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Año 4

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Rafael Mieses Peguero, "Cocuyo": héroe anónimo latinoamericano

Luciana Mc Namara/ ENcontrARTE

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Cocuyo a los 29 años

Cocuyo Mieses Peguero es uno más, de los tantos héroes anónimos latinoamericanos que han pasado, tristemente, a engrosar las listas de los torturados, asesinados y desaparecidos de los regímenes dictatoriales que, durante decenios, han azotado a los pueblos oprimidos del mundo. Si, precisamente los pueblos que, según la geopolítica del conocimiento, se encuentran alojados en la “periferia”, y por lo tanto, representan un especial tipo de “barbarie” que, de una u otra forma, reflejan lo que supuestamente los “cultos”, los países "céntricos", han ya trasmutado, y por ende, pasado, a un poderoso estadio superior de "democracia" y civilización. Lo que no se dice, es que, justamente, los países hegemónicos son los primeros interesados en mantener esta situación, los que la apoyan, protegen y aseguran para poder justificar, con relativa naturalidad, la condición de “superioridad” –desde toda perspectiva-, que se desea sea creído que poseen.

Todo un juego de poder, de artimañas de dominio que, por su macabra naturaleza, hemos, los pueblos latinoamericanos, tenido que sufrir terribles atrocidades, violaciones de derechos humanos e injusticias, dejando venas abiertas, heridas supurantes, cuerpos desolados e indescifrables miedos.

Este caso que aquí traemos, en particular, corresponde al de un hombre oriundo de República Dominicana que tuvo que padecer violentas y terribles circunstancias dentro del régimen militar de Rafael Leónidas Trujillo, el fascista y dictador dominicano que se mantuvo al mando entre 1930 y 1938, y entre 1942 y 1952; gobernó de facto desde 1930 hasta su asesinato en 1961.

Conocido popularmente como "El Jefe", "El Chapitas" (por su afición a auto concederse medallas y condecoraciones) o "El Chivo", su dictadura estuvo caracterizada por el anticomunismo, la brutal represión de toda oposición y por uno de los cultos a la personalidad más censurados y recriminados del siglo XX.

Preso de delirios de grandeza, este hombre no sólo encabezó uno de los gobiernos más corruptos de la historia latinoamericana, enriqueciendo sus arcas y la de su familia hasta el exceso, sino que llegó a cambiarle el nombre a República Dominicana rebautizándola como Ciudad Trujillo; construyó obras públicas de enormes dimensiones para perpetuar su memoria; y capitaneó operaciones intervencionistas en otros países del Caribe. Trujillo era comandante de la Guardia Nacional, un cuerpo militar creado por los Estados Unidos desde la primera invasión de ese país a la República Dominicana, en 1916, que, para preservar sus intereses en la isla, y darle así continuidad y dilación a su imperio, sin titubeo apoyó, en 1930, el golpe de Estado que mantuvo al Comandante en jefe en el poder hasta su muerte.

Durante la década de los 30, el gobierno de Trujillo estimuló la inmigración de judíos europeos hacia la República Dominicana, y no precisamente con fines humanitarios, intentaba en realidad "blanquear" a la población nativa, que en su mayoría era mestiza y negra. Mientras impulsaba esa inmigración envió, en 1937, el ejército hacia frontera con Haití y asesinó a más de 15.000 haitianos, bajo el pretexto de que el gobierno de ese país apoyaba a exiliados dominicanos que buscaban derrocarlo.

Trujillo "el dictador"
Intentó en muchas oportunidades intervenir en asuntos de estado de otras naciones latinoamericanas -como comentáramos-, junto con los dictadores Anastasio Somoza García (Nicaragua) y Marcos Pérez Jiménez (Venezuela). Se conoce que apoyó la invasión de Rafael Ángel Calderón Guardia a Costa Rica en 1955; y, después del derrocamiento de Pérez Jiménez, aliado político de Trujillo, intentó desmantelar al nuevo gobierno venezolano de Rómulo Betancourt -que se negaba a apoyar gobiernos no elegidos popularmente o de tendencia militarista-, ordenando un atentado en su contra el 24 de junio de 1960, en el cual un ayudante militar fue asesinado y el presidente resultó gravemente herido. Otro de los crímenes más monstruosos de Trujillo fue el asesinato de las hermanas Mirabal, cometido el 25 de noviembre de 1960 y el que aquí relatamos, el de Rafael Mieses Peguero, en septiembre de 1958.

