ENcontrARTE - Teoría e Ideología - Sociedad: El miedo de los ricos

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Año 1

Teoría e Ideología > Sociedad

El miedo de los ricos

Enrique Oliva

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El domingo de dos días atrás, el sitio Verba Volant de Internet, trajo esta cita de Paulo Freire: “el mundo está dividido entre quienes no duermen porque tienen hambre y quienes no duermen por temor de los que tienen hambre”. Pensamos que así ha ocurrido desde los orígenes de la humanidad. En los templos-fortalezas que construían en la antigua Grecia y luego en Roma, se depositaban las riquezas de menores, viudas y de cuantos querían asegurar su fortuna bajo la custodia de las divinidades del politeísmo y de sus representantes terrenos.

 

 Salteando siglos, ese temor superlativo y obsesionante en los ricos, lo vimos durante la Guerra Fría, en aquellos años cuando las guerrillas izquierdistas proliferaban por el mundo y la Unión Soviética era una gran potencia. La preocupación era evidente y los millonarios no dormían pensaban qué hacer cuando les alcanzara la revolución para “salvar” sus riquezas o buena parte de ellas. De esa época viene aquello de una “señora gorda” sentenciando: “¡Ah, yo me voy a la estancia!”.

 

Para los millonarios más exquisitos (y temerosos) se editaba en Estados Unidos una revista, solo para suscriptores, llamada “Isle”. Se dedicada a brindar consejos de seguridad y recomendar lugares para turismo exclusivo y garantido, donde nadie podía ser molestado ni identificado. Asignaba índices de valores, desde lo que debía evitarse y las zonas de reposo “en vías de decadencia” porque comenzaban a hacerse populares. Los sitios recomendables, aunque parezca extraño, incluían uno sorprendente: Dubrovnik, en el Mar Adriático, en la costa croata de la entonces Yugoslavia comunista (aunque no tanto e independiente de Moscú).

 

 

Escapes planificados
Hay diversos ejemplos de las estratagemas personales de millonarios miedosos. Una consistía en viajar o tener siempre a mano un valioso yate cargado con obras de arte, metales preciosos y divisas variadas. No era por excentricidad o manirrotos que construían en oro las cañerías y otras instalaciones de la embarcación. En caso de apuro, “si avanzaban los revolucionarios en países capitalistas”, subían a su barco y se dirigían a otro lugar seguro del planeta con algo de su fortuna.

 

Existen varios casos en que no llegaron a usar sus barcos como escape de las zonas de peligro comunista. Aristóteles Onasis, poseía el famoso yate “Cristina”, el más grande y fastuoso del momento, que transportaba una buena fortuna. Finalmente murió en una cama del Hospital Americano de París. Su cuerpo está congelado.

 

Algo similar ocurrió con el multimillonario español March, enriquecido con sus negocios junto a su amigo el Generalísimo Franco, quien le adjudicó el monopolio del tabaco, entre otras gangas. Tampoco alcanzó a utilizar su lujoso barco, pues murió en un vulgar accidente de tránsito, dentro de un auto blindado.

 

 Otro ejemplo de mitad del siglo pasado fue el del político y economista catalán Francisco de Asís Cambó. Vivió varios años en Buenos Aires como Presidente de la CADE, la poderosa empresa de electricidad. Tuvo un yate llamado “Catalonia” que exteriormente tenía el aspecto de un vulgar y despintado barco de carga. Los tripulantes de cubierta vestían simples ropas de trabajo. A la vista de los curiosos, nada hacía pensar en las riquezas que encerraba, especialmente en obras de arte clásicas de gran valor. Murió del corazón en su enorme piso de la Avenida del Libertador. Muy piadoso (no hay millonario ateo), en su testamento dejó instrucciones para que se le hicieran 1.000 misas por su alma.

 

Otro personaje curioso fue el banquero de múltiples nacionalidades pero nacido en el Líbano, Edmond Safra, uno de los hombres más ricos del mundo. Vivía temeroso de su salud (padecía Parkinson) y también por su seguridad pues había tenido amenazas y acusaciones penales por supuestos negocios con el lavado de narcodólares y la mafia rusa. Se había atrincherado en una verdadera fortaleza computarizada en Mónaco con 8 enfermeros y médico personal permanente, custodiado por un equipo de veteranos expertos israelíes. Al fin murió misteriosamente durante un incendio provocado en su residencia, el 3 de enero de 1999. Los bomberos lo encontraron muerto por asfixia, junto a una enfermera, encerrados ambos en un cuarto de baño con puerta blindada  como en la caja fuerte de un banco. Es de suponer que poseía relaciones amistosas (o financieras) con diversas empresas y familias argentinas, por la cantidad inusitada de avisos fúnebres aparecidos en medios de Buenos Aires durante una semana.

 

 

Una curiosas opinión
A mediados de 1976 tuvimos la oportunidad como periodistas de coincidir en una recepción con un banquero que, increíblemente, parecía culto y escribía novelas policiales. Al rato de conversar sobre literatura, se prestó la ocasión para preguntarle qué haría él para preservar su seguridad personal y la de su fortuna, en caso de avanzar el comunismo en el mundo. Su respuesta, recordada en este primer quinquenio del Siglo XXI, fue sorprendente: “Cuando la revolución comunista, o cualquier otro tipo de convulsión social grave esté a punto de desequilibrar al planeta, me instalaré en Rusia, porque allí se cerrará el ciclo y comenzará de nuevo el capitalismo tal cual como es actualmente, con una ligera cosmética”. Para pensar, cuando ya vemos en las listas internacionales de las personas más ricas del mundo a varios rusos y algunos chinos, desplazando a millonarios en petrodólares.

 

Enrique Oliva / eoliva@fibertel.com.ar

 

 

FUENTE: NAC&POP (Red Nacional y Popular de Noticias)


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