
Rosa Luxemburgo
es, como pocos personajes en la historia, alguien que no tiene detractores. Quizá
la derecha en su momento, a principios del siglo XX, la vio como una amenaza –y
por cierto lo era–. Pero hoy, a décadas de su desaparición, su vida y obra son
un verdadero punto de referencia en la lucha revolucionaria en todas partes del
mundo y nadie podría poner en telo de juicio su absoluta integridad moral, su
entrega, su mística para con la causa que abrazó.
Socialista de
corazón, sin concesiones, pensadora profunda y militante convencida, su actuación
es un verdadero ejemplo para quienes seguimos teniendo esperanzas en un mundo
mejor. Además –algo importantísimo a destacar– es que su aporte lo hizo pese a
la eterna discriminación en que fueron colocadas las mujeres, aún incluso en el
campo de la izquierda.
Por todo
ello hoy ENcontrARTE encuentra obligado rendirle un justo homenaje presentando
su semblanza, por revolucionaria sin dudas, y por mujer que supo hacer valer
sus derechos.
ENcontrARTE
“La
libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los
miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad.
La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente”
Rosa
Luxemburgo
De origen judío, esta luchadora proletaria nació el 5 de marzo de 1871 en
Zamosc, ciudad próxima a Lublin, en Polonia oriental, entonces sometida al
Imperio zarista. Era la hija pequeña en una familia de cinco hermanos, a quien
una lesión mal atendida le dejó un defecto permanente en la cadera.
Aunque Zamosc era muy pobre y los judíos constituían el último eslabón en la
jerarquía social, el abuelo de Rosa Luxemburgo había fundado un próspero
negocio de maderas y pudo pagar los estudios de sus hijos en los mejores
institutos de Berlín. Su familia se desenvolvió en un ambiente muy cultivado e
influenciado por los más avanzados escritores occidentales, especialmente
alemanes. Muy allegado a ellos era el poeta sefardí León Pérez, agitador contra
el zarismo y defensor del nacionalismo polaco. Polonia pugnaba por sobrevivir
repartida y dividida por dos grandes naciones, como Alemania y Rusia, aunque en
medio de una opresión asfixiante podía beneficiarse también de su proximidad a
dos civilizaciones tan distintas y tan fructíferas. Ese crisol de influencias
determinó el abierto contenido internacionalista que caracteriza la obra de
Rosa Luxemburgo.
Cuando tenía tres años su familia se trasladó a Varsovia. En el colegio estaba
prohibido hablar polaco, aunque clandestinamente los jóvenes lo hacían como
forma de protesta contra el intento de rusificación que trataba de desplegar el
zarismo. Las escuelas eran un nido de agitación contra el absolutismo. Cuando
terminó sus estudios se le negó la medalla de oro, pese a que todas sus
calificaciones eran extraordinarias, a causa de su actividad clandestina.
En 1887 Rosa Luxemburgo, que sólo contaba entonces 16 años, ya era
militante del Partido Revolucionario Socialista "Proletariat" y se
relacionaba con los círculos obreros más conscientes. En aquella época
"Proletariat" había sido prácticamente desmantelado. El zarismo había
asesinado a los dirigentes obreros y gran parte de los cuadros de la organización
se encontraban en prisión o deportados. Sólo grupos muy pequeños de
conspiradores seguían manteniendo la llama de la resistencia. Formado en 1882,
"Proletariat" tenía vínculos estrechos con los populistas rusos y en
aquellas fechas, fruto de la dispersión, comenzó a cometer acciones armadas a
la desesperada. Pero a diferencia de los populistas que Lenin analizó en sus
primeros escritos, "Proletariat" estaba claramente influido por el
marxismo.
Pero pronto el movimiento obrero comenzó a resurgir de los rescoldos del terror
zarista y en 1889 se creó el sindicato "Federación de Trabajadores
Polacos", en la que intervino Rosa Luxemburgo. Una huelga convocada en
Lodz acabó con una horripilante masacre de 46 obreros asesinados por la guardia
zarista, una de las peores de la historia. La persecución política llegó a Rosa
Luxemburgo, que en 1889 tuvo que abandonar su país y cruzar la frontera
clandestinamente.
Se refugió en Zurich, entonces un hervidero de revolucionarios de todas las
latitudes. Allí estudió Filosofía, Ciencias Naturales, Matemáticas, Historia,
Política y Economía, y conoció a Plejánov, Axelrod, Vera Zasulitch, Parvus y
otros marxistas rusos, alemanes y polacos. Pero sobre todo, conoció a León
Jogiches, como ella también marxista, judío y polaco, que sería su compañero
para el resto de sus días, influyéndose recíprocamente.
- La lucha ideológica entre los marxistas
polacos
Jogiches disponía de una considerable fortuna, que puso a disposición de
Axelrod y Plejanov para que pudieran desarrollar el partido socialdemócrata
ruso, aunque acabó rompiendo pronto con ellos. Entonces Luxemburgo y Jogiches
se dedicaron a reagrupar a las fuerzas revolucionarias polacas, y con
"Proletariat", la "Federación de Trabajadores Polacos" y
dos grupos escindidos del “Partido Socialista Polaco" (PPS) crearon una
nueva organización con las mismas siglas “Partido Socialista Polaco”, que en
1893 comenzó a editar en París "La Causa Obrera" (Sprawa Robotnizca). El amplio
informe del nuevo Partido a la II Internacional fue redactado por ella.