Según cuenta la historia, altas dosis de una droga venenosa obnubilaron su conciencia y le provocaron profuso sangramiento cuando se asiló en la embajada de México y un calié infiltrado como antitrujillista le administró el ominoso tóxico. Para evitar un escándalo internacional por una muerte que presentía inminente, el jefe de la misión lo entregó a sus familiares en estado agónico. El doctor Pablo Iñiguez, quien lo atendió en el hospital Padre Billini, confesaría años después que el paciente sobrevivió inexplicablemente.

Ese 15 de septiembre de 1953, Rafael Mieses Peguero contaba 29 años de edad, pero ya desde la adolescencia se había convertido en uno de los más decididos y valientes luchadores contra la tiranía de Trujillo. Las cárceles le habían tenido como huésped masacrado por los sicarios del régimen y a pesar de las torturas y los golpes, siguió su labor de adoctrinamiento y de protesta, en público o clandestino, ideando insólitas campañas para atraer jóvenes a su causa. Su discurso convincente logró conquistar hasta los hijos de militares para la Juventud Democrática (JD) y el Partido Socialista Popular (PSP), en los que militó hasta que lo desaparecieron.

Alma de la resistencia antitrujillista y el primero y único revolucionario en esa época que laboraba políticamente las veinte y cuatro horas del día, Rafael Mieses Peguero no pudo continuar sus estudios más allá del tercer año de bachillerato, pues la lucha por la libertad se lo impidió. Acérrimo lector y gran promotor de la cultura, formó varias bibliotecas ambulantes y obsequiaba libros en fiestas rurales y urbanas que organizaba para captar adeptos. “Hizo varios foros para proyectar películas, los dirigía Oscar Torres, crítico de arte de “El Caribe”. Se pasaban en el cine Paramount, de San Carlos, y en el Capitolio, eran filmes con mensajes revolucionarios, yo recuerdo Roma, ciudad eterna, Ladrón de bicicletas, Enamorada. En esa época estaba de moda el antifascismo, y a la salida del cine comentábamos los mensajes y sacábamos a la gente para ingresarla al movimiento”, narra Carlos Antonio Lizardo Vidal, compañero de lucha y de vida de Coyuyo quien, junto a sus otros compañeros, “Chichirí” y Marino Enrique, iban a los barrios a tocar puertas para explicar los objetivos de la Juventud Democrática (JD); saltaban patios cuando la policía los descubría; recolectaban dinero para sus propagandas y, llegaron a obtener una imprenta para la organización en la que imprimían un periódico que circulaba ilícitamente y muchos de los panfletos que se entregaban. En esos primeros años, a Cocuyo le acompañaban Virgilio Díaz Grullón, Juan José Cruz, Guillermo Chávez, Antonio Germán, Roberto Sánchez Sanlley, Oscar Torres, Vinicio Echavarría, Rafael Valera, entre otros. Pero, finalmente, “Roberto y Antonio salieron a especializarse en medicina; Guillermo Chávez fue muy maltratado cuando estuvo preso y la mamá sufría del corazón. No quiso seguir para no matarla. Hasta que quedó prácticemente solo”, continua Lizardo Vidal quien ahora tiene 78 años de edad y quien salvó su vida huyendo.

Manuel Escobar Alfonseca, apodado el “Chichirí, conoció a Cocuyo en 1949 en el Partido Socialista Popular (PSP), al que ingresó a los 14 años repartiendo periódicos. “Cocuyo y yo organizamos actividades en San Francisco de Macorís y en Santo Domingo. Él cayó preso el 14 y yo el 15 de agosto, estábamos ligados a unos militares a través de Toñín Rojas y Juan Tomás Díaz, por lo que, desde las solitarias de la cárcel de “El 9”, donde fuimos torturados en la silla eléctrica, lográbamos comunicarnos. Sin embargo, lo encontré muy pesimista un día, me dijo que creía que no salía vivo. A nosotros nos soltaron en agosto del año siguiente. Cocuyo quedó ahí”.

Cocuyo Mieses y Federico Medrano en San Francisco de Macorís

Recuerda reuniones en yolas, en el río Ozama, porque fue desde entonces que arreció la persecución cuando descubrieron sus encuentros en el malecón, frente a la heladería “Los cremitas” con Luis Vidal, en conexión con Manuel Aurelio Tavárez, Carlos Lizardo, Leandro Guzmán y Maria teresa Mirabal, quienes conocían a Cocuyo también desde la época de la Juventud Democrática (JD) dirigida por Oscar Torres de Soto, que, aunque en sus inicios fue una filial del Partido Socialista Popular (PSP), siempre actuó de forma independiente.

