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Los filósofos de la antigüedad se preocuparon por el lenguaje y los signos, este punto de vista inicial nunca dejó de ampliarse y diversificarse, el propio Aristóteles dividió el drama en seis partes: alma, personaje, pensamiento, dicción, música y espectáculo. Hoy día los que hacemos radio debemos ocuparnos de la semiótica en dos campos básicos de la comunicación. El primero en una dimensión externa, me refiero hasta donde llega el sonido, donde se percibe esa señal que se esparce no para el consumo social, sino individual. El segundo plano es más difícil, tiene que ver con el yo interno del realizador. Los que producimos contenidos para este versátil medio debemos someternos a constantes auto-análisis ya que existe la tendencia a imponer nuestros gustos y hacer espacios con puntos de vistas personales. El yo interno debe alimentarse como un disco duro de una PC con aires renovadores, y que sea una síntesis de los gustos de la mayoría. ¿Cuál es el fenómeno que plantea la radio? ¿Emitir, recibir o facilitar el mensaje que nace en la comunidad? ¿Quién ofrece las declaraciones en una entrevista? ¿Es el primer emisor? ¿Es por tanto la radio una recolectora de mensajes? Los signos y los códigos que permiten una acertada comunicación de la radio con su mercado de audiencia pululan en la psiquis de la gente común. Las funciones del signo no son solo patrimonio de los medios gráficos y visuales. El hombre y la mujer que hacen radio hoy deben hurgar en los sonido de los campos y ciudades emitidos por los protagonistas naturales y artificiales, con el objetivo de apropiarse de los modelos y patrones semióticos que sirvan de referencia para la comunicación. Esas muestras sonoras deben archivarse y actualizarse periódicamente por que acompañan la existencia del medio radial desde su surgimiento a principios del siglo XX. La radio a diferencia del cine, nació con lenguaje articulado desde el principio; la radiodifusión canta y hace bailar a generaciones de escuchas que la asumen como un medio acompañante. Múltiples funciones la caracterizan. Sin la existencia de un lenguaje, de un código o conjunto de normas y reglas que den sentido a ese lenguaje, difícilmente podríamos hablar de comunicación, de la misma manera que tampoco sería posible entablarla si no se dispone de un canal que la haga viable, si no se da una situación que la propicie -por mucho que deseemos conversar con alguien, raramente lo podremos hacer si no tenemos interlocutor-, o si no hay mensaje alguno que transmitir. En la radio, al igual que en los otros medios, convergen todas y cada una de las condiciones necesarias para hacer de la comunicación una realidad, ya que, entre otras cosas, tiene un lenguaje y códigos específicos de los que se sirven sus profesionales para construir toda la constelación de mensajes/sonido que llegan a nuestros oídos a través de los aparatos receptores. Cinco aspectos constituyen la base de las creaciones artísticas y técnicas en la conformación de contenidos radiofónicos mundialmente. Fade out, fade in, cross, corte directo y los planos. Tanto el Cine como la TV usan estas terminologías. De hecho, si ahora sintonizas una emisora de radio te darías cuenta, de que constantemente se suceden y alternan voces y músicas, y en algunos casos, otros sonidos como el cantar de los pájaros, las olas del mar, ambiente de plena naturaleza, o el de un motor y un claxon de un auto. Observarías, igualmente, que todo está perfectamente ordenado y que, por ejemplo, una voz aparece cuando ha callado otra, que un fragmento musical que emerge al inicio de un informativo (fade in) desaparece lentamente (fade out) que un locutor presenta una canción mientras se escucha el sonido, a un volumen más bajo, las primeras frases de la música, y así un largo etcétera. Todo eso que se relacionan son signos, códigos o convenciones que se usan lo mismo en la radio de China, La FM Radio Taino de la Habana, que Voz del Níquel en Moa, en el oriente de Cuba o la Radio Nacional de Venezuela. Los efectos sonoros desarrollan un papel fundamental para la producción radiofónica, al igual que la voz y la música. La radio, es un medio comunicativo que se puede calificar de “ciego”, ya que el receptor (prefiero decir perceptor) no recibe ninguna imagen, ni ninguna información visual. La radio, sólo cuenta con los recursos sonoros, como la voz, la música y los efectos sonoros. Todos ellos, en su conjunto, deben lograr que el oyente visualice en su mente el mensaje que se le quiere transmitir, además de percibir cada uno de los matices de la situación. Los efectos sonoros, por tanto, persiguen el objetivo de describir paisajes sonoros. El efecto se puede obtener de forma natural o artificial, es decir, existe la opción de escoger sonidos directamente del medio real, mediante la grabación de los sonidos, por ejemplo, de los pájaros, del ruido del tráfico, etcétera. O bien, a través de la creación del hombre, ayudándose a veces, con equipos técnicos. Por ejemplo, podemos reproducir el sonido del fuego, sencillamente arrugando un papel de celofán. (Tan viejo como la radio) El efecto es reconocido por el perceptor en la medida que está asociado a una realidad, a un objeto, a un fenómeno meteorológico, etcétera. Cada barrio tiene su sonido y hay objetos que jamás se le conoce efecto ¿alguien sabe como suena la luna? Sin embargo si UD escucha el aullido de un lobo con efectos de grillos en la