Este informe demuestra ya una extraordinaria clarividencia política a la hora
de trazar la línea política del Partido, que debía huir tanto del blanquismo
como del reformismo. Ponía el acento en la lucha de masas y la necesidad de educarlas
en el combate a través de la organización sindical y las reivindicaciones
democráticas. Con sólo 22 años Rosa Luxemburgo demostraba ya una extraordinaria
capacidad de análisis y un precoz instinto revolucionario.
Sin embargo, las tesis que sostenía ya entonces sobre la cuestión de las
nacionalidades oprimidas y el derecho de autodeterminación, distaban de
resultar correctas. En aquella época este problema era tremendamente complejo,
y más en Polonia, un país que no solamente estaba ocupado sino que su
independencia se enfrentaba a tres formidables enemigos como Alemania, Rusia y
el Imperio Austro-Húngaro, que se la habían repartido. Rosa Luxemburgo no
defendió nunca un principio único y universal para resolver este problema, sino
que acudió siempre a soluciones tácticas y cambiantes en función de cada caso
concreto. Sólo Lenin desarrolló después acertadamente el principio de
autodeterminación que, con la entrada en la fase imperialista del capitalismo,
adquiría una importancia trascendental. No deja de ser significativo que Lenin,
partícipe de una nación opresora, analizara la cuestión mucho mejor que
Luxemburgo, originaria de una nación oprimida. El internacionalismo de la gran
revolucionaria polaca la llevó en este punto a cometer un importante error
estratégico, subestimando la energía nacionalista de amplias capas populares de
Polonia. Ahora bien, incluso en sus errores Rosa Luxemburgo demostraba una gran
capacidad de análisis y de aplicación creadora del marxismo, que no se limitaba
a repetir frases hechas y que extraía del marxismo toda su energía
revolucionaria.
La unión dentro del Partido Socialista no duró mucho. Instalados en el exilio
de París en 1892, los dirigentes de "Proletariat" rectificaron y
promovieron la consigna de la independencia de Polonia. Se desató una feroz
lucha ideológica (pero por parte de sus adversarios también plagada de
descalificaciones) que llegó hasta el Congreso de Zurich de la II Internacional,
donde Plejanov (y con él Engels) votó a favor de la independencia de Polonia,
en contra de las tesis de Luxemburgo.
Se produjo la escisión, creando Luxemburgo el nuevo SDKP (Partido
Socialdemócrata Polaco), opuesto a la independencia de Polonia. Todas las
calumnias y los sucios intentos del PPS por expulsar al Partido Socialdemócrata
de Luxemburgo de la
Internacional fracasaron, e incluso el nuevo partido obtuvo
cierto éxito en el Congreso de Londres de 1896 al ganar una votación en contra
de la independencia y a favor de la autodeterminación.
Mientras todo esto sucedía en el exilio, en el interior de Polonia la situación
era bien distinta, con el movimiento obrero paralizado y ajeno a aquellas
discusiones. Las organizaciones estaban desmanteladas y entre quienes se
esforzaron por fortalecer al nuevo Partido Socialdemócrata destacó pronto uno
de las grandes figuras del movimiento comunista internacional, Félix
Dzherzinski, que logró agrupar a los marxistas lituanos con los polacos en un
sólo partido, que adoptó las siglas SDKPL.
Por aquellas fechas comenzó a colaborar en “Neue Zeit” el influyente
periódico dirigido por Kautsky, en el que sus artículos llamaron la atención de
toda la socialdemocracia por su profundidad, el acopio de datos y la agudeza en
la exposición, aunque jamás fue reconocida por los dirigentes del PPS, que
siguieron lanzando ignominiosas acusaciones contra ella. Pero todo eso no
impidió que con sus escritos alcanzara un enorme prestigio internacional, que
la llevó a visitar Francia durante varios meses, en los que tuvo oportunidad de
conocer a Jules Guesde, y Vaillant, el héroe de la Comuna de París.
Decidió instalarse en Alemania, que entonces era el corazón del movimiento
obrero internacional y donde radicaba una parte importante del proletariado
polaco. En mayo de 1898 radicó en Berlín y contrajo un matrimonio de
conveniencia con un alemán para cambiar su pasaporte ruso por el prusiano y
poder así desarrollar actividades políticas -prohibidas a los extranjeros- y no
correr tampoco el riesgo de ser extraditada a su país.
Fue destinada a Silesia por el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) para agitar
entre los mineros polacos, y entonces pudo comprobarse otra de las grandes
cualidades de Luxemburgo: la oratoria, la capacidad de transmitir y llegar a
las masas obreras con un mensaje claro y lleno de entusiasmo revolucionario.
Los obreros de las minas le llevaban flores y le pedían que no se marchara, que
se quedara con ellos para ayudarles en sus luchas. Se ganó la simpatía del
máximo dirigente de la
II Internacional, Carlos Kautsky, con cuya familia mantuvo
una amistad íntima, así como de otras figuras revolucionarias de la época, como
Franz Mehring y Ausgust Babel, así como con Clara Zetkin, que inició los
primeros análisis marxistas sobre la situación de la mujer trabajadora.
Por su triple condición de mujer, judía y extranjera, los problemas le
persiguieron dentro de un partido, que ya entonces era el más numeroso y
organizado del mundo, aunque no del todo limpio ni mucho menos. Tuvo numerosos
roces en los que sacó a relucir su fuerte personalidad; no era de las que se
callaba ni se doblegaba ante ningún santón, por más fama que tuviera. En una
ocasión escribió replicando a los insultos de la redacción del influyente
diario "Vörwarts" lo siguiente: "Existen
fundamentalmente dos tipos de seres vivos, los vertebrados que gracias a eso
pueden andar y, en ocasiones correr, y los invertebrados, que solamente pueden
reptar y vivir como parásitos". Así de vivo era su genio... Sólo tenía
27 años y ya se enfrentaba a la vieja guardia socialdemócrata, cargada de
medallas, pero que empezaba a dar alarmantes muestras de esclerosis política.
