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De origen judío, esta luchadora proletaria nació el 5 de marzo de 1871 en
Zamosc, ciudad próxima a Lublin, en Polonia oriental, entonces sometida al
Imperio zarista. Era la hija pequeña en una familia de cinco hermanos, a quien
una lesión mal atendida le dejó un defecto permanente en la cadera.
Este informe demuestra ya una extraordinaria clarividencia política a la hora de trazar la línea política del Partido, que debía huir tanto del blanquismo como del reformismo. Ponía el acento en la lucha de masas y la necesidad de educarlas en el combate a través de la organización sindical y las reivindicaciones democráticas. Con sólo 22 años Rosa Luxemburgo demostraba ya una extraordinaria capacidad de análisis y un precoz instinto revolucionario. Sin embargo, las tesis que sostenía ya entonces sobre la cuestión de las nacionalidades oprimidas y el derecho de autodeterminación, distaban de resultar correctas. En aquella época este problema era tremendamente complejo, y más en Polonia, un país que no solamente estaba ocupado sino que su independencia se enfrentaba a tres formidables enemigos como Alemania, Rusia y el Imperio Austro-Húngaro, que se la habían repartido. Rosa Luxemburgo no defendió nunca un principio único y universal para resolver este problema, sino que acudió siempre a soluciones tácticas y cambiantes en función de cada caso concreto. Sólo Lenin desarrolló después acertadamente el principio de autodeterminación que, con la entrada en la fase imperialista del capitalismo, adquiría una importancia trascendental. No deja de ser significativo que Lenin, partícipe de una nación opresora, analizara la cuestión mucho mejor que Luxemburgo, originaria de una nación oprimida. El internacionalismo de la gran revolucionaria polaca la llevó en este punto a cometer un importante error estratégico, subestimando la energía nacionalista de amplias capas populares de Polonia. Ahora bien, incluso en sus errores Rosa Luxemburgo demostraba una gran capacidad de análisis y de aplicación creadora del marxismo, que no se limitaba a repetir frases hechas y que extraía del marxismo toda su energía revolucionaria.
La unión dentro del Partido Socialista no duró mucho. Instalados en el exilio
de París en 1892, los dirigentes de "Proletariat" rectificaron y
promovieron la consigna de la independencia de Polonia. Se desató una feroz
lucha ideológica (pero por parte de sus adversarios también plagada de
descalificaciones) que llegó hasta el Congreso de Zurich de Se produjo la escisión, creando Luxemburgo el nuevo SDKP (Partido Socialdemócrata Polaco), opuesto a la independencia de Polonia. Todas las calumnias y los sucios intentos del PPS por expulsar al Partido Socialdemócrata de Luxemburgo de Mientras todo esto sucedía en el exilio, en el interior de Polonia la situación era bien distinta, con el movimiento obrero paralizado y ajeno a aquellas discusiones. Las organizaciones estaban desmanteladas y entre quienes se esforzaron por fortalecer al nuevo Partido Socialdemócrata destacó pronto uno de las grandes figuras del movimiento comunista internacional, Félix Dzherzinski, que logró agrupar a los marxistas lituanos con los polacos en un sólo partido, que adoptó las siglas SDKPL.
Decidió instalarse en Alemania, que entonces era el corazón del movimiento obrero internacional y donde radicaba una parte importante del proletariado polaco. En mayo de 1898 radicó en Berlín y contrajo un matrimonio de conveniencia con un alemán para cambiar su pasaporte ruso por el prusiano y poder así desarrollar actividades políticas -prohibidas a los extranjeros- y no correr tampoco el riesgo de ser extraditada a su país.
Fue destinada a Silesia por el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) para agitar
entre los mineros polacos, y entonces pudo comprobarse otra de las grandes
cualidades de Luxemburgo: la oratoria, la capacidad de transmitir y llegar a
las masas obreras con un mensaje claro y lleno de entusiasmo revolucionario.
