El romano emperador Nerón tocaba el cuatro y recitaba poemas, por lo que creíase un gran artista, mas quien no lo aplaudiese durante sus “presentaciones” podía correr el riesgo de ser degollado. Igual suplicio podían correr quienes osasen salir o entrar al teatro durante sui géneris actuación.
Artista o no, del arte o del “no arte”, Nerón parece no ser una pieza suelta en la historia. El contexto comunicacional del cual deriva su presencia pervertida, su madre Agripina y el preceptor Séneca, entre otros, tienen parte de responsabilidad en las atrocidades cometidas por el emperador que masacró a los cristianos de entonces.
Las atrocidades de Nerón son asumidas por la Iglesia Católica cuando en su intolerancia para con los no cristianos y herejes crea la Inquisición medieval. Caso especial el del filósofo Giordano Bruno, quien es quemado vivo por el sólo delito de discrepar de la ortodoxia católica. El Papa Gregorio IX instaura la tortura como suplicio para sacar confesiones a los herejes -¡fo!- Fray Luís de León, otra víctima de la Inquisición, fue encarcelado -no convertido en chicharrón-por la herejía de traducir el arte sagrado al arte popular. El arte ha sido desde entonces un cerrojo para el pueblo llano y la iglesia católica ha sido culpable.
Igualmente ahora George Bush. Implanta la tortura en Guantánamo y en el resto de sus cárceles secretas diseminadas por todo el mundo ante la vista indiferente de la ONU. Es el arte de la política neoliberal.
¿Pero, es la política un arte? ¿Y si lo es, se trata de un arte siamés?
TeoPeyo PomDoro -¡fo!-. Que mosquero. Pretende ser líder sin construir un liderazgo. Hoy, postrado a la derecha de ese tácitamente citado “nido de víboras”, anda como alcohólico sin botella, dando tumbos. Primero dijo que no quería morirse sin hacerle una alcantarilla a Caracas -¡f.o.!, no pudo ser alcalde-, luego dijo que se negaba a ser “marido cachudo” de Caldera, como rogando ser tomado en cuenta, -llegó a ser nombrado ministro-, después empezó con la manía de confundir los términos.
Gritando: “autócrata, autócrata, autócrata”, en lugar de “autocrítica, autocrítica, autocrítica”.
¿Es acaso éste un ejercicio del arte político?
Tal vez lo sea, pues TeoPeyo es un mago del arte puesto que es capaz de transformar una mano con una flor en otra mano con una pistola.
¿Es la política una ciencia?
Prefiero tratar la respuesta como una hipótesis vaga, muy vaga, pues creo que el carácter del arte de la política, antes relatada, es arte y es “no arte”, es orden y es desorden; además, quienes así la ejercieron y la ejercen si acaso llegaren al poder, a la cúspide, tienden a deslizarse hacia el declive ya que su ejercicio deja de comulgar con la realidad “real”.
Por lo general hay al menos dos realidades, una es profunda y sólo puede llegarse a ella mediante la conciencia. La otra realidad es superficial, basta abrir la página de un periódico o conectarse con “Globoterror” para acceder a ella; la política verdadera debe fundamentarse en la verdad profunda. He ahí entonces una posible razón que justifique la política como un arte.
No es casualidad que otro Papa, AlejandroVI, padre de Lucrecia Borgia, usara a ésta como instrumento del arte de la política; es la misma iglesia que condenó a Galileo, a Copérnico, es la misma iglesia que bendijo la breve dictadura de Pedro Carmona.
La otra iglesia, la que no anda en altas jerarquías, es la verdadera iglesia. Cristo no tenía oficinas, se trasladaba en un burro y vivía entre los pobres y así pudo establecer el arte de amar, ¿puede considerarse entonces como un modelo de artista y su obra, como un modelo de arte?
A un artista no debe bastarle crear la obra, el artista verdadero debe ser un despertador de conciencias para evitar que la gente se quede ahí, mansamente, contemplando su propia rutina y su alienación, hay que implicar a la gente en su propia cultura para ponerlo en el camino antialienante.