Su estilo incisivo le costó multas gubernativas e incluso en junio de 1904
fue condenada a varios meses de prisión por "injurias al rey".
- La batalla contra el revisionismo
Dentro del SPD las tendencias reformistas se consolidaron y crecieron.
Para combatirlas Rosa Luxemburgo escribió en 1899 "¿Reforma social o revolución?", una de sus obras
fundamentales en la que, paralelamente a Lenin, desarrolla la batalla contra el
revisionismo moderno de Bernstein.
Las ideas entonces expuestas por Bernstein siguen siendo las mismas que toda
laya de revisionistas, y traidores del movimiento obrero han seguido
defendiendo hasta nuestros días. Todo lo que hoy en día oímos, ya fue formulado
hace un siglo, y la historia lo ha refutado. Frente al parlamentarismo que
embobaba a la socialdemocracia, Rosa Luxemburgo escribe: "Es cierto que, formalmente, el parlamentarismo sirve para dar
expresión a los intereses de toda la sociedad dentro de la organización
estatal. Por otro lado, sin embargo, lo único que el parlamento permite
manifestarse es a la sociedad capitalista, es decir, una sociedad en la que los
intereses capitalistas son predominantes".
Por eso este libro es un material obligado de lectura y reflexión en las filas
del movimiento obrero revolucionario. No se trata de otra cosa que de la
defensa de la vigencia del marxismo, y en él están ya refutadas las mismas
acusaciones que hoy se lanzan contra las ideas comunistas.
Luxemburgo no se opone a las reformas sociales sino que rechaza el argumento de
que se puede llegar al socialismo a través de una reforma paulatina del
capitalismo. Rosa Luxemburgo demuestra que la táctica revisionista supone una
aceptación del sistema capitalista.
En contra de Bernstein y los revisionistas, que preveían un capitalismo
organizado, pacífico y planificado, Rosa Luxemburgo anuncia la inevitabilidad
de las crisis económicas y el gran alcance que iban a adquirir. Considera a los
revisionistas como herederos de Kant, de Proudhon y de Lassalle, al tiempo que
defiende que el desplome de todo el sistema capitalista es inevitable. Para
ella el colapso inevitable del capitalismo es la "piedra angular" de
la ciencia marxista, que poco a poco debe irse imponiendo sobre todos los
errores utopistas pequeño burgueses que le han precedido. Considera, además,
que la ley del hundimiento inevitable del capitalismo forma parte de la
tradición teórica de la socialdemocracia alemana y que, al separarse de ella,
Bernstein la ha traicionado. La socialdemocracia siempre había pensado que el
socialismo llegaría con una "crisis general y aniquiladora", de que
el capitalismo acabaría "por sí solo y víctima de sus propias contradicciones".
Además diferencia muy agudamente las crisis iniciales del capitalismo
"producto de su crecimiento infantil" con las crisis de decadencia
que aún no han llegado pero que cabe esperar. Aquellas primeras crisis, decía
Luxemburgo, derivan de la fase de expansión del capitalismo, mientras que las
futuras van a ser crisis de envejecimiento y decrepitud. Esta genial
aportación, que luego desarrollaría Lenin, aparece por vez primera en
Luxemburgo: "Los límites del
capitalismo están en el mercado: el capitalismo no es capaz de una expansión
ilimitada precisamente por esa falta de salidas a la producción",
aunque llega a afirmar, lo que es bastante discutible, que bajo el capitalismo
"el intercambio domina la producción".
Luxemburgo trata de fundamentar la inviabilidad del capitalismo como modo de
producción, aunque tomando en consideración contradicciones que por un lado son
puramente objetivas y, por el otro, son secundarias y no pueden tener esa
virtualidad. Pone al mismo nivel la contradicción entre la socialización de la
producción y la privacidad de la apropiación, con la contradicción entre la
producción y el consumo. Critica a Bernstein porque defiende la posibilidad de
superación de las crisis por el capitalismo, cuando según ella "la
eliminación de las crisis supone la superación de la contradicción entre
producción e intercambio". El capitalismo desaparecerá como consecuencia
de la crisis de subconsumo. No habría crisis si la producción coincidiera con
el mercado, si éste tuviera una capacidad de expansión ilimitada.
Hay también en esta obra otras importantes aportaciones que luego desarrollará
también Lenin, como la negación de que el monopolismo pueda resultar
compatible, según decía Bernstein, con la progresiva democratización: "A consecuencia del desarrollo de la
economía mundial y la agudización y generalización de la lucha competitiva en
el mercado mundial, el militarismo y la marina de guerra han pasado de ser
instrumentos de la política mundial a llevar la voz cantante tanto en la vida
interior como en la exterior de los grandes Estados. Y si la política mundial y
el militarismo suponen una tendencia ascendente en el momento actual, en
consecuencia la democracia burguesa se moverá en línea descendente".
La revolución rusa de 1905 fue también la revolución polaca, que fue
donde aparecieron sus primeros brotes. El domingo 22 de enero de 1905 la
guardia zarista disparó contra una manifestación de 200.000 obreros en San
Petersburgo matando a 2.000 de ellos e hiriendo a otros muchos. Como
consecuencia de ello se produjo un levantamiento general en todo el imperio que
se prolongó hasta diciembre, participando millones de obreros por primera vez
en la historia.
El absolutismo, que simultáneamente estaba siendo derrotado por Japón en la
guerra, se vio contra las cuerdas y mostró su vulnerabilidad ante el
proletariado. En octubre se vio obligado a ceder, reconociendo algunos derechos
políticos básicos y convocar elecciones.