Los obreros de las minas le llevaban flores y le pedían que no se marchara, que
se quedara con ellos para ayudarles en sus luchas. Se ganó la simpatía del
máximo dirigente de Por su triple condición de mujer, judía y extranjera, los problemas le persiguieron dentro de un partido, que ya entonces era el más numeroso y organizado del mundo, aunque no del todo limpio ni mucho menos. Tuvo numerosos roces en los que sacó a relucir su fuerte personalidad; no era de las que se callaba ni se doblegaba ante ningún santón, por más fama que tuviera. En una ocasión escribió replicando a los insultos de la redacción del influyente diario "Vörwarts" lo siguiente: "Existen fundamentalmente dos tipos de seres vivos, los vertebrados que gracias a eso pueden andar y, en ocasiones correr, y los invertebrados, que solamente pueden reptar y vivir como parásitos". Así de vivo era su genio... Sólo tenía 27 años y ya se enfrentaba a la vieja guardia socialdemócrata, cargada de medallas, pero que empezaba a dar alarmantes muestras de esclerosis política. Su estilo incisivo le costó multas gubernativas e incluso en junio de 1904 fue condenada a varios meses de prisión por "injurias al rey".
Las ideas entonces expuestas por Bernstein siguen siendo las mismas que toda laya de revisionistas, y traidores del movimiento obrero han seguido defendiendo hasta nuestros días. Todo lo que hoy en día oímos, ya fue formulado hace un siglo, y la historia lo ha refutado. Frente al parlamentarismo que embobaba a la socialdemocracia, Rosa Luxemburgo escribe: "Es cierto que, formalmente, el parlamentarismo sirve para dar expresión a los intereses de toda la sociedad dentro de la organización estatal. Por otro lado, sin embargo, lo único que el parlamento permite manifestarse es a la sociedad capitalista, es decir, una sociedad en la que los intereses capitalistas son predominantes". Por eso este libro es un material obligado de lectura y reflexión en las filas del movimiento obrero revolucionario. No se trata de otra cosa que de la defensa de la vigencia del marxismo, y en él están ya refutadas las mismas acusaciones que hoy se lanzan contra las ideas comunistas. Luxemburgo no se opone a las reformas sociales sino que rechaza el argumento de
que se puede llegar al socialismo a través de una reforma paulatina del
capitalismo. Rosa Luxemburgo demuestra que la táctica revisionista supone una
aceptación del sistema capitalista. En contra de Bernstein y los revisionistas, que preveían un capitalismo organizado, pacífico y planificado, Rosa Luxemburgo anuncia la inevitabilidad de las crisis económicas y el gran alcance que iban a adquirir. Considera a los revisionistas como herederos de Kant, de Proudhon y de Lassalle, al tiempo que defiende que el desplome de todo el sistema capitalista es inevitable. Para ella el colapso inevitable del capitalismo es la "piedra angular" de la ciencia marxista, que poco a poco debe irse imponiendo sobre todos los errores utopistas pequeño burgueses que le han precedido. Considera, además, que la ley del hundimiento inevitable del capitalismo forma parte de la tradición teórica de la socialdemocracia alemana y que, al separarse de ella, Bernstein la ha traicionado. La socialdemocracia siempre había pensado que el socialismo llegaría con una "crisis general y aniquiladora", de que el capitalismo acabaría "por sí solo y víctima de sus propias contradicciones". Además diferencia muy agudamente las crisis iniciales del capitalismo "producto de su crecimiento infantil" con las crisis de decadencia que aún no han llegado pero que cabe esperar. Aquellas primeras crisis, decía Luxemburgo, derivan de la fase de expansión del capitalismo, mientras que las futuras van a ser crisis de envejecimiento y decrepitud. Esta genial aportación, que luego desarrollaría Lenin, aparece por vez primera en Luxemburgo: "Los límites del capitalismo están en el mercado: el capitalismo no es capaz de una expansión ilimitada precisamente por esa falta de salidas a la producción", aunque llega a afirmar, lo que es bastante discutible, que bajo el capitalismo "el intercambio domina la producción". Luxemburgo trata de fundamentar la inviabilidad del capitalismo como modo de producción, aunque tomando en consideración contradicciones que por un lado son puramente objetivas y, por el otro, son secundarias y no pueden tener esa virtualidad. Pone al mismo nivel la contradicción entre la socialización de la producción y la privacidad de la apropiación, con la contradicción entre la producción y el consumo. Critica a Bernstein porque defiende la posibilidad de superación de las crisis por el capitalismo, cuando según ella "la eliminación de las crisis supone la superación de la contradicción entre producción e intercambio". El capitalismo desaparecerá como consecuencia de la crisis de subconsumo. No habría crisis si la producción coincidiera con el mercado, si éste tuviera una capacidad de expansión ilimitada. Hay también en esta obra otras importantes aportaciones que luego desarrollará también Lenin, como la negación de que el monopolismo pueda resultar compatible, según decía Bernstein, con la progresiva democratización: "A consecuencia del desarrollo de la economía mundial y la agudización y generalización de la lucha competitiva en el mercado mundial, el militarismo y la marina de guerra han pasado de ser instrumentos de la política mundial a llevar la voz cantante tanto en la vida interior como en la exterior de los grandes Estados. Y si la política mundial y el militarismo suponen una tendencia ascendente en el momento actual, en consecuencia la democracia burguesa se moverá en línea descendente".
