshacer este vergonzoso equívoco, en la medida de nuestras fuerzas, tienden las presentes notas de homenaje al gran líder e inolvidable amigo que murió cuando más falta hacía el ejemplo diario de su vida y de su obra. José Carlos Mariátegui era un hombre y un escritor sin dobleces. De humilde “alcanzarrejones” en la imprenta de un diario de Lima, llega a convertirse en su redactor principal. Pero poeta decadentista y estrafalario por obra del ambiente y de la época, no está seguro de haberse elevado de acuerdo con su propia índole. La vida bohemia no lo hace feliz. Se cree inútil, a pesar del talento que todos le reconocen. La revolución rusa lo arranca al fin de su sopor, como a muchos otros pequeños poetas en el mundo, haciendo de él a la distancia un gran líder, de su país primero, y de su continente después. Sobre sus mejores años de preparación y vagabundaje en Europa -Italia, Francia, Alemania- tenemos el testimonio de sus propias crónicas, reunidas a su regreso en “La Escena Contemporánea”. De su febril actividad espiritual durante el último lustro de su existencia en Lima, nos quedan los insuperables “Siete Ensayos”, “Amauta”, que contiene la versión integra de su “Defensa del Marxismo”, y los dos o tres libros dispersos, “Ideología y Política en el Perú”, “El Alma Matinal”, “Invitación a la Vida Heroica”, que el autor se proponía publicar en España, Chile y la Argentina. “Muchos proyectos de libro -escribió un día- visitan mi vigilia; pero sé por anticipado que sólo realizaré los que un imperioso mandato vital me ordene”. Y así fue. Porque, además, tanto como escribir le interesaba a Mariátegui poner en acción su pensamiento. En consecuencia, no obstante la enfermedad que lo tenía casi inmóvil en su sillón de ruedas y el rigor de un gobierno policíaco que no le ahorraba molestias, el director de “Amauta” vivía entregado por entero a la lucha política. Rodeado siempre al par que de intelectuales, de obreros y estudiantes, demostró ser un organizador formidable, a causa de su gran autoridad moral precisamente. El día de su entierro, el propio gobierno que lo había hostilizado y que apenas pudo sobrevivirle algunos meses, tuvo ocasión de ver el profundo cariño de que Mariátegui gozaba entre el pueblo trabajador de Lima, que acompañó su cadáver al cementerio cubriéndolo durante el trayecto de flores y de banderas rojas. Marx inició ese tipo de hombre de acción y de pensamiento, dice Mariátegui en su “Defensa del Marxismo”, refiriéndose a los líderes más inteligentes de la Revolución Rusa: Lenin, Trotsky, Bujarin, Lunacharsky, para detenerse en la obra de los dos primeros, sin nombrar siquiera el ícono en esta página, que concluye con un elogio verdaderamente magistral de Rosa Luxemburgo. Releyéndolo, no hemos podido menos que aplicar sus propios conceptos al mismo Mariátegui, que inaugura entre nosotros, como ya dijimos, un tipo semejante de teórico y hombre de acción. A diez años de su muerte, no ha surgido, desgraciadamente, ningún otro en esta parte de América, tan pródiga en “amigos de la URSS” y en “ventrílocuos” de las consignas más dispares de su amo todopoderoso. Con José Carlos Mariátegui se dijera que ha desaparecido el primero y el último de los jefes comunistas criollos, capaces de imponer respeto, no sólo a sus seguidores sentimentales, sino también a sus adversarios ideológicos. Pensando tal vez en éstos y aquéllos, el autor de la “Defensa del Marxismo” nos confiaba en otra carta su esperanza de que dicho libro contribuyera a darlo a conocer ampliamente en Buenos Aires, pues lo estimaba, y con razón, “exento de todo pedantismo doctrinal y de toda preocupación de ortodoxia”. Ya en uno de los primeros números de “Amauta”, había dado buena prueba de su extraordinaria libertad de espíritu, traduciendo íntegramente un artículo polémico de León Trotsky sobre el “compasivo“ Lenin de Máximo Gorki, artículo que no figura en la recopilación española de Trotsky acerca del gran caudillo muerto. Con tales antecedentes, es más que dudoso, pues, que Mariátegui aceptara “el gran viraje” de 1935, la táctica del caballo de Troya, las repetidas ejecuciones de Moscú y ese hipócrita lenguaje patriotero del que la misma burguesía argentina se viene riendo desde hace muchos años. “Patriotismo y caldo gordo”. Lo más probable es que Mariátegui no cayera en ninguna comparsa populista de este carnaval sangriento a que hemos asistido, horrorizados, en el último lustro de la política mundial. El autor de la “Defensa del Marxismo” era, como su maestro, un hombre íntegro, con una visión totalizadora