noche, inmediatamente piensa en la luna llena. Este es el código preestablecido a través de generaciones. Por otro lado, los efectos sonoros se corresponden con una serie de funciones según su intencionalidad. Se distinguen las siguientes funciones: descriptiva-ambiental, descriptiva-expresiva y narrativa. La primera, contribuye a la compresión de la situación, ayuda por tanto, a percibir el entorno donde se desarrolla el mensaje. Por ejemplo, si hablamos del campo, el trinar de los pájaros, del sinsonte nos aporta un matiz más que nos sitúa en ese ambiente en que se contextualiza el contenido. La función descriptiva-expresiva, enfatiza el lenguaje radiofónico, es decir dota de mayor expresividad el mensaje acentuando su valor, pero no constituye un matiz imprescindible para la comprensión de éste. Por ejemplo, en el contexto de una situación tensa o de discusión, se puede apoyar esta sensación con el sonido de un trueno. La tercera función, la narrativa, se corresponde a aquellos efectos sonoros que por sí solos se identifican con una situación sin lugar a equívoco y, sin necesidad de otro componente adicional. Por ejemplo, el ruido que produce un motor de coche al encenderse, sólo nos invita a pensar en esa acción. El efecto fade-out, es frecuentemente utilizado en el medio de la radio, consiste en la desaparición progresiva del sonido. Por ejemplo, el cesar paulatino de la lluvia, hace entender al oyente que la lluvia ha terminado. Los componentes del lenguaje radiofónico, o, dicho de otro modo, las materias primas con las que trabaja la radio son cuatro: la voz (o el lenguaje de los humanos), la música (o el lenguaje de las sensaciones), los efectos sonoros (o el lenguaje de las cosas) y el silencio. Como es lógico, el uso que se hace de estas materias varía en función del tipo de programa y, así, mientras que en un informativo predominan las voces de aquellos reporteros y locutores que relatan las noticias, en una discoteca o en una revista musical es precisamente la música la que tiene un papel protagonista. El principal denominador común de los componentes del lenguaje radiofónico es, ante todo, su ilimitada riqueza expresiva y su gran poder de sugestión. Utilizando sólo la voz, o sólo la música, o la voz y la música, o la voz y el silencio, o todas las materias primas a la vez, podemos lograr que el oyente se alegre o se ponga triste, que visualice en su mente un paisaje, que recree un movimiento, que sienta miedo, que se entretenga o que se aburra... Porque, en el universo radiofónico, todo es posible. EL profesor Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad Autónoma de Barcelona, aporta muchísimo sobre estos temas en el libro que, precisamente, lleva por título El lenguaje radiofónico: ‘‘Conjunto de formas sonoras y no-sonoras representadas por los sistemas expresivos de la palabra, la música, los efectos sonoros y el silencio, cuya significación viene determinada por el conjunto de los recursos técnico-expresivos de la reproducción sonora y el conjunto de los factores que caracterizan el proceso de percepción sonora e imaginativo-visual de los radioyentes’’. El discurso radiofónico y su lenguaje formado con sonidos, voces, entonaciones, silencios, músicas, etc., así como las mezclas posibles se caracterizan, a diferencia de los signos lingüísticos, en su naturaleza analógica puesto que es más difícil determinar las lejanías entre el signo y su significado si reparamos, por ejemplo, en los sonidos de una ambulancia o del auricular telefónico. Estos signos tienen un gran parecido con la realidad. Aunque existen referencias sonoras universales, cada país acumula las suyas, de ahí que en las programaciones que son para audiencias multiétnicas el producto de audio que se emite debe localizar una media o de lo contrario, lo que puede parecer o ser un signo para una región ya preestablecido para otra no existe. Los fabricantes de sonidos para la radio deben acumular una memoria auditiva y a la ves investigar mucho la audiencia, su mercado, porque los gustos varían de acuerdo a su culturas. En la radio, como en la pequeña pantalla televisiva no es una recreación fría y lejana, como en los periódicos impresos, sino que, se ven y se sienten personas de carne y hueso que cantan, hablan, se equivocan, están ahí, dicen que están ahí y que nosotros estamos en contacto con ellos, creyéndoles en toda la realidad que les da el habla directa y viva. Creerles, en este caso, depende simplemente de su capacidad de mostrarse de manera emotiva y auténtica; calurosa y personal. ¿Cuánta necesidad tienen, entonces, los formatos radiofónicos de diferenciarse y ganar "independencia" respecto de hechos y opiniones como la prensa escrita para ser creíbles? ¿Es posible conseguir los mismos niveles de credibilidad que los de la prensa sin recurrir a los prototipos periodísticos? El oyente prefiere la anécdota, frente a la noticia. La narración de los hechos donde el tiempo y el poder de síntesis deben animar cada día los nuevos signos que se impongan en la radio moderna. La radio de éste siglo XXI bien pudiera convertirse en más anuncios y promociones de bien público y menos comerciales que atiborran el éter de etiquetas brillantes multicolores en busca de vender lo más inverosímil, mientras el escucha espera y no encuentra la historia que quiere oír, no solo para informarse sino para entretenerse y aprender. carlosdi@enet.cu Cuba Déjanos Tu Comentario |
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