Como suele ocurrir, la contundencia de los hechos zanjó una interminable
discusión en el seno de la socialdemocracia rusa que, constituida como partido
(POSDR) en 1898, se había escindido cinco años más tarde en varios grupos,
entre ellos los bolcheviques y los menchviques. La revolución demostró que
Lenin tenía razón: el capitalismo se había desarrollado en Rusia, había que desatar
una revolución democrático-burguesa contra el zarismo y esa tarea sólo la podía
cumplir el proletariado.
En Alemania (y en la
II Internacional en general) sólo Rosa Luxemburgo se interesaba
por las cuestiones rusas. Se interesa por la escisión en el POSDR y, estallada
la revolución, escribe numerosos artículos y pronuncia conferencias ante los
obreros alemanes, vivamente interesados por la suerte de sus compañeros de
clase, mientras la burocracia del SPD miraba hacia los kadetes y los eseristas.
Los artículos y conferencias le cuestan una condena por incitación a la
violencia y pasa una temporada en prisión. Al salir comprende que no basta con
escribir sino que es imprescindible la intervención directa sobre el terreno,
por lo que a finales de diciembre de 1905 se traslada clandestinamente a
Varsovia, todavía en estado de guerra, con la tropa patrullando por la calle,
los comercios cerrados, las reuniones prohibidas y las barricadas cerrando
todos los accesos.
El 4 de marzo es detenida en Varsovia junto con León Jogiches aunque logró su
libertad el 28 de junio a causa de su delicado estado de salud, y fue expulsada
de Varsovia. Viajó entonces a San Petersburgo y luego a Finlandia, donde
escribió su obra "Huelga de masas,
partido y sindicatos", al calor de la experiencia de la revolución. En
enero del año siguiente la autocracia zarista condenó a Jogiches por "alta
traición" a ocho años de trabajos forzados, aunque logró huir de prisión
en abril.
- La discusión sobre el Partido
La batalla contra el revisionismo dentro del SPD no acabó con la
expulsión de Bernstein y los demás revisionistas del Partido. Ésta es la
diferencia fundamental con Rusia y los bolcheviques, que no solamente rompieron
de palabra, sino en los hechos, creando una auténtica organización
revolucionaria.
En la escisión dentro del POSDR, Rosa Luxemburgo se mantuvo equidistante entre
los mencheviques y los bolcheviques. Su concepción al respecto era diferente de
la de éstos, a los que criticaba su centralismo a ultranza.
Luxemburgo asimilaba la postura bolchevique con la que anteriormente ella
había criticado a "Proletariat" por blanquista. Este es uno de los
errores más graves de su pensamiento, la idea imprecisa de la
"organización como proceso" que está directamente enfrentada a la
tesis leninista de la necesidad de un partido dirigente, organizado conforme a
los principios del centralismo democrático.
Esta errónea tesis de Luxemburgo, tan difundida hoy día, desarma peligrosamente
a la clase obrera, hasta el punto que la Internacional Comunista
se vio obligada a plantarle batalla otra vez en 1925 para desterrarla del seno
de los partidos y evitar el espontaneísmo. La revolución rusa de 1917 fue posible
porque fue dirigida por el partido bolchevique, mientras que sólo unos meses
después, la revolución alemana de 1919 fracasó porque no existía allí un
partido de esas características: "En
el momento de la crisis -escribió Lenin- los obreros alemanes se han visto sin un partido verdaderamente
revolucionario debido a la tardanza en hacer la escisión, debido a la maldita
tradición de la 'unidad' con la banda de lacayos, venal (los Scheidemann,
Legien, David y compañía) y falta de carácter (los Kautsky, Hilferding y compañía)".
Era Lenin y no Luxemburgo quien tenía razón también en este punto: no existe
revolución sin una vanguardia comunista con una línea política adecuada que se
ponga a la cabeza de la clase obrera, que mantenga una implacable lucha
ideológica contra las desviaciones que van surgiendo por el camino, que
preserve la vigilancia ideológica en el mismo interior de sus filas, que se
fortalezca depurándose de los elementos oportunistas y al mismo tiempo se
mantenga unido y disciplinado.
No eran esos los fundamentos de la socialdemocracia alemana, anclado en el
burocratismo y sólo preocupado por los recuentos electorales. En el Congreso de
1904 Luxemburgo había logrado introducir, entre fuertes rechazos internos, la
vía de la "huelga general política", pero eran pocos los que estaban
dispuestos a comprometerse con ella. Era evidente que el SPD había degenerado
en el reformismo más ramplón, pero a diferencia de Rusia no había en Alemania
una alternativa sólida porque aunque Luxemburgo apuntaba en la buena dirección,
aún no había roto con ellos y carecía de una alternativa organizativa adecuada.
- El imperialismo y la acumulación de
capital
En 1906 el SPD crea una escuela para la formación ideológica de los obreros, en
la que Luxemburgo se encargará de impartir lecciones de economía. Para ello
redacta un esbozo, que no se conserva íntegro y cuyos restos se publicaron en
forma de libro titulado "Introducción
a la Economía
política", donde expone con gran sencillez los fundamentos que Marx
había desarrollado en “El Capital” para que pudieran ser comprendidos por los
cuadros del partido y los agitadores sindicales.
En 1913 se editó su libro "La
acumulación de capital", su obra teórica más importante y uno de los
análisis clave del imperialismo moderno que, una vez más, suscitó una viva y
violenta reacción de los jefes de la socialdemocracia alemana, viéndose ella
obligada, a su vez, a defenderse escribiendo, ya en la cárcel, la "Anticrítica".