de la vida social e individual, que no admitía la dualidad corriente entre cuerpo y espíritu, teoría y práctica, democracia y socialismo, guerra y revolución. Por tanto, es difícil imaginarlo en el triste papel de idealizar, no importa bajo qué pretexto, la estéril Liga de las Naciones... O entregado, hasta nueva orden, a la exaltación de Roosevelt, el bueno... O haciendo migas con la “democracia farisea” de Mr. Chamberlain, el “reformismo mediocre” de M. Daladier y el “socialismo domesticado” de M. Blum. Mariátegui conocía demasiado bien la mentalidad profesoral de Blum y la absoluta falta de escrúpulos de Daladier. No hay, pues, por qué suponer que se habría engañado con la incapacidad del primero para ponerse a la altura de las circunstancias en el caso de España y con la desfachatez del segundo en el caso de Checoslovaquia. Sólo los intelectuales ingenuos y sin experiencia de lucha pudieron entusiasmarse con el puño levantado de M. Daladier sobre las muchedumbres. Un hombre de la calidad de Mariátegui no habría dejado seguramente de prever sobre quién lo descargaría al fin. En cuanto a los burócratas irresponsables de la Tercera Internacional, el director de “Amauta” había tenido ocasión de afrontarlos indirectamente en el Primer Congreso Sudamericano de Montevideo, con unas tesis agrarias que le fueron rechazadas por “trotskistas”...Pero ¿a qué las conjeturas acerca de lo que Mariátegui hubiera podido ser, si nos basta con lo que ha sido de modo tan excepcional? Un hombre completo, un guía realmente luminoso, un escritor de veras admirable. Un recuerdo más íntimo todavía, y un antiguo propósito Sin consultar ningún libro, el sepulturero nos había indicado el cuadro correspondiente, tan pronto como le dijéramos el nombre del director de “Amauta”. Estaba sin duda vivo en su memoria. Así -pensamos aquel día- debería estar también presente la obra precursora de Mariátegui en el trabajo de todos los intelectuales americanos. Y una vez en Buenos Aires, nos hicimos el propósito de fundar un centro de Amigos de José Carlos Mariátegui, a semejanza del John Reed Club de Nueva York. Pero entonces sobrevino la guerra sin cuartel en España; la defensa de la democracia abstracta contra el fascismo real, en todo el mundo; el aislamiento de aquellos que seguían pensando por su propia cuenta lo mismo que habían pensado hasta la víspera; la adulación sistemática como elemento de propaganda; el recurso de la unidad a cualquier precio; la política suicida de la mano tendida al enemigo... Y, poco a poco, la corrupción de los mejores, que es la peor. Hoy, cuantos resistimos a sumarnos al coro de tan huero oportunismo, para no decir otra cosa, estamos en el deber de formar en torno de la esclarecida figura de Mariátegui pequeños núcleos de hombres libres y desinteresados, a fin de que se vuelva a oír otra vez su clara voz de Amauta. ¿Qué mejor homenaje que el de sentirnos en Santiago, Buenos Aires, La Habana, México, amigos de José Carlos Mariátegui, no sólo en el décimo aniversario de su muerte, sino siempre, mientras conservemos el ejemplo de su vida y de su obra? FUENTE: Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones "León Trotsky"
Mariategui: Un resplandor en el abismo A los 80 años de La Escena Contemporánea Bien podemos usar la frase con la que Henri Barbusse titula una de sus novelas, para evocar la importancia de José Carlos Mariategui en el proceso revolucionario de nuestro tiempo. El Amauta fue, en efecto, algo así como un resplandor en el abismo que agobia a los trabajadores en el marco de la sociedad capitalista y tuvo la virtud de abrir un derrotero de lucha en procura de nuevas realidades. Recordemos entonces que fue hace 80 años, en noviembre de 1925 que Mariátegui publicó su primer libro -La escena contemporánea- en el que recogió la parte medular de su experiencia europea. Con tal motivo los Amigos de Mariátegui preparan en el Perú significativos eventos no sólo para recordar la fecha sino, sobre todo, para volver a la huella del Amauta, más indispensable que nunca en la compleja coyuntura de nuestro tiempo. Como se recuerda, La Escena Contemporánea sistematizó artículos de una serie titulada 'figuras y aspectos de la vida mundial', que Mariátegui fue desarrollando en dos revistas de singular importancia: Variedades y Mundial. Con agudo perfil y nutrida percepción, el autor diseñó una visión de la época subrayando que ella no era objetiva ni anastigmática. 