La revolución rusa de 1905 fue también la revolución polaca, que fue
donde aparecieron sus primeros brotes. El domingo 22 de enero de 1905 la
guardia zarista disparó contra una manifestación de 200.000 obreros en San
Petersburgo matando a 2.000 de ellos e hiriendo a otros muchos. Como
consecuencia de ello se produjo un levantamiento general en todo el imperio que
se prolongó hasta diciembre, participando millones de obreros por primera vez
en la historia. El absolutismo, que simultáneamente estaba siendo derrotado por Japón en la guerra, se vio contra las cuerdas y mostró su vulnerabilidad ante el proletariado. En octubre se vio obligado a ceder, reconociendo algunos derechos políticos básicos y convocar elecciones. Como suele ocurrir, la contundencia de los hechos zanjó una interminable discusión en el seno de la socialdemocracia rusa que, constituida como partido (POSDR) en 1898, se había escindido cinco años más tarde en varios grupos, entre ellos los bolcheviques y los menchviques. La revolución demostró que Lenin tenía razón: el capitalismo se había desarrollado en Rusia, había que desatar una revolución democrático-burguesa contra el zarismo y esa tarea sólo la podía cumplir el proletariado. En Alemania (y en Los artículos y conferencias le cuestan una condena por incitación a la violencia y pasa una temporada en prisión. Al salir comprende que no basta con escribir sino que es imprescindible la intervención directa sobre el terreno, por lo que a finales de diciembre de 1905 se traslada clandestinamente a Varsovia, todavía en estado de guerra, con la tropa patrullando por la calle, los comercios cerrados, las reuniones prohibidas y las barricadas cerrando todos los accesos. El 4 de marzo es detenida en Varsovia junto con León Jogiches aunque logró su libertad el 28 de junio a causa de su delicado estado de salud, y fue expulsada de Varsovia. Viajó entonces a San Petersburgo y luego a Finlandia, donde escribió su obra "Huelga de masas, partido y sindicatos", al calor de la experiencia de la revolución. En enero del año siguiente la autocracia zarista condenó a Jogiches por "alta traición" a ocho años de trabajos forzados, aunque logró huir de prisión en abril.