El núcleo de la argumentación de Luxemburgo parte de los fundamentos que ya
expusiera antes en "¿Reforma social
o revolución?": el consumo determina la producción; como los
capitalistas no consumen toda la plusvalía, esta acumulación engendra un
subconsumo que no encuentra salida porque carece de demanda solvente; este subconsumo
sólo se puede compensar con las ventas en el mercado exterior, en áreas al
margen del capitalismo; por tanto, el capitalismo es un sistema económico que
sólo puede funcionar si coexiste con regiones no capitalistas, porque la
producción no encuentra compradores ni entre los obreros (ya que estos realizan
el capital variable) ni entre los capitalistas (ya que éstos consumen sólo la
parte de la plusvalía que no se acumula); hacen falta "otras clases
sociales" situadas al margen de esas dos que completen la demanda; una vez
que el capitalismo se extienda tanto que no tenga regiones vírgenes
precapitalistas ni tampoco "terceras personas" que completen la
demanda, se producirá el derrumbe. La causa del colapso, por tanto, es la
limitación de los mercados.
Luxemburgo, en realidad, está describiendo el proceso de expansión capitalista,
la acumulación originaria de capital que se desarrolla a costa de las formas de
producción precapitalistas, de la ruina de la pequeña producción agrícola y
artesanal. En ella la coexistencia de esos dos modos de producción no se
verifica necesariamente fuera de las fronteras, porque es posible la expansión
interior, cuando existen regiones a las que aún no ha llegado el capitalismo.
Desde el momento en que se agotan esos mercados precapitalistas, Luxemburgo no
es capaz de explicar el funcionamiento del capitalismo, por qué éste se hunde
irremisiblemente. Por eso su teoría es, a la vez, una teoría del imperialismo
ya que no concibe el capitalismo sin esa búsqueda angustiosa de regiones
vírgenes, sin burgueses ni proletarios, que le permitan sobrevivir. Las
contradicciones del capitalismo le impelen a salir fuera de las fronteras, e
incluso fuera del capitalismo mismo.
En estas ideas radica la fuente inspiradora de las modernas teorías
"tercermundistas" del imperialismo. Lo que Luxemburgo
"demuestra" es la imposibilidad del capitalismo, no su
desmoronamiento. Es una posición similar también a las que se dieron entre los
populistas rusos y que Lenin ya había criticado años antes. A pesar de que
Luxemburgo critica expresamente a populistas, incurre en sus mismos errores:
las salidas exteriores son imprescindibles, así como "otras clases
sociales" al margen del proletariado y la burguesía.
Para Luxemburgo es imprescindible una expansión del mercado para proseguir con
la acumulación. En la polémica de Kautsky contra Tugan-Baranovski y Hilferding,
que habían defendido la ley de Say, Luxemburgo reconoce expresamente que su
opinión en este punto es la misma de Kautsky.
Luxemburgo parte de un error muy común en aquella época entre la
socialdemocracia: partir de los esquemas de la reproducción capitalista del
Libro II de “El capital” y tomarlos por un modelo del funcionamiento real del
capitalismo. Pero esos esquemas parten del supuesto simplificador de que no
existe el mercado exterior y, por tanto, no se puede pretender
"demostrar" a partir de ellos que el mercado exterior es
imprescindible. Por otro lado, en dichos esquemas Marx supone también que los
intercambios se producen por su valor y que no existen transferencias
encubiertas de valor a través de los precios de producción, que no obstante
resulta característico del comercio internacional.
Afirma que el capitalismo llegará la bancarrota por dos vías: bien porque la
expansión capitalista reduce cada vez los sectores no capitalistas y, en
consecuencia, impide la acumulación, bien porque sin esperar a ese momento, el
proletariado se levantará y acabará con el régimen del capital. Como afirma muy
acertadamente, “la lucha de clases es un
mero reflejo ideológico de la necesidad histórica objetiva del socialismo, que
resulta de la imposibilidad económica objetiva del capitalismo al llegar a una
cierta altura de su desarrollo".
En 1910 se produce un grave altercado con Carlos Kautsky, que se negó a
publicarle el artículo sobre la huelga general en "Neue Zeit" por
censura de la dirección del SPD. El tema volvía ser tabú para los reformistas e
incluso Kautsky, que había alabado antes el criterio de Luxemburgo, escribió un
artículo criticándola de manera desairada. Otros medios socialdemócratas
también se negaron a publicarlo. Luxemburgo rompe la relación personal y
familiar que le unía a la familia Kautsky y, por supuesto, rompe políticamente
con éste de manera definitiva, abriendo las tres alas del SPD: la revisionista,
la revolucionaria y la centrista, en la que se instaló definitivamente Kautsky
como un renegado del movimiento obrero.
 |
| Cartel propagandístico bastante curioso en que podemos ver a Rosa Luxemburgo y a Clara Zetkin encarceladas por su actividad anti bélica |
En esta polémica con Kautsky, aunque indirectamente, intervino también Lenin
que, como ya había sucedido antes con Plejanov y Engels, tomó partido contra
Rosa Luxemburgo, aunque no tardaría en darse cuenta de su error y rectificó
públicamente. Luxemburgo fue la primera dentro del movimiento obrero en
apercibirse de las torcidas posiciones que comenzaba a tomar Kautsky. La
traición abierta de los revisionistas se estaba fraguando ya.
Alemania comenzaba a entrar abiertamente en la pugna colonial con las grandes
potencias en Marruecos, los Balcanes y otras regiones del mundo, para lo que
desató también el militarismo y el rearme de sus tropas. Luxemburgo comenzó a
estudiar en profundizar las cuestiones militares y a escribir artículos contra
una guerra ya previsible a todas luces.
