Introducción
A los dos meses de la confrontación más importante de masas en los últimos 13 años, hay diversos intentos de comprender el momento, el conflicto y sus implicaciones.
Interpretaciones que suelen ser muy parciales: sólo los intereses económicos o políticos, o aspectos racistas que se enuncian como una pelea contra un presidente negroide. La descalificación de las montoneras y las hordas chavistas por parte de otros que se auto nominan "la sociedad civil".
O acusaciones de la siembra del odio por parte del Presidente, o descalificación de una cierta oposición como mentirosa y mal intencionada. Me parece importante, para aportar al diálogo, entender que esas "hordas" y que algunos sectores de esa "sociedad civil" son coherentes con la visión que viene de sus orígenes etnoculturales, independientemente que en el trasfondo están en juego intereses económicos y políticos. Mejor dicho, esos intereses se expresan en el "mundo de vida", lenguaje y acción correspondientes a ciertas matrices etnoculturales. Se señala la dificultad de las masas para desarrollar una democracia participativa, en términos de carencia de organización, disciplina y ciudadanía. Al mismo tiempo que el contenido de ciudadanía que ponemos en esta palabra tiene connotaciones bien diferentes, desde las diversas cosmovisiones que poseen la élite y la mayoría de la población venezolana.
Tratar de incluir algunos elementos etnoculturales en la interpretación de nuestro momento histórico es el propósito de este ensayo, queriendo aportar al proceso de diálogo y entendimiento para podernos asumir como nación, república y estado en la coyuntura mundial globalizante neo-liberal (y no-liberal) que vivimos, orientada precisamente a la liquidación de estas entidades.(2)
La construcción de una nación
La construcción de la nación venezolana es una historia conflictiva desde los inicios del choque cultural producido por la invasión de 1498 y su subsiguiente historia de dominación y colonialismo.
Nuestra población mayoritaria a través de los siglos se forjó marcada por la utilización, dominada y excluida de la participación política.
Un país fragmentado, con una historia de luchas prehispánicas y después contra el colonizador, guerras civiles desde la independencia, de caudillos y montoneras regionales después de la separación de la Gran Colombia, en búsqueda de una identidad y construcción como nación y estado, lo que viene a desarrollarse como tal a partir de Gómez, con la unificación del Ejército y de la Hacienda Pública, de eso no tenemos todavía un siglo.
Un país, que entre dictaduras y democracias forzadas (pactadas), desarrolló un modelo de Estado incongruente con el desarrollo de ciudadanía y corresponsabilidad económica, social y política de la mayoría del pueblo venezolano, que tuvo participaciones espasmódicas en su proceso político a lo largo del siglo XX, y en las últimas dos décadas de ese siglo, sometido a una marginación cada vez mayor de la vida política, a una gran exclusión social y un empobrecimiento acelerado y generalizado. A la luz de esta historia y sus causas etnoculturales, además de las económicas y políticas, es como podemos entender la importancia de la "revolución bolivariana" y los conflictos que vivimos.
El mestizaje matricentrado forjado bajo la dominación
Un mestizaje hijo de la dominación, bajo la tutela de la madre y del colectivo regido por ella.
Históricamente la presencia y necesidad del padre suplida por la madre en la tribu, por la madre esclava en el cumbé, por la madre abandonada en su familia, por la madre en la familia de varios padres, por el padre presente; pero culturalmente ausente.
Las marcas de la madre, hija de madre, con la misión de ser madre: La intuición, la relación interpersonal, la pasión, la voluntad de convivencia en su colectivo, la autoestima clánica y relacional, la informalidad, el hecho y derecho de subsistir en la relación. Todo lo cual conlleva una visión de la vida, del tiempo, del trabajo, del placer, de la ética y de la estética, de la religión, de la fiesta, del poder, de la organización y de la política.
Claro que esta matriz ha sido sometida a lo largo de la historia a las múltiples influencias derivadas de las diversas simbiosis, que se corresponden a diversas etapas de nuestra historia, la relación y mezcla indígena-blancos europeos, indígenas-africanos, pardos-blancos-zambos-mulatos… en la esclavitud, en el abandono del hombre por la guerra, en el peonaje de las haciendas, en la dependencia de los gamonales del pueblo, en las rupturas familiares provocadas por la emigración, en el sometimiento a los jefes económicos y políticos de la sociedad urbana que, lo asumen como cliente, en el ascenso por imitación, en las matrices ajenas que debe asumir y simula hacerlo, a partir de la imposición coercitiva, represiva, mediática… Esto ha producido simbiosis y sincretismos importantes, siempre bajo el signo de la dominación y la exclusión de una sociedad monopolizada históricamente por la élite (identificada con la clase capitalista dominante, en todas las variantes de la estructura económica capitalista históricamente vigente en nuestro país). A pesar de todas estas influencias la matriz matricentrada continúa prevaleciendo, con sus consecuencias matriciales en la cosmovisión de la mayoría del pueblo venezolano y hoy es el polo mayoritario que apoya la constitución del 99.
