La relación entre el color de la piel y la posición económica en la que vive un
ser humano dentro de los diferentes estratos sociales, es un tema
controversial, abordado desde distintos puntos de vista. Uno de ellos lo abarca
la analista política Amy Chua, una americana de origen asiático catedrática de
Ciertamente, los habitantes de color “oscuro”, representan la mayoría en los
países latinoamericanos, así como también en los africanos, en algunos
orientales y en otros tantos que, desde la población primigenia del mundo,
adquirieron tal pigmentación dérmica. Lo que quiere decir que, la sorprendente
discriminación étnica y auto anulación que existe en los países en vías de
desarrollo, ha sido falsamente instaurada por una visión antropo y
europocéntrica del mundo que coincide, justamente, con la de un grupo de
personas de color clara.
La "Pigmentocracia" es la tesis central del artículo El mundo en
llamas. Los males de la globalización, de la profesora Amy Chua. Esto incluye
la opinión de que, la combinación de democracia y libre mercado está generando
grandes tensiones en el mundo, porque ha consolidado la dominación de minorías
en diversos países donde se ha aplicado dicha composición. Sin embargo, el
funcionamiento mental de Chua, asoma ciertos rasgos de pensamiento dominante.
No tiene sentido argumentar de pigmentación de estratos sociales, cuando no se
deja de establecer el propio. Sorprende que en su manera de abordar el tema, se
entrevé un tanto de ligereza, así como una posición europocéntrica que, si su
propósito era dar a entender lo contrario, a nuestro parecer no lo logró.
Sabemos que no es fácil deslastrarse de años de estructuras mentales
dominantes, así como tampoco lo es, de estructuras mentales de clases
subordinadas. Pero para abordar un tema como este, se debe intentar mantenerse
al margen de cualquier influencia de pensamiento, o bien intentar colocarse en
el “cuero del otro”.
Explicamos lo dicho: la profesora es de la idea que la influencia de la
globalización y el libre comercio ha sido crucial para desempolvar mentes
inertes y accionar las luchas por los propios derechos. Estamos muy de acuerdo
con ello. Lo que ha logrado la globalización es una mayoría negra, india o
mestiza cada vez más empobrecida, y una minoría blanca que aumenta su poder y
sus privilegios. El problema se centra, en que el sistema de mercado actual
crea desigualdades entre grupos sociales de diferente origen étnico y esto
contribuye a generar crecientes conflictos.
¿Pero, está Amy Chua de acuerdo con la globalización o no lo está? Pues si lo
está. Expone que la única manera de crecer y al mismo tiempo “distribuir más
equitativamente los beneficios de la globalización”, es adoptar un capitalismo
competitivo y fiscalmente responsable, evitando que la renta se desperdicie en
políticos que viven “chupando sangre del Estado”, para, más bien concentrarse
en manos de capitales (nacionales o extranjeros). Amy Chua, al referirse a la
crisis étnica boliviana, expresa: “No hay duda de que la globalización, además,
ha creado oportunidades para los bolivianos «mestizos»; en la capa alta figuran
hoy en día personas con la piel más oscura e inconfundibles rasgos amerindios.
La globalización ha beneficiado incluso en cierto modo a la mayoría indígena”
(Amy Chua, 2003:68). ¿A qué se referirá Chua con “oportunidades”? ¿Cuál es la
meta de la vida para esta profesora de pensamiento occidental?, ¿Será el estar
encumbrado con muchísimo poder? La meta que parece abanderar, ¿coincidirá con
las intenciones de los indígenas bolivianos en particular, y latinoamericanos
en general?, ¿O es una meta impuesta por la cultura occidental, precisamente,
para continuar enriqueciendo a los más poderosos? Además, no se comprende por
qué hace alusión a un beneficio turístico a partir de la globalización, en la
medida en que los indios “aprendan un poco de inglés”. ¿Es la lengua autóctona
lo que se desea recuperar, o intentar más bien, una adecuación al nuevo proceso
de “pensamiento único” a toda costa?
La profesora, ¿Se proclama a la lucha por una igualdad de clases o no?
Realmente no queda clara su posición ante esta situación mundial en su
artículo. Es más, creemos que no fija posición alguna, obviamente, no tiene por
qué hacerlo. Pero tiende a confundir el hecho de que habla consternada de la
exclusión étnica, y no puede quitarse la etiqueta de “clara” que con tanto
orgullo parece llevar, independientemente que lo sea o no (blanca). Tal vez si
su color fuera otro, no se expresaría con tanto desparpajo sobre los demás como
lo hace.