La campaña contra ella arreció, no sólo en los medios más reaccionarios, sino
también en las propias filas del SPD. Cuando preparaban a toda prisa una guerra
de las más carniceras de la historia, Luxemburgo era presentada por la prensa
como "la polaca sanguinaria". Se
le abrió un primer juicio por incitación a la insubordinación de las tropas. En
el juicio dio muestras de valentía y arrojo: no se defendió sino que comenzó a
acusar al belicismo alemán. El fiscal pidió un año de prisión y el
encarcelamiento inmediato; la revolucionaria le espetó que si al fiscal le
pidieran un año de cárcel huiría, pero ella no iba a echar a correr: podían
encarcelarla o hacer con ella lo que quisieran porque no claudicaría jamás de
sus convicciones.
Su condena levantó una oleada de indignación y sus conferencias estuvieron más
concurridas que nunca. Se iniciaba así la denuncia del militarismo, el rearme y
la guerra imperialista.
Desde dentro de la cárcel su servicio a la causa fue aun mayor si cabe.
Publicó otro artículo sobre los malos tratos que los oficiales y mandos del
ejército propinaban a los soldados, y se le abrió un nuevo proceso por
"injurias al ejército". Al juicio se presentaron 30.000 familiares de
soldados que estaban dispuestos a acreditar la veracidad de los malos tratos.
Esta vez no les quedó más remedio que retroceder.
En su denuncia del militarismo Rosa Luxemburgo encontró a un aliado fiel, uno
de los pocos parlamentarios del SPD que se unió estrechamente a ella para
siempre en la lucha: Carlos Liebknecht, hijo de Guillermo Lieknecht, uno de los
fundadores de la socialdemocracia alemana. Carlos Liebknecht era abogado y
había dirigido la sección juvenil de la Internacional. Ya
en 1906 había publicado un libro dedicado a la juventud titulado
"Militarismo y antimilitarismo". Al año siguiente fue condenado a un
año y medio de cárcel por "alta traición", algo que no se conocía
desde hacía décadas en Alemania, lo que le dio un enorme prestigio. A la salida
de la cárcel se incorporó a la dirección del SPD y fue elegido diputado en
1908.
Había otro punto de unión clave entre Luxemburgo y Liebknecht: el
internacionalismo. Carlos Liebknecht trabajaba clandestinamente para los
bolcheviques desde Alemania y defendió a los presos políticos rusos en el
famoso "proceso Königsberg", que se convirtió en una espectacular
acusación pública de los bolcheviques contra la autocracia zarista. Se movía
con un pie en los tribunales y los escaños parlamentarios y otro en la
clandestinidad.
Para su rearme, Alemania necesitaba incrementar los presupuestos de guerra en
el parlamento, por lo que el SPD no tardó en demostrar su colaboracionismo con
los militaristas y votó a favor de ellos. Liebknecht votó también a favor,
obligado por la dirección del partido.
Evidentemente la situación era intolerable. Lenin hacía ya diez años que había
roto con los oportunistas, pero los revolucionarios alemanes seguían
manteniendo una unidad ficticia. La Internacional había dejado de existir de hecho.
¿Qué clase de internacionalismo era ese que llamaba a los obreros a asesinar a
sus compañeros de clase en nombre de los apetitos coloniales de la burguesía?
La unidad no se podía mantener, había que empezar a denunciar ya al propio SPD
y crear una organización verdaderamente revolucionaria.
 |
Sellos de la RDA, con la imagen de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo |
Hubo una segunda votación parlamentaria sobre el mismo tema para ampliar los
presupuestos militares, y esta vez Liebknecht se quedó sólo con su voto
contrario, de pie sobre su escaño, todo un símbolo. Pero símbolo de aislamiento
entre los medios burgueses y bandera de lucha, al mismo tiempo, en las calles:
había alguien que estaba dispuesto a enfrentarse al chovinismo feroz y a la
carnicería.
En 1914 los dos revolucionarios crean el "Frente Revolucionario
Antibelicista" y al año siguiente Luxemburgo comienza la edición de una
revista al margen del partido: "La Internacional".
En torno a ella se agrupan los cuadros más honestos de la socialdemocracia, los
revolucionarios inquebrantables, los militantes fieles hasta el final: Clara
Zetkin, Carlos Liebknecht, Franz Mehring y León Jogiches, entre otros.
Pero la reacción prohibe "La Internacional",
del que no se difunde más que su primer número, y cuando el 19 de febrero de
1915 Rosa Luxemburgo se apresta para acudir a Holanda para participar en una
reunión internacional de mujeres en compañía de Clara Zetkin, es detenida una
vez más.
En prisión comienza la redacción los folletos “Junius”, criticados por Lenin, así como la "Anticrítica", una respuesta a quienes habían criticado
su libro "La acumulación de
capital". Pero arrojó algo a la cabeza de un carcelero y fue sometida
a aislamiento, incomunicada y nuevamente condenada por ello. En julio es
detenida también Clara Zetkin y, con Liebknecht en el frente, el movimiento
contra la guerra imperialista aparece descabezado.
En enero de 1916 el sector antimperialista del SPD se agrupó como facción
dentro del partido socialdemócrata bajo el nombre de “Espartaco”, en memoria
del jefe de la rebelión de los esclavos romanos.
Un mes después Rosa Luxemburgo sale de la cárcel y redacta "La crisis en la socialdemocracia", que se publica
clandestinamente con el nombre de “Junius”.