La élite mantuana y sus descendientes
La presencia del blanco europeo de sociedades de matriz patriarcal, aun cuando venían de un mundo de varios siglos del padre, hombre de la guerra (invasión mora), poco presente en la familia, el modelo familiar siempre estuvo centrado en el padre y en la primogenitura (el reemplazo por el primer hijo). La sociedad de donde venía estaba marcada por los valores paternos: primacía de la razón, la ley, el derecho, la justicia, la inteligencia racional, la primacía del individuo, el honor y el valor personal y de ser varón.
Esta matriz configura también una cosmovisión, una visión y misión en la vida, con sus componentes económicos, éticos, políticos, estéticos, religiosos y culturales.
También esta matriz en nuestro país ha sufrido influencias importantes en las diversas etapas de nuestra historia; pero siempre bajo el carácter de dominador de los diversos aspectos de la vida nacional. La añoranza inconsciente del país dejado, siempre marcó su historia en nuestra patria y vivía siempre mirando hacia allá, y esto se trasmitió de padre a hijos, ¿no es eso lo que hizo en toda nuestra historia a esa élite dominante importadora de ideas, visiones y modas de su mundo hispánico o francés o inglés y después en el siglo XX de USA? Así quiso siempre construir un país a su medida, a su cultura, a su Europa, hoy a su USA.
El refuerzo a esa élite mediante la inmigración de los siglos XIX Y XX
Desde finales del siglo XIX y el siglo XX hubo importantes corrientes migratorias hacia el país, desde Europa, además de otros países latinoamericanos por razones económicas y políticas, que vinieron a reforzar la pluralidad multicultural de nuestra nación, la mayor parte de los emigrantes europeos por la guerra civil española, por las guerras mundiales y de otras culturas como la árabe y la china, provocaron en nuestro país el aporte de visiones de sociedad, estado, partidos políticos y movimiento obrero más modernos, aunque en su mayoría eran portadores de una constitución familiar cercana a la de la tradicional élite mantuana.
El grueso de esta emigración y sus descendientes han venido a constituir un importante sector de la clase media venezolana. Sus visiones de familia, sociedad y estado han tenido un gran peso en el diseño del modelo democrático moderno y de industrialización montado en nuestro país durante el siglo XX. Y han tenido una gran influencia en los modelos asumidos por los mestizos de los sectores medios emergentes, que pudieron asumir posiciones, titularidad académica (los académicos, los periodistas, los médicos…), ascenso en la administración pública, en las FAN, en las empresas estatales (PDVSA - que ha constituido el centro de la elite- , CVG y filiales…), durante los años 50-70 del siglo pasado en nuestro país, ya que después de la crisis de los años 80 el ascenso social disminuyó radicalmente y se redujo a una autoreproducción y empobrecimiento de esas capas medias. La mayor parte de esta clase media, unida a los descendientes de los mantuanos y los nuevos ricos, nacidos del desastre del estado rentista de los 60-80, constituyen el eje central de la élite que hoy nuclea la oposición interna al proyecto constitucional del 99.
El asumir político de las mayorías mestizas y sus expresiones en este momento
La manera de entender el poder, el gobierno, la organización política por parte de las mayorías de nuestro país esta vinculado a la matriz relacional, interpersonal. El hecho de que esta matriz se forjara bajo el signo de la dominación, nos hace entender que la mayoría venezolana desarrollara mecanismos de defensa ante el poder que no sentía a favor de sí misma, basados en la simulación o por el contrario, la lealtad hasta dar la vida cuando confía en el líder y se siente en relación con él, la huida al conflicto, el alejamiento o la confrontación radical, pero siempre buscando el salirse con la suya, entendida como la vía que ve como beneficio para su entorno relacional.
