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Hace varias semanas escribí una reflexión acerca del medio radiofónico como arte (La Radio como Arte) y, posteriormente, mi colega Pedro Pérez, Director de Radio Taíno, publicó otra sumamente valiosa (La radio: ¿difusión, comunicación o arte?) que invita al debate en busca de un consenso al respecto. Ambos coincidimos en algunos aspectos mientras en otros permanecen las interrogantes. Se trata de un sano ejercicio del pensamiento, pues lo que ambos intentamos no es ganar una discusión, sino en medio del diálogo, abierto a quienes gusten en participar, ir al encuentro de puntos en común. Admito que existen opiniones encontradas en cuanto a la categoría artística del producto radial. Lo más interesante de la cuestión es que todas las tendencias manifiestan argumentos razonables para sustentar sus criterios. Estamos ante una interrogante peliaguda cuya respuesta –¿definitiva?– pudiera marcar derroteros, siempre para un contexto, medio y época específicos. En primer lugar, cabe decir que no todo cuanto se hace en la radio puede ni debe ser considerado un producto artísticamente elaborado. Eso es una realidad, pero el hecho está dado no porque algunos espacios sean incompatibles con ese fin, sino por cuestiones de creatividad o encasillamiento de algunos realizadores. Tampoco sería saludable caer en el otro extremo, el del snobismo de quienes procuran nuevas formas de expresión artística para la radio, aventurándose a destruir códigos científicamente probados, ¡muy funcionales!, en aras de nuevos estereotipos que imponer. Un tercer peligro sería la negación de la dialéctica de la radio, sobre todo frente a los retos que imponen el creciente desarrollo de la sociedad y las nuevas tecnologías. Considero que lo primero a hacer radica en apelar a las definiciones de Arte como tal para luego discernir si sería lícito aplicarlo al producto radial. Digamos que en el Diccionario Filosófico de los autores M. Rosental y P. Iudin se define el Arte como “Forma específica de la conciencia social y de la actividad humana, consistente en un reflejo de la realidad a través de imágenes artísticas.” ¿Acaso la radio no refleja la realidad? Pudiera ser rechazada esta aseveración, y esgrimirse el argumento que se trata de un medio de información y de comunicación. Estoy de acuerdo en que la radio constituye esa categoría de medio, y al admitirlo no contradigo el empeño de que el producto radial, al tiempo que es informativo y comunicativo, pueda ser – si se quiere – también un ente artístico. Pensemos en otras expresiones artísticas, ¿acaso no informan y comunican también? Constituyen un reflejo de la realidad cuya funcionalidad se da, en primer término, por la relación del creador con su obra y por la relación del público con la obra y con su creador. ¿Tendría sentido la pintura como arte sin los que visitan las galerías? ¿Es la música arte sin los instrumentos que la ejecutan y el auditorio que la escucha? ¿Es el teatro un arte en toda la extensión del término sin los espectadores? ¿Por qué negarle al quehacer radial su categoría, NO de OBRA DE ARTE, sino de PRODUCTO ARTÍSTICAMENTE ELABORADO? También hay que tener en cuenta que la radio es en sí COMUNICACIÓN, no así las obras de arte generalmente reconocidas como tales que, aunque comunican, no poseen esa función como un fin en sí mismas. Resulta obvio evitar el riesgo de que quienes nos dedicamos a la radio lo hagamos con la única pretensión de ser elevados a la categoría de artistas; más bien creo que ejercer este oficio debiera de imbuirnos a elevar a niveles artísticos cuanto hacemos en el medio, sin necesidad de ser pintores, músicos o dramaturgos. Más allá de un interés por ser conceptualizados dentro de la categoría, lo que importa es el resultado, el producto radial en sí mismo. Conocido es que existen espacios en la radio caracterizados por su “linealidad” que distan de ser calificados como productos radiales artísticamente elaborados; sí transmisibles atendiendo a su valor, trascendencia e interés, pero en muchos casos – salvo excepciones - no creo se deba a la naturaleza misma del espacio, sino a la falta de creatividad para aplicar una dramaturgia, un punto de vista y combinar de modo armónico y estéticamente las herramientas con que contamos. Abundan códigos en nuestro medio que hacen viable semejante reto. Por otra parte, se precisa de mucho tacto para no confundir lo artístico en la radio con la “poetización” del medio. Ello constituye un peligro dado por algunos nuevos conceptos de búsqueda. La radio es siempre directa, sencilla, en síntesis. Realizarla de ese modo es, por sí mismo, un logro artístico. A través de la radio podemos difundir poesía, pero el lenguaje radial que pretende hacerse poético entra rayano en la cursilería. Retornando al concepto de Arte comúnmente aceptado, se trata de una actividad que debe aprenderse y aprehenderse, partiendo siempre de la realidad objetiva que circunda al creador y de su necesidad de “comunicar” esa realidad. Sin despojarse de la verdad y la objetividad, el tratamiento de la obra lleva implícito el punto de vista de quien la realiza, lo que desea “que perdure” de ella entre quienes reciban el mensaje. Arte es la habilidad para realizar algo; eso exige conocimiento y especialización. La radio como arte reclama artistas nacidos como tales; no fabricados para el desempeño. Gente que viva para la radio y no que viva de la radio. Quizá sea ese uno de los obstáculos que enfrenta la radio a lo largo y ancho del planeta. El mercantilismo de las sociedades de consumo desvirtúa ostensiblemente las posibilidades artísticas del producto radial. Cada vez son más los espacios