Indudablemente la socialdemocracia estaba en crisis, pero Luxemburgo seguía sin
comprender la necesidad de crear un partido nuevo. Seguía confiando en poder
trabajar desde dentro de la socialdemocracia.
 |
Imágenes de la Revolución Alemana de 1918-1919. En la de arriba se puede observar a Karl Liebknecht dirigiéndose a las masas |
Reintegrada a la lucha revolucionaria, los espartaquistas convocan una
manifestación contra la guerra el 1º de mayo en Berlín. Fue la primera
demostración de oposición a la guerra. Se había dado el primer paso, pero
durante la celebración de la misma, la policía detuvo a Liebknetcht. En medio
de un gran escándalo y numerosas luchas, el Parlamento concedió el suplicatorio
para que pudiera ser juzgado por un tribunal militar, que le condenó a cuatro
años de cárcel. Sus palabras ante los verdugos merecen ser recordadas: "Ningún general vistió nunca el
uniforme con tanto honor como voy yo a vestir ahora el traje de
presidiario". Los revolucionarios alemanes seguían dando muestras de
coraje y determinación de seguir en la lucha ante el final.
El 10 de julio vuelve a ser detenida Rosa Luxemburgo y, tras ella, Franz
Mehring, el anciano dirigente socialdemócrata, amigo de Marx y Engels. Con
ellos van a prisión también numerosos militantes espartaquistas, quedando el
trabajo de la facción a cargo de León Jogiches, hasta que fue a su vez detenido
en marzo de 1918.
Esta vez Luxemburgo no tendría juicio y permanecería indefinidamente
secuestrada y trasladada de una cárcel a otra. En esa situación le llega el eco
de Octubre y escribe la obra "La
revolución rusa" de la que sólo se conservan algunos fragmentos,
publicados bastantes años después de su muerte. En ella encontramos expuestas
muchas de las ideas que compartía con los leninistas y sigue atacando a los
reformistas, que consideraban que la revolución de Octubre era algo puramente
nacional, un fenómeno local exclusivo de Rusia: "El partido de Lenin fue el único que comprendió el mandamiento y
el deber de un partido auténticamente revolucionario, el único que aseguró el
avance de la revolución gracias a la consigna: todo el poder al proletariado y
al campesinado"
Mientras tanto, en las calles la euforia inicial chovinista fue dejando
paso a la desmoralización, al descontento, a las manifestaciones y a las
huelgas. Fruto de esas primeras luchas espontáneas, se promulga el 20 de
octubre una amnistía que permite a Liebknecht abandonar la cárcel, mientras
Luxemburgo continuó en ella, ya que no había sido juzgada ni condenada.
La marina se amotinó y estalló una huelga general. En Kiel se constituyó el
primer consejo de obreros y marinos de la flota de guerra, hasta que el
movimiento insurreccional, empujado por el entusiasmo de la revolución rusa, se
generaliza y llega a Berlín. El emperador abdica, el gobierno dimite y la
socialdemocracia llega al poder para sofocar la rebelión y lograr que los
obreros vuelvan a las fábricas. Desde la clandestinidad, Liebknecht se
precipita y proclama la
República socialista. Algunas cárceles son asaltadas;
Jogiches es liberado por los obreros a punta de bayoneta y también Luxemburgo
sale de su reclusión el 8 de noviembre.
A ella y a sus compañeros le quedaban sólo dos meses de vida y el estado de
salud de Luxemburgo se había agravado preocupantemente, lo que no le impidió
incorporarse a la lucha: "Espero
morir en mi puesto, en una batalla callejera o en una prisión", había
dejado escrito. Los espartaquistas asaltan tres periódicos burgueses y en sus
rotativas comienzan a editar de nuevo Bandera Roja el 18 de noviembre, con
Luxemburgo como redactora-jefe.
Pero la socialdemocracia se reunió pronto con los jefes del ejército para
diseñar el aplastamiento de la insurrección por la fuerza de las armas. No
escatimaron ningún medio, desde la guerra sicológica en la prensa burguesa
hasta el armamento de bandas de mercenarios y criminales. El 6 de diciembre la
reacción pasó a la ofensiva: 200 mercenarios asaltaron la redacción de Bandera
Roja y las manifestaciones comenzaron a ser tiroteadas. Al día siguiente
Liebknecht fue detenido y cuando iba a ser asesinado logró escapar de sus
captores.
 |
| Karl Liebknecht |
Aún logró reunirse el Consejo de Obreros y Soldados el 16 de diciembre, pero en
lugar de lanzarse al asalto del poder, se plegaron a las próximas elecciones.
El contraste con la revolución de octubre no podía ser más llamativo. ¿Qué
estaba fallando en Alemania? ¿Qué la diferenciaba de Rusia? La única diferencia
estaba clara: en Alemania no existía un partido bolchevique, la vanguardia, y
quienes debían construirlo no habían comprendido su necesidad. Este fallo
condujo al fracaso de la revolución y a la muerte de quienes habían cometido
tan grave error.
- La fundación del Partido Comunista
alemán
Lejos de constituir un partido, Espartaco era un conglomerado de
comités locales agrupados al calor de la revolución de Octubre y en torno a la
lucha contra la guerra imperialista. No era ese Estado Mayor de la revolución,
esa tropa disciplinada capaz de ponerse a la cabeza del movimiento y conducirlo
a la victoria. Cuando en 1917 Kautsky fundó el Partido Socialdemócrata
Independiente, Espartaco se unió a él como facción con su propio programa y su
prensa. Seguían a remolque de los reformistas, amarrados a una organización que
también formaba parte del gobierno reaccionario burgués.
