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La civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza… El mito mueve al hombre en la historia. Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de un mito multitudinario. Las fuerzas de los revolucionarios no están en su ciencia; están en su fe; en su pasión, en su voluntad. José Carlos Mariátegui Parece necesario que las nuevas generaciones seamos capaces de hacer entrar en nuestro conocimiento las lecciones de los pensadores de otras generaciones, no de forma estática, sino sabiendo distinguir lo que está vivo y lo que ya no está, lo que permanece en la sociedad y lo que cambia, y entender fundamentalmente que para ser fiel al ejemplo de los que han luchado en el pasado debe tomarse por sí mismo la responsabilidad propia de búsqueda y acción permanente. Tenemos áreas históricas pretéritas sobre las que abundan investigaciones, documentos, imágenes objetivas, y con ellos, pensadores revolucionarios. José Carlos Mariátegui es uno de esos irreverentes creativos que sólo piden ser comprendido y contextualizado en el fragor de la pasión por las luchas sociales latinoamericanas. Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de meter toda mi sangre en mis ideas... otra vez repito que soy un critico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano. Estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario. El pensamiento de Mariátegui viene siendo reivindicado sucesivamente por la conciencia del movimiento social latinoamericano quien lo ha sacado de largo silencio para convertirlo en interlocutor privilegiado y punto de referencia obligado del pensamiento crítico y transformador de la sociedad, al enseñarnos el camino al estudio concreto de la realidad contribuyendo al nacimiento de la conciencia revolucionaria desde la visión marxista. Mariátegui supo encontrar para nosotros el camino de la universidad allí donde sólo veíamos el atraso. Frente a una mimética cultura de izquierda, incapaz de reconocer en nuestra singularidad latinoamericana el supuesto inderogable para fundar un camino propio de ascenso a la universidad de la transformación revolucionaria, Mariátegui, al lanzar como propuesta en combate por la peruanización del Perú logró restituirnos una intuición poderosa en Marx, aunque olvidada por sus discípulos. A diferencia de lo que pensaba el marxismo de la segunda internacional, el ‘atraso’ tiene la virtud de mostrar el camino que falta por recorrer... son los países que llegan con retraso al festín del capital los que muestran a los demás las llagas de un sistema destinado a ser sustituido, so pena de sucumbir en la barbarie. Es precisamente en este planteamiento teórico metodológico de la acción política donde encontramos la fecundidad y profundidad de los postulados vigentes del comprometido intelectual peruano para el análisis de la realidad del siglo XXI y en pleno proceso de cuestionamiento y resistencia ante la globalización, el pensamiento vivo de Mariátegui, está reclamando una relegitimación, fundamentalmente, en el proceso de reducción desintegración del Estado-nacional moderno y en la falta de actores sociopolíticos capaces de reemplazar viejos proyectos, modelos y estilos de hacer política. Todas estas razones, nos llevan a repensar con sentido abierto y autocrítica, en torno a los senderos propios por los que transita y debe transitar el movimiento social, y reconocer la contribución de Mariátegui al pensamiento político latinoamericano en referencia al marxismo, al indigenismo y a la cuestión nacional, dejándonos un inmenso legado de esperanza. Esta síntesis de su pensamiento pretende puntualizar sobre algunos aspectos de su legado teórico-metodológico al marxismo latinoamericano. En las primeras tres décadas del siglo XX la literatura marxista en América Latina era sumamente escasa, y las interpretaciones de los padres fundadores a problemas de la región no sólo eran pocas y desconocidas, sino que contenían numerosos juicios erróneos. Se puede afirmar que no existían ni siquiera las bases teóricas mínimas para el desarrollo del marxismo latinoamericano. La interpretación marxista de esta realidad estaba por construirse, ya que al llegar el materialismo histórico carecía de una concepción acorde con la realidad existente de este lado del Atlántico. Mariátegui está entre los primeros marxista en América Latina y hace que éste se funda con los diversos aromas y climas latinoamericanos. El marxismo es considerado por el intelectual peruano como un instrumento de análisis y transformación de la sociedad y lo define como “un método fundamentalmente dialéctico. Esto es, un método que se apoya íntegramente en la realidad, en los hechos. No es como algunos erróneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rígidas iguales a todos los climas históricos, y todas las latitudes sociales. Marx extrajo su método de la entraña misma de la historia. El Marxismo en cada país, en cada pueblo opera y acciona sobre su ambiente, sobre un medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades”. El marxismo de Mariátegui expresa la necesidad que los instrumentos de análisis se adecuen al cambiar de la sociedad europea a la latinoamericana. Este enfoque metodológico equivale a redefinir al marxismo y, por tanto, a fundarlo en este lado del Atlántico. Su esfuerzo era por crear un materialismo histórico en contacto con una realidad original y no de reproducir