Creemos que la meta humana no se puede compaginar con un sistema capitalista
que mantiene un preciado interés por barrer toda identidad y memoria colectiva.
Este sistema impone un nuevo modo de vida que marchita la esencia humana al ir,
poco a poco, desconociendo sus raíces más profundas. Ya el tiempo no es más que
un aliado para lograr metas efímeras con vacío de contenido. Nos estamos
secando por dentro, porque las conexiones entre el hombre y los sistemas de la
naturaleza están siendo reemplazados por sistemas artificiales basados en la
fabricación de ansiedades para alcanzar fines mercantilistas, que, al fin y al
cabo, solo terminan por favorecer (económicamente), a un grupo bastante
reducido de individuos; los mismos interesados en desarraigar de la humanidad,
cualquier estímulo de retroalimentación, de pertenencia, que ponga en peligro
sus anhelados intereses.
La imposición de un estado consumista de lo "nuevo", lo deseado, y a
la vez de lo "prohibido", de lo inalcanzable, confunde a las
sociedades generando desequilibrio y malestar general. Una despersonalización y
desvalorización está calando mentes y rumbos, y sobrepasando a la naturaleza.
Como dice el antropólogo Efraín Hurtado: "Es la avalancha de la producción
industrial cayendo sobre todos los recovecos de la vida social al precipitarse
en una invasión de objetos, artefactos, noticias, acontecimientos, Films,
fragmentos imaginarios, viajes espaciales que se reparten con un vértigo cada vez
mayor por la urgencia economica de la vida misma" (Efraín Hurtado,
1973:39). Evidentemente parece existir un destino predeterminado, un modelo
único de pensamiento dispuesto a subestimar, no sólo la capacidad cultural del
hombre urbano, sino mucho más allá, de las sociedades minoritarias (occidentales
o no occidentales). Esa falta de diversidad en la identidad; de Fe en uno mismo
y en una fuerza superior; ese desequilibrio y desajuste general, tiene a la
humanidad actual en un sopor de melancolía y desespero preocupante. Pareciera
que el mundo "se lo está llevando un perro en la boca". Sin embargo,
imitando el optimismo del antropólogo Esteban Emilio Mosonyi, la salida podría
ser, apuntar hacia la utopía realizable, no perder las esperanzas de que
podemos construir otro mundo posible.
Volviendo a
No obstante, Amy Chua acepta que el origen de los problemas por el color de
piel se está desvaneciendo poco a poco, de hecho, arguye que, “Hoy en día,
Bolivia, México y Perú son las principales excepciones de Latinoamérica” (Amy
Chua, 2003:77). No compartimos esta aseveración con la profesora. Tal vez su estudio
se ha enfocado sólo en algunos países de Latinoamérica. Creemos que Venezuela
es uno de los mejores ejemplos de incorporación de conciencia étnica, racial y
de cambio hacía una nueva visión del mundo. Cosa en la que Chua, al parecer, no
profundiza tanto. Ni tampoco parece hacerlo cuando comenta que, en 1998, en
Venezuela, el triunfo del “paracaidista Hugo Chávez obtuvo una victoria
aplastante”. Tal vez si hubiera investigado un poco más a fondo, se hubiera
percatado de que la victoria del Comandante Hugo Chávez, no fue aplastante en
esa oportunidad, (como lo fue recientemente), y que hubo, en todo caso, una
abstención de casi el 45% de la población. O por ejemplo, el hecho que diga que
Argentina, Uruguay y Chile, son las excepciones a la regla de discriminación
por color. Desconocemos sobre qué estudios se habrá basado para aseverar tal
cosa. No consideramos que los países del Sur de Sudamérica, ni otros países del
mundo sean la excepción. En prácticamente todos los países de este planeta se
refleja un tono discriminatorio por el color de piel, por credo o por género.
En el caso de los tres países anotados arriba, existe, aunque en baja escala,
discriminación por color, entre otras razones.
La cuestión es que, efectivamente, comenzando por Venezuela, la inmensa
mayoría, denigrada por siglos, está despertando, y no sólo "gracias"
a una globalización totalmente oportunista, sino a dirigentes político-sociales
que, como también dice Chua, son parte del mismo pueblo, que hablan el mismo
lenguaje y padecen de las mismas penurias. Y por ende, entienden más que nadie
cuales son las necesidades. La lucha por la diversificación de la
identificación social continuará. Cada vez somos más los que formamos parte de
ella.
BIBLIOGRAFÍA
CHUA, Amy (2003) El mundo en llamas. Los males de la globalización. Ediciones B
Grupo Z.
HURTADO, Efraín (1973) La transparencia del signo. Ediciones de