'No soy un espectador indiferente del dramahumana -diría al presentar su obra- y añadiría luego: 'soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe'. Pocas palabras por cierto, pero fundamentales para definir y comprender tanto al hombre como a su creación. Consciente del drama humano, en efecto, no se sentía distante ni ajeno a él. Y tomaba una posición nítida ante la crisis de su tiempo porque se hallaba imbuido de una filiación partidaria y una inquebrantable fe. Suscribía ya, en efecto, las tesis del socialismo y confiaba plenamente en la capacidad de los trabajadores y de los pueblos para -en la acepción de Marx- no sólo entender el mundo, sino sobre todo transformarlo. Es claro que para la formación ideológica y política de Mariátegui, fue decisiva la experiencia europea. En ella - entre octubre de 1919 y marzo de 1923- el Amauta estudió básicamente tres fenómenos: la crisis mundial, el advenimiento del fascismo, y el ascenso del socialismo con sus dos expresiones, la formación de los Partidos Comunistas y la Revolución Rusa. Como parte de su análisis, vivió directamente diversas experiencias. Las más notables fueron, por cierto, el Congreso de Livorno, la influencia ascendente de Antonio Gramsci y su 'L'Ordine Nuevo'; la Conferencia Internacional de Génova celebrada en 1922 y el recorrido que hiciera por diversos países, sobre todo Italia, Francia y Alemania conociendo sobre el terreno las distintas variantes del proceso mundial. Nutrido de esas imágenes, pudo, al volver al Perú y trazarse objetivos muy concretos: introducir y desarrollar las ideas del socialismo, unir a los trabajadores a partir del ideal clasista y forjar el instrumento político capaz de orientar las grandes luchas del proletariado. Para el cumplimiento de estos objetivos desplegó una vitalidad asombrosa. Sobre todo si se tiene en cuenta que a poco de retornar de Europa fue nuevamente atacado por la grave dolencia que lo consumía y que obligó a los médicos a amputarle una pierna. Como eso ocurrió a comienzos de 1924, debe considerarse entonces que su obra principal en el periodo soportó una fractura dolorosa y una interrupción forzada. Iniciada en junio de 1923 con las conferencias que dictara en las Universidades Populares González Prada y que luego fueran recogidas en su libro 'La historia de la crisis mundial', fue acompañada luego por la edición de la revista 'Claridad' que, bajo su dirección pasó a situarse en la condición de vocero de la Federación Obrera Local de Lima. Ya en 1925, recuperado de su mal, pero obligado a permanecer en una silla de ruedas, pudo Mariátegui dedicar algo de su tiempo a organizar sus escritos, lo que le facilitó, en efecto, la publicación de La escena contemporánea y en el año siguiente, a partir de octubre de 1926, la edición de la revista Amauta. Resulta indispensable subrayar la actualidad que conservan los temas estudiados por Mariátegui en esta, su obra liminar. Aborda en efecto, siete capítulos, cada uno de los cuales tiene un correlato definido en nuestro tiempo. Titula el primer capítulo como La biología del fascismo y la describe a partir de los nexos que generó el derrumbe de Europa luego de la primer Gran Guerra con la intención de los monopolios de descargar los efectos de la crisis sobre los hombros de los trabajadores. El tema hoy tiene una vigencia excepcional. La política del fascismo en nuestro tiempo se expresa en la variante más reaccionaria y agresiva del imperialismo representada por la actual administración de los Estados Unidos e incuba los mismos propósitos de los monopolios de antaño. Busca, en efecto, alcanzarlos con una ofensiva sin precedentes contra los trabajadores y los pueblos. El segundo tema que aborda se refiere a la crisis de la democracia. Wilson, Lloyd George, Nitti, Améndola y otras destacadas personalidades de la época fueron actores en un fenómeno en extremo peligroso: el ascenso de las fuerzas más agresivas del capital financiero en Italia y Alemania en los años veinte del siglo pasado, quebró al régimen democrático existente y colocó a la burguesía de diversos países ante dramáticos deslindes. La incapacidad para abordarlos en función de los intereses de la humanidad, llevó al mundo a la II Gran Guerra. Hoy, ciertamente, la democracia está en crisis porque la política de Bush esbozada cínicamente después de los atentados contra el Centro Mundial del Comercio de Nueva York implica la abolición de los Estados Nacionales surgidos en Europa luego de la Guerra de los 30 años y la abolición de la independencia y la soberanía de los pueblos. La proyección de esta crisis de la democracia asoma dramáticamente en nuestro tiempo no sólo en Irak y Afganistán, sino