En la escisión dentro del POSDR, Rosa Luxemburgo se mantuvo equidistante entre los mencheviques y los bolcheviques. Su concepción al respecto era diferente de la de éstos, a los que criticaba su centralismo a ultranza. Luxemburgo asimilaba la postura bolchevique con la que anteriormente ella
había criticado a "Proletariat" por blanquista. Este es uno de los
errores más graves de su pensamiento, la idea imprecisa de la
"organización como proceso" que está directamente enfrentada a la
tesis leninista de la necesidad de un partido dirigente, organizado conforme a
los principios del centralismo democrático. Esta errónea tesis de Luxemburgo, tan difundida hoy día, desarma peligrosamente a la clase obrera, hasta el punto que Era Lenin y no Luxemburgo quien tenía razón también en este punto: no existe revolución sin una vanguardia comunista con una línea política adecuada que se ponga a la cabeza de la clase obrera, que mantenga una implacable lucha ideológica contra las desviaciones que van surgiendo por el camino, que preserve la vigilancia ideológica en el mismo interior de sus filas, que se fortalezca depurándose de los elementos oportunistas y al mismo tiempo se mantenga unido y disciplinado. No eran esos los fundamentos de la socialdemocracia alemana, anclado en el burocratismo y sólo preocupado por los recuentos electorales. En el Congreso de 1904 Luxemburgo había logrado introducir, entre fuertes rechazos internos, la vía de la "huelga general política", pero eran pocos los que estaban dispuestos a comprometerse con ella. Era evidente que el SPD había degenerado en el reformismo más ramplón, pero a diferencia de Rusia no había en Alemania una alternativa sólida porque aunque Luxemburgo apuntaba en la buena dirección, aún no había roto con ellos y carecía de una alternativa organizativa adecuada.
En 1913 se editó su libro "La acumulación de capital", su obra teórica más importante y uno de los análisis clave del imperialismo moderno que, una vez más, suscitó una viva y violenta reacción de los jefes de la socialdemocracia alemana, viéndose ella obligada, a su vez, a defenderse escribiendo, ya en la cárcel, la "Anticrítica". El núcleo de la argumentación de Luxemburgo parte de los fundamentos que ya expusiera antes en "¿Reforma social o revolución?": el consumo determina la producción; como los capitalistas no consumen toda la plusvalía, esta acumulación engendra un subconsumo que no encuentra salida porque carece de demanda solvente; este subconsumo sólo se puede compensar con las ventas en el mercado exterior, en áreas al margen del capitalismo; por tanto, el capitalismo es un sistema económico que sólo puede funcionar si coexiste con regiones no capitalistas, porque la producción no encuentra compradores ni entre los obreros (ya que estos realizan el capital variable) ni entre los capitalistas (ya que éstos consumen sólo la parte de la plusvalía que no se acumula); hacen falta "otras clases sociales" situadas al margen de esas dos que completen la demanda; una vez que el capitalismo se extienda tanto que no tenga regiones vírgenes precapitalistas ni tampoco "terceras personas" que completen la demanda, se producirá el derrumbe. La causa del colapso, por tanto, es la limitación de los mercados.
Luxemburgo, en realidad, está describiendo el proceso de expansión capitalista,
la acumulación originaria de capital que se desarrolla a costa de las formas de
producción precapitalistas, de la ruina de la pequeña producción agrícola y
artesanal. En ella la coexistencia de esos dos modos de producción no se
verifica necesariamente fuera de las fronteras, porque es posible la expansión
interior, cuando existen regiones a las que aún no ha llegado el capitalismo.
Desde el momento en que se agotan esos mercados precapitalistas, Luxemburgo no
es capaz de explicar el funcionamiento del capitalismo, por qué éste se hunde
irremisiblemente. Por eso su teoría es, a la vez, una teoría del imperialismo
ya que no concibe el capitalismo sin esa búsqueda angustiosa de regiones
vírgenes, sin burgueses ni proletarios, que le permitan sobrevivir. Las
contradicciones del capitalismo le impelen a salir fuera de las fronteras, e
incluso fuera del capitalismo mismo.En estas ideas radica la fuente inspiradora de las modernas teorías "tercermundistas" del imperialismo. Lo que Luxemburgo "demuestra" es la imposibilidad del capitalismo, no su desmoronamiento. Es una posición similar también a las que se dieron entre los populistas rusos y que Lenin ya había criticado años antes. A pesar de que Luxemburgo critica expresamente a populistas, incurre en sus mismos errores: las salidas exteriores son imprescindibles, así como "otras clases sociales" al margen del proletariado y la burguesía. Para Luxemburgo es imprescindible una expansión del mercado para proseguir con la acumulación. En la polémica de Kautsky contra Tugan-Baranovski y Hilferding, que habían defendido la ley de Say, Luxemburgo reconoce expresamente que su opinión en este punto es la misma de Kautsky. Luxemburgo parte de un error muy común en aquella época entre la socialdemocracia: partir de los esquemas de la reproducción capitalista del Libro II de “El capital” y tomarlos por un modelo del funcionamiento real del capitalismo. Pero esos esquemas parten del supuesto simplificador de que no existe el mercado exterior y, por tanto, no se puede pretender "demostrar" a partir de ellos que el mercado exterior es imprescindible. Por otro lado, en dichos esquemas Marx supone también que los intercambios se producen por su valor y que no existen transferencias encubiertas de valor a través de los precios de producción, que no obstante resulta característico del comercio internacional. Afirma que el capitalismo llegará la bancarrota por dos vías: bien porque la expansión capitalista reduce cada vez los sectores no capitalistas y, en consecuencia, impide la acumulación, bien porque sin esperar a ese momento, el proletariado se levantará y acabará con el régimen del capital. Como afirma muy acertadamente, “la lucha de clases es un mero reflejo ideológico de la necesidad histórica objetiva del socialismo, que resulta de la imposibilidad económica objetiva del capitalismo al llegar a una cierta altura de su desarrollo".