Así simuló e inventó salidas ante el conquistador, el misionero, el caudillo (hay múltiples ejemplos en nuestra historia, desde la invención del Dorado, aprovechando la propia expectativa española, la lealtad a Boves, luego a Páez, el seguimiento a caudillos y líderes que los sentía suyos, hasta la muerte). Es la raíz de las montoneras y el caudillo. De los líderes "cercanos", de los que son como nosotros, con el cual podemos entendernos. ¿Quién de la mayoría que hoy apoya a Chávez no se siente con el derecho y la posibilidad de ser atendido personalmente por él? Incluso sabiendo que físicamente no sea posible. Si comparamos el distanciamiento de las masas de los líderes políticos de ayer y la simulación ante ellos, con el acercamiento que hoy sienten con el Presidente y su lealtad hacia él, podemos ver la diferencia.
Este hecho se afianza y radicaliza con la confrontación del Presidente con sus tradicionales dominadores (evitar la confrontación no es políticamente viable para las mayorías), en defensa de los intereses que va reconociendo como suyos y se fortalece cuando el líder es vencedor (fenómeno del crecimiento de la popularidad de Chávez entre el 11 y el 14 de abril), y esas mayorías se sienten que hicieron algo por él ("amor con amor se paga").
La familiaridad de Chávez, su respuesta a situaciones individuales (el favor hecho a cualquiera, se transforma en hecho a sí mismo porque relacionalmente no hay casi nadie que no conozca a algún beneficiado), su comunicación en el lenguaje de las mayorías, tildado por la élite de "populismo", es para las mayorías la acción del defensor del pueblo excluido. Las cadenas y el aló presidente se tornan así en el blanco de los ataques de la élite, porque ante el boicot mediático, son la conexión pedagógica del líder con su pueblo. La lealtad crece independiente de la pobreza, el boicot económico, la diatriba política, porque esas dificultades son entendidas como obstáculos de los enemigos del líder, que pasan a ser sus enemigos. ("Déjenlo gobernar¡¡¡", "es loco; pero es mi loco"). No es una cuestión puramente racional (defensa de nuestros intereses económicos y políticos), es "de los nuestros". El en el poder, somos nosotros en el poder.
Los psicólogos podrán hablar del encuentro con el padre ausente y siempre buscado, o con el hermano mayor defensor del menor, pero lo que si es cierto es el sustrato de la matriz relacional, en la vinculación Chávez-mayoría de la población venezolana.
La visión política de la élite
La visión política de la élite, dependiente de España desde la colonia y después, de las ideas de la Revolución Francesa, nuestros libertadores asumieron las conclusiones históricas de la sociedad francesa del siglo XVIII para ser implantadas en un pueblo de tribus seminómadas, de esclavos, pardos y blancos de orilla, que en su mayoría conformaban los pueblos que habitaban en el país que hoy es Venezuela.
Las contradicciones generadas por las visiones de la élite y las mayorías no se hicieron esperar: "No tenemos ciudadanos para hacer República y no podemos regresar a la Monarquía, inventamos o erramos" Simón Rodríguez. O expresiones mas o menos de este estilo (no tengo a mano las cartas de Bolívar a Sucre en 1827): Hemos provocado la muerte de la mitad de la población para darles la libertad, que no valoran, o hay que traer europeos para que vivan en el país y pueda formarse una sociedad de ciudadanos, porque estos pueblos no pueden serlo por si mismos. La visión de ciudadanos, sociedad y estado modernos de esa élite no podía ser asumido por este pueblo y lo entendían.
A lo largo del siglo XIX y XX siempre surgieron teorías cuya mayor expresión se sintentiza en el planteamiento de Vallenilla sobre el gendarme necesario. Este es un país ingobernable sin una autoridad fuerte, argumento usado para sustentar el tiempo dictatorial de Gómez y posteriormente de Pérez Jiménez como fundamento de la posibilidad de construir el Gran Ideal Nacional.
La generación del 28 se rebela, queriendo construir una democracia moderna, con las ideas venidas de la Europa moderna; pero en la práctica, los partidos tuvieron que ser construidos sobre la base clánica, relacional de la sociedad venezolana. Por eso en AD era valorado el militante que tenía más ahijados en su pueblo porque eso (el compadrazgo) se constituía en base de la lealtad al militante y por esta vía al partido. Así se configuró un partido y posteriormente gobiernos basados en un real centralismo democrático (tradición europea marxista) y un funcionamiento clánico clientelar. Esto, junto a las reivindicaciones de sectores importantes postergados, es lo que hace a AD el partido del pueblo, y a un COPEI, PCV y URD más distantes de las mayorías por elitezcos, doctrinarios o programáticos, o modelos de organización más "ortodoxos", desde el punto de vista de la organización política moderna.