Cuando los espartaquistas exigieron la celebración de un nuevo Congreso y los
cabecillas socialdemócratas se negaron, actuaron por su cuenta: convocaron el
Congreso y junto con un grupo próximo a los bolcheviques, crearon el KPD, el
primer Partido Comunista, aunque también distaba mucho de constituir realmente
una verdadera organización comunista cohesionada.
Era ya el 29 de diciembre de 1919, la reacción había pasado a la ofensiva y a
los dirigentes del nuevo partido les quedaban sólo unos pocos días de vida. Los
obreros estaban armados pero no estaban organizados ni entrenados para la lucha
militar. La reacción asaltó la prensa revolucionaria y la sede del KPD,
mientras señalaban a voces a los jefes de la insurrección para justificar su
eliminación, ofreciendo una gran recompensa económica a quien los asesinara.
Junto a Jogiches detuvieron a una militante a la que confundieron con Rosa
Luxemburgo y la amenazaron claramente de muerte. Tanto Luxemburgo como
Liebknecht fueron avisados del inminente peligro pero se negaron rotundamente a
abandonar y a huir. Liebknecht pronunció las palabras, que luego se hicieron
famosas: "¡Adelante a pesar de todo!”
(¡Trotzalledem!).
Los acontecimientos se precipitaban. El 15 de enero fueron detenidos Carlos
Leibknecht y Guillermo Pieck y, poco después, Rosa Luxemburgo. Los tres fueron
trasladados al hotel Eden de Berlín. De ahí, a culatazos, Liebknecht fue
introducido en un vehículo que tomó la carretera hacia la cárcel de Moabit,
deteniéndose en un tramo oscuro y solitario de la misma. Le sacaron casi
inconsciente del vehículo y le dispararon a quemarropa asesinándolo. Luego
llevaron su cadáver a un centro asistencial donde lo dejaron como desconocido.
La prensa dijo que murió al tratar de huir.
También a Rosa Luxemburgo la sacaron del hotel poco después y le destrozaron el
cráneo de dos culatazos. Moribunda, su cuerpo fue arrojado dentro de un
vehículo; otro mercenario le propinó un tercer golpe en la cabeza con su fusil
y un teniente le dio el tiro de gracia, siendo su cadáver arrojado al
Landwehrkanal, donde fue encontrado bastantes semanas después. La prensa dijo
que había sido linchada por la multitud.
 |
| Tumba de Rosa Luxemburgo |
Pieck logró huir y continuó la lucha hasta fundar la República Democrática
Alemana. Pero Mehring, el veterano dirigente del proletariado alemán, no pudo
superar la noticia y falleció. El 10 de marzo León Jogiches murió de los
disparos de un carcelero "al tratar de huir", dijo la prensa
reaccionaria.
El camino al nazismo estaba abierto. La socialdemocracia había creado el
precedente y enseñó el método para acabar con la revolución: asesinar a los dirigentes del proletariado,
encarcelar a los más rebeldes, torturar e infundir pánico. La casa de Rosa
Luxemburgo fue saqueada por la tropa y sus escritos arrojados a la hoguera.
Cuando su cuerpo no había aparecido, los obreros aún confiaban en su regreso,
en que aparecería viva para insuflarles nuevos ánimos y orientarles en sus
batallas. Pero sólo apareció su cadáver horriblemente martirizado.
Luxemburgo, Liebknecht, Jogiches y Mehring. son sólo los nombres más conocidos,
los que abrieron el camino. Con ellos cayeron en las calles miles de obreros
insurrectos, fusilados sin contemplaciones por mercenarios a sueldo de una
burguesía ávida de riquezas. Otros muchos inauguraron los primeros campos de
concentración, pero todavía hay una pintada en los muros de los barrios obreros
alemanes que es muy común: "¡Adelante
a pesar de todo!” (¡Trotzalledem!). Demuestran así que toda la sangre
vertida no ha caído estérilmente y que otros han tomado el relevo en la lucha
por una sociedad distinta, sin explotación y sin opresión.
- El águila del proletariado internacional
 |
| Cartel de "Rosa Luxemburgo", película de 1986. Barbara Sukova interpreta a Rosa |
Rosa Luxemburgo es la mujer cuyo papel en la lucha y en la elaboración
teórica del comunismo ha sido más importante dentro de la historia del
movimiento obrero internacional. Su extraordinaria inteligencia, empuje y
capacidad -hablaba once idiomas- fueron razones para que pronto destacara como
uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia internacional.
Consagró su vida a la educación internacionalista del proletariado a través de
artículos de prensa, conferencias, escuelas obreras e impresionantes discursos,
en los que destacó como una agitadora brillante, y apasionada. Sus escritos son
una aguda defensa sin concesiones de la revolución proletaria y de la
honestidad en el compromiso político revolucionario.
Lenin se refirió a ella como una "representante
destacada del proletariado revolucionario y del marxismo sin
falsificaciones" en su artículo escrito en 1920 "Una contribución a la historia de la cuestión de la
dictadura". Con gran emoción Lenin escribió sobre ella: "Aunque las águilas precipitándose
desde lo alto, puedan volar más bajo que las gallinas, éstas por más que
desplieguen sus alas, nunca pueden llegar a las nubes".Efectivamente,
ninguno de los numerosas escritos de Rosa Luxemburgo son banales o
superficiales; en todos ellos resplandece su propia personalidad, en todos
ellos está acuñada su personalidad y su originalidad. Por eso desprenden una
luz distinta y en ellos siempre se aportan puntos de vista novedosos,
distintos, singulares.
Fuentes:
http://www.antorcha.org/galeria/luxemburgo.htm
http://mujeresriot.webcindario.com/mr-rosaluxemburgo.htm