Alemania comenzaba a entrar abiertamente en la pugna colonial con las grandes potencias en Marruecos, los Balcanes y otras regiones del mundo, para lo que desató también el militarismo y el rearme de sus tropas. Luxemburgo comenzó a estudiar en profundizar las cuestiones militares y a escribir artículos contra una guerra ya previsible a todas luces. La campaña contra ella arreció, no sólo en los medios más reaccionarios, sino también en las propias filas del SPD. Cuando preparaban a toda prisa una guerra de las más carniceras de la historia, Luxemburgo era presentada por la prensa como "la polaca sanguinaria". Se le abrió un primer juicio por incitación a la insubordinación de las tropas. En el juicio dio muestras de valentía y arrojo: no se defendió sino que comenzó a acusar al belicismo alemán. El fiscal pidió un año de prisión y el encarcelamiento inmediato; la revolucionaria le espetó que si al fiscal le pidieran un año de cárcel huiría, pero ella no iba a echar a correr: podían encarcelarla o hacer con ella lo que quisieran porque no claudicaría jamás de sus convicciones. Su condena levantó una oleada de indignación y sus conferencias estuvieron más concurridas que nunca. Se iniciaba así la denuncia del militarismo, el rearme y la guerra imperialista. Desde dentro de la cárcel su servicio a la causa fue aun mayor si cabe. Publicó otro artículo sobre los malos tratos que los oficiales y mandos del ejército propinaban a los soldados, y se le abrió un nuevo proceso por "injurias al ejército". Al juicio se presentaron 30.000 familiares de soldados que estaban dispuestos a acreditar la veracidad de los malos tratos. Esta vez no les quedó más remedio que retroceder. En su denuncia del militarismo Rosa Luxemburgo encontró a un aliado fiel, uno de los pocos parlamentarios del SPD que se unió estrechamente a ella para siempre en la lucha: Carlos Liebknecht, hijo de Guillermo Lieknecht, uno de los fundadores de la socialdemocracia alemana. Carlos Liebknecht era abogado y había dirigido la sección juvenil de Había otro punto de unión clave entre Luxemburgo y Liebknecht: el internacionalismo. Carlos Liebknecht trabajaba clandestinamente para los bolcheviques desde Alemania y defendió a los presos políticos rusos en el famoso "proceso Königsberg", que se convirtió en una espectacular acusación pública de los bolcheviques contra la autocracia zarista. Se movía con un pie en los tribunales y los escaños parlamentarios y otro en la clandestinidad. Para su rearme, Alemania necesitaba incrementar los presupuestos de guerra en el parlamento, por lo que el SPD no tardó en demostrar su colaboracionismo con los militaristas y votó a favor de ellos. Liebknecht votó también a favor, obligado por la dirección del partido. Evidentemente la situación era intolerable. Lenin hacía ya diez años que había roto con los oportunistas, pero los revolucionarios alemanes seguían manteniendo una unidad ficticia.