Continúa contando “Chirirí” que: “Nos interrogó el temible coronel Ferrand”. En otro encerramiento, Cocuyo y Marino serían víctimas “del capitán del Villar, que interrogaba en la silla eléctrica, (…) el capitán Arriaga, que era pequeñito, pero malo, golpeó tan salvajemente a Cocuyo que hubo que hospitalizarlo. (…) Le metió la cabeza bajo el agua varias veces; le cayeron a palos; lo lanzaron en el parque Hostos y ahí fue la familia a recogerlo”.

 

Marino Enrique Sánchez Córdova fue el más entrañable amigo de Cocuyo, con el que sostuvo una relación casi de hermano desde que vino a Santo Domingo procedente de La Vega, en 1948. “Yo trabajaba en la 19 de Marzo y jugábamos fútbol juntos. Hice contactos a través de él con Guillermo Sánchez Sanlley, Picho Fiallo, Leo Nanita y otros. Paseábamos por el Conde, el parque Colón, porque él era un luchador abierto, a tiempo completo, hablaba a ricos y a pobres, a blancos y negros, y seguido, organizaba una célula, siempre nos perseguía un calié apodado “El Oriental”.

Marino describe a Cocuyo “fornido, jocoso, de baja estatura, delgado, mulato, cabello crespo, de facciones bien parecidas y sobresalientes bíceps. Vestía deportivo y le sobraba valor, no conocía el miedo”.

Entre 1951 y 1953, se produce un reflujo revolucionario por el desmedido aumento de la represión, los asesinatos y el fortalecimiento económico de la dictadura. Oscar Torres de Soto sale del país y la célula de Manolo Tavárez pasa a ser dirigida directamente por Cocuyo Mieses, tanto como otras que se hallaban tambaleando.

Así como Cocuyo tenía sobre su espalda gran responsabilidad, tenía también grandes riesgos. Era el blanco más codiciado de la policía militar. El más buscado. Y, cuando en 1954 los organismo de la seguridad del Estado detectan y capturan a Cocuyo Mieses en el malecón, logran desactivar la esencia de la resistencia interna antitrujillista.

El activismo de Cocuyo era admmirable. Su sobrino, José Bujosa Mieses, declaró que su tío “nunca temió a la dictadura. Cuando más lo reprimían, torturaban y encarcelaban, más alta era su moral. Tanto es así que, en1955 cuando Trujillo celebra la “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre” para conmemorar los veinticinco años de su dictadura, se subió a una de las carrozas del desfile y lanzó miles de volantes al aire denunciando las barbaries del régimen y llamando a la rebelión. Al ser descubierto fue bajado a palos del desfile y conducido al destacamento de la Policía en Güibia donde el capitán Arriaga se ocupó de propinarle otra paliza.

Esta Feria marca el inicio del declive económico del gobierno. Por órdenes de Trujillo, se secuestra en New York a Jesús de Galíndez, de origen español y agente del FBI. Se le traslada a República Dominicana, donde es asesinado. El reflujo del movimiento revolucionario se agranda por la dispersión de sus líderes debido al recrudecimiento de la represión por la proliferación de antitrujillistas. El 2 de diciembre desembarcan cerca de la playa Los Colorados, en el oriente de Cuba, Fidel Castro y el Che Guevara junto a ochenta expedicionarios que vienen a luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Después del envenenamiento en la embajada de México, Cocuyo se tornó cauteloso. Su sobrino José comenta: “En la casa de mi abuela siempre estaba pegado a un radio cuando la guerra de Corea, enterándose de los acontecimientos de esa confrontación. También lo recuerdo muy cauteloso cuando comía, después del envenenamiento, incluso, olía los tenedores y los platos. Se le quedó esa psicosis”. Sagrada sólo lo encontraba en su casa de la Francisco Villaespesa, en Villa Juana, ella muy pequeña preguntándole a su mamá, Marina, por qué tío Rafelito no salía”.

Sin embargo, entre los años de 1957 y 1960, la lucha de Fidel Castro y el Che Guevara adquiere magnitudes epopéyicas y Cocuyo, Manolo Távares, Minerva Mirabal, entre muchos otros, se reunían clandestinamente para hacele un riguroso seguimiento a sus pasos libertarios escuchando a Radio Rebelde, la cual entraba en la zona de Montecristi –donde vivían Manolo y Minerva-, por la cercanía con Cuba.

