Partido Socialista y Socialismo del Siglo XXI son dos temas que van de la mano. En pocas palabras, estoy entre los que desean un socialismo democrático en lo político (ética, libertades plenas, más poder a las comunidades, menos a los partidos y grupos de poder, decisiones en asambleas), en lo social (seguir avanzando en el desarrollo de los principios ya establecidos en la Constitución, garantizando la satisfacción de las necesidades básicas para todos) y en lo económico (socialización –no estatización– de la propiedad de los medios de producción, así como minimización de las diferencias de ingresos, aspectos no tocados hasta ahora y que requiere una reforma valerosa a la Constitución).
Concordante con esa idea van nuestras ideas acerca de la organización política. Damos por sentado la existencia de cuantas organizaciones políticas se deseen constituir, socialistas o no. Lo que plantea el Presidente Chávez es unificar en una sola organización a los revolucionarios, pero no prohibir que existan otras organizaciones políticas.
Esta propuesta del Presidente Chávez es reflejo de la insatisfacción (a lo que nos unimos) sobre la situación de pugna entre dirigentes de diversas fuerzas políticas, comenzando por el MVR, con una visión cuartarepublicana, que han olvidado la acción ideológica y el fortalecimiento del poder popular, para dedicarse a defender intereses personales y grupales. Está claro que las actuales estructuras y posiciones de las organizaciones políticas que apoyan el proceso no pueden continuar.
Ahora bien, la solución no es necesariamente unificarlas en un partido unitario. Desarrollando acciones constituyentes en el seno de cada una se podrían resolver los problemas existentes, con la ventaja adicional de disponer de diversas organizaciones que le den un colorido ideológico al accionar de la revolución, lo que es muy sano.
En todo caso, se constituya un partido unitario, o se revolucionen las estructuras de los existentes, nos unimos a la gran cantidad de analistas y pueblo que opinan que la construcción debe ser de abajo hacia arriba, a través de constituyentes comunitarias, en cada sector geográfico (barrio, urbanización) y sectorial (empresas, sectores educativo, salud, etc. de cada comunidad). Que cada una de estas instancias, en Asamblea Constituyente, discuta acerca del socialismo que queremos (y las consiguientes reformas a la Constitución) y de la estructura y modo de constitución del partido. Creo que solo así, constituyéndolo de abajo para arriba, con las orientaciones de una comisión asesora, se podrá construir un partido que esté en concordancia con lo que nos pide el proceso revolucionario.
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Venezuela