En 1914 los dos revolucionarios crean el "Frente Revolucionario Antibelicista" y al año siguiente Luxemburgo comienza la edición de una revista al margen del partido: " Pero la reacción prohibe " En prisión comienza la redacción los folletos “Junius”, criticados por Lenin, así como la "Anticrítica", una respuesta a quienes habían criticado su libro "La acumulación de capital". Pero arrojó algo a la cabeza de un carcelero y fue sometida a aislamiento, incomunicada y nuevamente condenada por ello. En julio es detenida también Clara Zetkin y, con Liebknecht en el frente, el movimiento contra la guerra imperialista aparece descabezado.
Un mes después Rosa Luxemburgo sale de la cárcel y redacta "La crisis en la socialdemocracia", que se publica clandestinamente con el nombre de “Junius”. Indudablemente la socialdemocracia estaba en crisis, pero Luxemburgo seguía sin comprender la necesidad de crear un partido nuevo. Seguía confiando en poder trabajar desde dentro de la socialdemocracia.
El 10 de julio vuelve a ser detenida Rosa Luxemburgo y, tras ella, Franz Mehring, el anciano dirigente socialdemócrata, amigo de Marx y Engels. Con ellos van a prisión también numerosos militantes espartaquistas, quedando el trabajo de la facción a cargo de León Jogiches, hasta que fue a su vez detenido en marzo de 1918. Esta vez Luxemburgo no tendría juicio y permanecería indefinidamente secuestrada y trasladada de una cárcel a otra. En esa situación le llega el eco de Octubre y escribe la obra "La revolución rusa" de la que sólo se conservan algunos fragmentos, publicados bastantes años después de su muerte. En ella encontramos expuestas muchas de las ideas que compartía con los leninistas y sigue atacando a los reformistas, que consideraban que la revolución de Octubre era algo puramente nacional, un fenómeno local exclusivo de Rusia: "El partido de Lenin fue el único que comprendió el mandamiento y el deber de un partido auténticamente revolucionario, el único que aseguró el avance de la revolución gracias a la consigna: todo el poder al proletariado y al campesinado" Mientras tanto, en las calles la euforia inicial chovinista fue dejando paso a la desmoralización, al descontento, a las manifestaciones y a las huelgas. Fruto de esas primeras luchas espontáneas, se promulga el 20 de octubre una amnistía que permite a Liebknecht abandonar la cárcel, mientras Luxemburgo continuó en ella, ya que no había sido juzgada ni condenada. La marina se amotinó y estalló una huelga general. En Kiel se constituyó el primer consejo de obreros y marinos de la flota de guerra, hasta que el movimiento insurreccional, empujado por el entusiasmo de la revolución rusa, se generaliza y llega a Berlín. El emperador abdica, el gobierno dimite y la socialdemocracia llega al poder para sofocar la rebelión y lograr que los obreros vuelvan a las fábricas. Desde la clandestinidad, Liebknecht se precipita y proclama A ella y a sus compañeros le quedaban sólo dos meses de vida y el estado de salud de Luxemburgo se había agravado preocupantemente, lo que no le impidió incorporarse a la lucha: "Espero morir en mi puesto, en una batalla callejera o en una prisión", había dejado escrito. Los espartaquistas asaltan tres periódicos burgueses y en sus rotativas comienzan a editar de nuevo Bandera Roja el 18 de noviembre, con Luxemburgo como redactora-jefe. Pero la socialdemocracia se reunió pronto con los jefes del ejército para diseñar el aplastamiento de la insurrección por la fuerza de las armas. No escatimaron ningún medio, desde la guerra sicológica en la prensa burguesa hasta el armamento de bandas de mercenarios y criminales. El 6 de diciembre la reacción pasó a la ofensiva: 200 mercenarios asaltaron la redacción de Bandera Roja y las manifestaciones comenzaron a ser tiroteadas. Al día siguiente Liebknecht fue detenido y cuando iba a ser asesinado logró escapar de sus captores.