en todos los países subdesarrollados, en los que la democracia es una simple parodia usada para escarnio de los pueblos. Como tercer tema, Mariategui se ocupa de la Revolución Rusa y su influencia. Y nadie puede soslayar ahora el hecho que la quiebra y desaparición de la URSS ha cambiado radicalmente la correlación de fuerzas en el mundo desplegando, dialécticamente, nuevos y grandes retos a los pueblos, sin que el hecho haya desdibujado ni la propuesta de Marx y ni la infatigable lucha de los revolucionarios de Octubre encabezados por Lenin. Hoy nuestros países, decía recientemente el Comandante Hugo Chávez, deben afirmar el socialismo, pero deben inventarlo a partir de su realidad concreta y de sus propias experiencias de lucha. Eso no implica desdén ni por la teoría ni por la historia, sino afirmación por la vida y por la praxis de la que se valen los pueblos en la lucha por preservar su destino. De ahí que el cuarto tema que aborda el Amauta sea, en efecto, la crisis del socialismo. En ese momento la crisis se reflejaba a partir de la lucha de los destacamentos más avanzados del movimiento revolucionario mundial contra las tendencias reformistas y conciliadoras. Jaurés, Sorel, Gramsci eran los protagonistas de una historia excepcional. Hoy la crisis tiene otro sentido. Se expresa en el debate de principios por asegurar el concepto central del ideal socialista, pero sobre todo por la necesidad de diseñar el derrotero que han de seguir los procesos liberadores en nuestro tiempo. El socialismo, entonces, no podrá ser una simple reedición del pasado, sino la expresión creadora de fuerzas emergentes dispuestas a hacer realidad la idea que hoy enarbolan los pueblos: que un mundo mejor, es posible. El quinto tema fue titulado por el Amauta como La Revolución y la inteligencia. Aborda el excepcional aporte de las ideas, al papel de la intelectualidad y a la labor del Grupo Clarté y las figuras más destacadas del pensamiento humano en la lucha por la liberación de Estados y pueblos convencidas que la política era 'el trabajo efectivo del pensamiento social'. Hoy, asombrosamente, la batalla de las ideas se torna decisiva. Pero no solo en el plano de los conceptos que se manejan en nuestro tiempo, sino también en la calidad del pensamiento que sustenta la lucha. Los hombres más destacados del mundo contemporáneo en todas las latitudes del planeta, se suman a la lucha por la paz y por los derechos de los pueblos, y condenan la barbarie, el terrorismo y la guerra, instrumentos de agresión del imperialismo. El sexto tema es el Mensaje de oriente. Allí Mariátegui llama la atención de nuestro pueblo ante acontecimientos que en ese entonces eran simplemente ignorados por la prensa peruana: los avances de la revolución china, la lucha de La India por su independencia, el papel de Gandhi, el pensamiento de Tagore, la revolución turca u el Islam. Hoy el Mensaje de oriente tiene aún más fuerza que antes y se expresa en los nuevos escenarios del mundo contemporáneo: el fenómeno chino, la crisis del medio oriente, la ofensiva contra el Islam. Finalmente, Mariátegui aborda un tema que fue de palpitante actualidad en la primera parte del siglo XX: el semitismo y el antisemitismo. Aunque hoy ha adquirido otras características, nadie puede negar, en efecto, que la política de Israel refleja las posiciones del sionismo, y que en algunos segmentos de la sociedad subsisten concepciones antisemitas. El fenómeno, entonces, conserva vigencia, pero se amplía adquiriendo nuevas connotaciones a partir del fundamentalismo étnico y religioso que surge como un desafío en el mundo de hoy. Estudiar la realidad de nuestro tiempo a la luz del pensamiento de Mariátegui, constituye la manera más vigorosa y lúcida de afirmar la capacidad creadora del socialismo y la fuerza de la Revolución que la humanidad espera. Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)
Cronología de la vida de José Carlos Mariategui Preparada por Alberto Florez Galindo y Ricardo Portocarrero para la Antología Invitación a la Vida Heróica. Corregida y aumentada para la Exposición Mariátegui Cien Años por Ricardo Portocarrero y José Carlos Mariátegui E. Publicada en internet por primera vez en 1996 en la página de la Casa Museo José Carlos Mariátegui. 1894 1899 1901 1902 1907 1909 1910 1911 1912 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1920 1921
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Fuente: http://www.marxists.org/espanol/mariateg/cronologia.htm Déjanos Tu Comentario |
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