categoría del marxismo eurocentrista y mecanista donde se diluye lo particular de nuestras realidades nacionales, por tal razón, “no queremos ciertamente que el marxismo sea en América Latina calco y copia. Debe ser creación Heroica. Tenemos que dar vida, por nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje al socialismo Indoamericano”. El marxismo no es en Mariátegui un problema de citas, sino el conocimiento de un método, la compenetración de una manera de razonar. El creativo intelectual peruano considera que el marxismo no es una filosofía de la historia, con categorías rígidamente predeterminadas, sino más bien una concepción histórica resultante del estudio de las condiciones de la sociedad capitalista contemporánea y en tanto esta continúe existiendo, este conserva su validez. La formación Marxista de Mariátegui fue algo singular como consecuencia de la influencia de varios pensadores italianos entre los que se encontraban el filosofo liberal burgués neohegeliano Benedetto Croce quien con sus ensayos escritos a principios de siglo y reunidos en “materialismo histórico de economía marxista”; como la versión radical del neohegelismo representada en Piero Gobetti, tiene una presencia permanente en los escritos de interpretación histórica que hace el intelectual latinoamericano sobre la realidad peruana. Además, la influencia bergsoniana a través de George Sores, considerado por Mariátegui como uno de los más importantes pensadores del siglo XX del cual asume “la idea del mito social como fundamento de la fe y de las acciones revolucionarias de las multitudes, así como antídoto contra el escepticismo de los intelectuales de alimentos especiales de una concepción metafísica de la existencia”. Además, se encuentra la influencia de Antonio Gramsci y el grupo de L’Ordine Nuovo con su propuesta de conjugar pensamientos y acción en la formación de un nuevo bloque histórico que diera la posibilidad de aportar un proyecto alternativo a la hegemonía establecida. Los pensadores que tuvieron influencia sobre el intelectual peruano “no prestaron mucha atención a la economía política marxista, concentrándose más en la filosofía y en la teoría política y prestando mucha atención a los problemas espirituales y culturales, lo que estaba en consonancia con las preocupaciones del propio Mariátegui”. En tal sentido, del idealismo marxista mariateguiano resalta dos elementos importantes que son: su notorio subjetivismo y su insistencia sobre la presencia y necesidad de factores no racionales en la política. Este marxismo es el que Mariátegui trata de aplicar con rigurosidad al interpretar la realidad peruana que aspira transformar incluyéndolo en la participación activa de la política, destacándose, por un lado, la atención al papel de acción de las fuerzas sociales que pueden transformar la realidad; y, por otro, la preocupación por las peculiaridades de la realidad nacional que deben ser objetivamente analizadas e interpretadas al momento de construir el proyecto de transformación social. Fruto de este legado de trabajo intelectual es “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana", escrita en 1928 y considerada como la obra maestra del marxismo latinoamericano. Con este escrito Mariátegui expone con creatividad y originalidad en términos Marxista la realidad nacional peruana, caracterizada por el predominio del problema agrario con escaso desarrollo industrial, una población mayoritariamente indígena en condiciones de atraso socioeconómico y, además, sujeto a la implacable explotación imperialista. Y estos fenómenos son interpretados de manera holística donde la perseverancia intelectual del peruano busca la articulación entre política y economía, entre cultura y sociedad, entre pasado y presente; convirtiendo el razonamiento histórico en el eje de estudio de la realidad de su país. Aunque Mariátegui afirma en su obra que el cambio de la superestructura no podría alterar los problemas económicos básicos – por ello darle educación a los indígenas sin darles tierra era algo absurdo -, la mayoría de las páginas de los siete ensayos esta dedicada al análisis de una superestructura nacida de una estructura atrasada (precapitalista). El intelectual expresa como el concepto primordial y central de sus trabajos es el carácter de una sociedad peruana premoderna dentro la cual la reflexión sobre la cuestión indígena se halla inserto. El pensamiento marxista de Mariátegui se desarrollo sobre líneas de análisis muy diferente de los esquemas establecidos del marxismo clásico –reduccionista clasista, mecanicista y economicista- su enfoque sobre la problemática indígena, su visión de la evolución económica del continente, su percepción del estado nacional excluyente e inconcluso, su búsqueda de los actores colectivos revolucionarios, su capacidad de nutrir la visión marxista occidental con elementos propios de la realidad cultura latinoamericana, son rasgos que hacen de sus planteamientos importantes antecedentes de la vigencia de su original pensamiento. La grandeza y creatividad irreverente del pensamiento mariateguísta es uno de los puntos de partida para analizar la construcción del socialismo del siglo XXI, sin caer en la enfermedad del dogmatismo. Sus ideales nos orientan desde el pasado que otro mundo es posible. Hagamos de su mito una realidad. alcideshb@cantv.net Déjanos Tu Comentario |
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