Cuando los espartaquistas exigieron la celebración de un nuevo Congreso y los cabecillas socialdemócratas se negaron, actuaron por su cuenta: convocaron el Congreso y junto con un grupo próximo a los bolcheviques, crearon el KPD, el primer Partido Comunista, aunque también distaba mucho de constituir realmente una verdadera organización comunista cohesionada. Era ya el 29 de diciembre de 1919, la reacción había pasado a la ofensiva y a los dirigentes del nuevo partido les quedaban sólo unos pocos días de vida. Los obreros estaban armados pero no estaban organizados ni entrenados para la lucha militar. La reacción asaltó la prensa revolucionaria y la sede del KPD, mientras señalaban a voces a los jefes de la insurrección para justificar su eliminación, ofreciendo una gran recompensa económica a quien los asesinara. Junto a Jogiches detuvieron a una militante a la que confundieron con Rosa Luxemburgo y la amenazaron claramente de muerte. Tanto Luxemburgo como Liebknecht fueron avisados del inminente peligro pero se negaron rotundamente a abandonar y a huir. Liebknecht pronunció las palabras, que luego se hicieron famosas: "¡Adelante a pesar de todo!” (¡Trotzalledem!). Los acontecimientos se precipitaban. El 15 de enero fueron detenidos Carlos Leibknecht y Guillermo Pieck y, poco después, Rosa Luxemburgo. Los tres fueron trasladados al hotel Eden de Berlín. De ahí, a culatazos, Liebknecht fue introducido en un vehículo que tomó la carretera hacia la cárcel de Moabit, deteniéndose en un tramo oscuro y solitario de la misma. Le sacaron casi inconsciente del vehículo y le dispararon a quemarropa asesinándolo. Luego llevaron su cadáver a un centro asistencial donde lo dejaron como desconocido. La prensa dijo que murió al tratar de huir. También a Rosa Luxemburgo la sacaron del hotel poco después y le destrozaron el cráneo de dos culatazos. Moribunda, su cuerpo fue arrojado dentro de un vehículo; otro mercenario le propinó un tercer golpe en la cabeza con su fusil y un teniente le dio el tiro de gracia, siendo su cadáver arrojado al Landwehrkanal, donde fue encontrado bastantes semanas después. La prensa dijo que había sido linchada por la multitud.
El camino al nazismo estaba abierto. La socialdemocracia había creado el precedente y enseñó el método para acabar con la revolución: asesinar a los dirigentes del proletariado, encarcelar a los más rebeldes, torturar e infundir pánico. La casa de Rosa Luxemburgo fue saqueada por la tropa y sus escritos arrojados a la hoguera. Cuando su cuerpo no había aparecido, los obreros aún confiaban en su regreso, en que aparecería viva para insuflarles nuevos ánimos y orientarles en sus batallas. Pero sólo apareció su cadáver horriblemente martirizado. Luxemburgo, Liebknecht, Jogiches y Mehring. son sólo los nombres más conocidos, los que abrieron el camino. Con ellos cayeron en las calles miles de obreros insurrectos, fusilados sin contemplaciones por mercenarios a sueldo de una burguesía ávida de riquezas. Otros muchos inauguraron los primeros campos de concentración, pero todavía hay una pintada en los muros de los barrios obreros alemanes que es muy común: "¡Adelante a pesar de todo!” (¡Trotzalledem!). Demuestran así que toda la sangre vertida no ha caído estérilmente y que otros han tomado el relevo en la lucha por una sociedad distinta, sin explotación y sin opresión.
Lenin se refirió a ella como una "representante destacada del proletariado revolucionario y del marxismo sin falsificaciones" en su artículo escrito en 1920 "Una contribución a la historia de la cuestión de la dictadura". Con gran emoción Lenin escribió sobre ella: "Aunque las águilas precipitándose desde lo alto, puedan volar más bajo que las gallinas, éstas por más que desplieguen sus alas, nunca pueden llegar a las nubes".Efectivamente, ninguno de los numerosas escritos de Rosa Luxemburgo son banales o superficiales; en todos ellos resplandece su propia personalidad, en todos ellos está acuñada su personalidad y su originalidad. Por eso desprenden una luz distinta y en ellos siempre se aportan puntos de vista novedosos, distintos, singulares. Fuentes: http://www.antorcha.org/galeria/luxemburgo.htm http://mujeresriot.webcindario.com/mr-rosaluxemburgo.htm Déjanos Tu Comentario |
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