En 1958 Cocuyo Mieses intenta agrupar a todos los grupos dispersos de la resistencia en una sola organización nacional, y planifica junto con militares un complot para ajusticiar a Trujillo, pero fue detenido. Esta vez la dictadura lo desaparece. Y justo a finales de ese mismo año, en Cuba, el Che Guevara derrota la espina dorsal del ejército de Batista en la histórica batalla de Santa Clara. El ocho de enero de 1959, entra triunfante en La Habana, junto a Fidel Castro, hecho que conmueve la conciencia de todos los latinoamericanos en general y de los dominicanos en particular.

Pero ya antes, en septiembre de 1958, la familia de Cocuyo sospechó que el tenaz idealista había sido asesinado por una nota que recibieron, supuestamente de él, dirigida a su hermana Mireya, en la que le comunicaba que había sido puesto en libertad y se encontraba en San Juan de Puerto Rico. “Nunca más se supo de él, unos dicen que fue fusilado en la Isla Beata”, dice "Chichirí" y refiere que Manolo González le contó que, un día después que sus compañeros de prisión dejaron de escuchar su voz, “sacaron un serón ensangrentado: se supone que ahí llevaban el cadáver de Cocuyo”.

Calle Cocuyo Mieses
Una calle en su honor
Hoy, a casi medio siglo de su asesinato, se ha designado una calle de Santo Domingo con el nombre de Rafael Mieses Peguero (Cocuyo), para satisfacción de sus familiares, y de compañeros que llevaban años solicitando ese homenaje. Manuel Escobar Alfonseca (Chichirí), Carlos Antonio Lizardo Vidal y Marino Enrique Sánchez Córdova, se reunieron para hablar de sus experiencias junto al inquieto revolucionario al que sobrevivieron pese a que también sufrieron persecuciones, encierros y torturas. También le recordaron Dominicana y Teresita Espaillat. Sagrada y José (Chino) Bujosa Mieses, sobrinos del mártir, evocaron los breves encuentros con el tío “Rafelito” que se ocultaba en la casa de Marina Mieses Peguero, madre de los hermanos.

Teresa Espaillat, miembro del grupo que impulsó la solicitud para la designación de la calle en homenaje del aguerrido combatiente, destaca que son extraordinarios el valor y los méritos de Cocuyo y los que se mantuvieron firmes en los años 50 porque “fue una década en la que parecía que Trujillo iba a ser eterno. La mayoría se fue para el exilio y Cocuyo quedó conspirando prácticamente como un llanero solitario”.


Fuentes:
PEÑA, Ángela, Rafael Mieses Peguero (Cocuyo), Un mártir de la tiranía trujillista que mostró una valentía excepcional (On line), 4 Marzo 2007. Disponible en: http://www.hoy.com.do/el-pais/2007/3/4/228177/RAFAEL-MIESES-PEGUERO-COCUYOUn-martir-de-la-tirania-trujillistaque
http://moises-iturbides.blogspot.com
http://iturbidesredaccion.blogspot.com/2007/03/calle-rafael-mieses-peguero-cocuyo.html
http://www.terrorfileonline.org/es/index.php/Rafael_Le%C3%B3nidas_Trujillo
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/trujillo.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Le%C3%B3nidas_Trujillo
                                                  
http://manolotavarez.blogspot.com/2008/06/manolo-y-su-tiempo.html


Comentarios

VICTOR MOSCOSO

NEW YORK

QUE EJEMPLO DE REVOLUCIONARIO!! HOY CON ESTOS VALORES REVOLUCIONARIOS EJEMPLIFICADOS POR PERSONAS CON DETERMINANTE ANIMO DE CREAR UN MUNDO JUSTO Y ESTA MAYUSCULA ESPADA DE BOLIVAR REPRESENTADA POR TODO UNA NACION Y HOMBRE BRAVO COMO NUESTRO CHAVEZ DE LATINOAMERICA SOLO NOS QUEDA SUMARNOS AL CAMBIO Y LLEGAR A SER PARTE DEL EJEMPLO ACTIVO QUE HOY RECIBIMOS!! Y DECIR ESTA AMERICA ES UN SOLO BLOQUE!! HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!! PATRIA SOCIALISMO O MUERTE!! VENCEREMOS!!

13/12/08

 
República Bolivariana de Venezuela - A.C. CONTRACORRIENTE MMXXI