dedicados a comerciales, algunos de ellos artísticamente elaborados, -¡claro, por el interés baila el mono! - pero no en función del placer estético y la elevación de la cultura, sino como medios de manipulación para imponer modas, gustos y productos. Un riesgo de la globalización lo constituye la pretendida estandarización de la cultura mundial que despojaría a la mayoría de nuestros pueblos de su identidad. Los realizadores en la radio necesitan – condición sine qua non –un talento creativo para convertir los sonidos y el silencio en imágenes, y hacerlo originalmente. Mientras más se acerque la gente de la radio a ese propósito, entonces cada producto radial asumirá una categoría más artística. Por lo general, cuando hablamos de arte en la radio, pensamos en los espacios dramatizados (radionovelas, radiocuentos, radioteatros). Obviamente, por defecto, los espacios dramatizados entrañan un amplio proceso de realización artística. Creo que también otros espacios pueden ser productos radiales artísticos, desde un programa musical con una buena curva de balance, hasta los informativos. En los espacios noticiosos, específicamente, puede alcanzarse la categoría de producto radial artísticamente elaborado si desde el redactor hasta el realizador de sonidos y el director saben conjugar sabiamente las informaciones, organizarlas, aplicar las correctas yuxtaposiciones, balancear las notas, emplear los fondos musicales y cortinas puestos en función de los textos, intencionalidad en la locución (tono, ritmo, inflexiones según el caso) propiciando al radioescucha un “clímax” que satisfaga al máximo posible su necesidad informativa, al tiempo que se le concede el merecido placer estético. Es cierto que todo en radio tal vez no llegue a constituir un producto radial artísticamente elaborado, pero considero que casi todo sí puede serlo. En primer lugar por el talento y la dedicación que se apliquen a la labor, que hagan de cada espacio un ente interesante y atractivo sin perderse de su contexto. La radio es información, comunicación, y, como tal, es un medio de expresión de la conciencia social. Su estructuración estética puede convertir buena parte de su cosecha en un producto radial artísticamente elaborado. La radio es capaz de reflejar la realidad concreta a partir de concepciones subjetivas (formadas en un contexto determinado y en constante interacción dialéctica). Concepciones que en algunos casos pueden diferenciarse, pero unidas por el cordón umbilical de la misma realidad a la cual pertenecen, y que de algún modo intentan plasmar. Tal vez la reticencia de algunos profesionales para aceptar lo artístico en el producto radial se deba a “lo efímero” del medio, pero esto sería tema para otra reflexión. Tengo como libro de cabecera ALEJO CARPENTIER Y LA RADIO, del maestro y colega Oscar Luís López, y no me canso de releerlo y subrayar términos. Considero que la obra es, en parte una clara defensa de la radio como producto artístico, donde al referirse a nuestro insigne escritor ¡y hombre de radio!, Oscar Luís afirma: “…pensaba que en la radio siempre se podrán hacer obras de importancia artística elevada”. En otra de sus reflexiones, el maestro Oscar Luís expresa: “…Nosotros, en particular, estamos de acuerdo con las designaciones existentes. Pero siempre y cuando se defina qué tipo de programas se incluyen. ¿Por qué? Porque un noticiero, una charla o conferencia, una entrevista, una discoteca, un juego o un acto político no tienen ni se les puede dar el mismo tratamiento técnico-artístico a la hora de confeccionarlos y transmitirlos que a un cuento, una novela, una aventura, un teatro, escritos, expresamente, para ser radiados”. Respeto los criterios del maestro Oscar Luís y como él considero que un concierto EN VIVO, una charla o conferencia o un acto político no pueden recibir el mismo tratamiento técnico artístico. Por lo demás sí soy del criterio de que una entrevista radialmente pensada y elaborada, un noticiero y un espacio musical (incluyendo una discoteca), pueden ser tratados artísticamente y llegar a ser un producto radial artísticamente elaborado. Por ningún concepto me acomodo a la idea de que la Radio sea declarada algún día el Octavo Arte. Nada tan lejano de cuanto aquí expreso, pero sí considero que cuenta con todas las potencialidades para continuar elevando sus resultados a niveles cada vez más aceptados dentro de lo artístico, incluyendo los espacios noticiosos. Sin que haya duda, en nuestro país muchos espacios “de facto” lo son. Los cubanos vivimos en una sociedad donde la educación y el desarrollo de la cultura popular constituyen prioridades. Ello ha dado como resultado un público conocedor, profundo, exigente y crítico. Acercar, en la medida de lo posible, nuestro quehacer a la categoría de producto radial artísticamente elaborado, tanto en contenido como en forma y en su mismidad, resulta para todos los creadores de la radio un reto y, a la vez, necesidad y compromiso. Bibliografía recomendada: - ARTE Y POESÍA – Martin Heidegger – Fondo de Cultura Económica, México, mayo de 2001. - ALEJO CARPENTIER Y LA RADIO – Oscar Luís López – Editorial Letras Cubanas, Instituto Cubano del Libro, 2003. - DICCIONARIO FILOSÓFICO – M. Rosental y P. Iudin – Editora Política, Instituto Cubano del Libro, julio de 1981. - DICCIONARIO OXFORD DE LA MÚSICA – PERCY A. SCHOLES – Editorial de Arte y Literatura, Instituto Cubano del Libro, 1980. - LA RADIO TEORÍA Y PRÁCTICA – JOSÉ JAVIER MUÑOZ Y CÉSAR GIL – Instituto Oficial de Radio y Televisión, EPS-Industrias Gráficas, S. L., Madrid, 1986. Fuente: www.radiocubana.cu tacruiz@enet.cu Cuba Déjanos Tu Comentario |
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