Se llegó por esta vía a la consolidación de la democracia representativa, o la democracia pactada en un pacto formal (Punto Fijo), pero con un pacto real, que era el control de las masas por el pacto interno de los clanes clientelares en los partidos y sus organismos sindicales y comunales, sustentado en base al billete rentista o a la represión.
Es importante señalar la contradicción en los mestizos pobres, en ascenso a las capas medias (o nuevos ricos de la corrupción clientelar), al asumir los estilos de ese sector social, modernizantes de pensamiento (asumido en las universidades, el nuevo relacionamiento social) se enfrentan al continuo saboteo de sus propias ideas por el comportamiento informal, "inorganizado", fruto de la primacía de la práctica relacional sobre el proyecto político asumido teóricamente.
Auge y caída del proyecto democratico moderno de la élite
Después de la política de pacificación de Caldera y el consiguiente sometimiento de la élite inconforme (izquierda), cuando parecía que se estabilizaba más la "democracia pactada", por el auge económico petrolero, (CAP1) que provocó una importante satisfacción de los grupos de poder y de los clanes clientelares, fue cuando la élite moderna se sintió más satisfecha de la democracia que había construido, fue en el momento en el cual se produjo el endeudamiento del país, era entonces cuando se incubaba aceleradamente la crisis de la "democracia pactada" y se desarrollan rasgos de un movimiento popular, sindicalismo clasista... tendencias proletarias, reducidas, pero expresiones de lucha por autonomía, liquidadas por la represión y la incomprensión de las mayorías.
Esta ilusión comienza a desmoronarse con el viernes negro, RECADI y las subsiguientes crisis. Se provoca el progresivo desmontaje del aparato clientelar que sustentaba el pacto democrático con los clanes, se elitiza cada vez más la clientela, se resquebrajan los centros de control que la élite había generado en las masas no modernas (cuadros de partidos, juntas de vecinos, liderazgos sindicales...) y son abandonadas las masas a su suerte ( surge el discurso de la anomia, de fortalecer la autoestima, de aumentar su capacidad competitiva...etc los liderazgos sociales desde las capas medias intentan reconstruir nuevas mediaciones transformándose en ONG´s, futura "sociedad civil".) llegamos así al 27 de febrero, (las élites se devanan los sesos en procurar la reforma del Estado) y al 4 de febrero y 27 de noviembre (surge el discurso constituyente desde las capas medias). Y al mismo tiempo surge la imagen de Chávez, el posible líder que las masas mestizas "no modernas" buscan. El proceso siguiente hasta hoy es bien conocido.
La conflictividad del proceso bolivariano
El proyecto bolivariano surge de las vinculaciones y alianzas construidas con determinados sectores económicos, que en el pacto del 58 quedaron postergados, (donde tuvo primacía el sector industrial y posteriormente el financiero). La alianza que abandera el proceso bolivariano junto a Chávez está formado por la burguesía nacional agroindustrial y otros sectores económicos ("Miquelenismo", Pro-Venezuela...) y políticos (sectores académicos y de las capas medias de corrientes nacionalistas y de izquierda, todo lo que va a configurar la confluencia y posterior confrontación de intereses económicos y políticos en el gobierno). Además de esto, surge de sectores de élite, en las fuerzas armadas y civiles pertenecientes a los sectores medios, que venían de los estratos económicos y sociales pobres emergentes, a partir del crecimiento económico y posibilidades de ascensos generados en los años 70. Son aquellos que portan en sí la tensión y muchas veces la contradicción entre los modelos modernos y su mundo de vida relacional, con una cierta ideología expresada en la "fidelidad al pueblo" de donde vienen. Esto permite una construcción de cercanía del mundo popular, al mismo tiempo que la búsqueda de hacer una democracia moderna, con un carácter de intervención del pueblo no moderno y de inclusión social (lo que muestra casi una contradicción "in terminis"; pero que revela la contradicción que esas capas medias promovidas portan en sí mismas, casi una esquizofrenia).
Eje simbólico de este proyecto es el árbol de las tres raíces (habría que analizar a nivel psicológico lo que significa y su conexión con el inconsciente colectivo de las masas mestizas no modernas). El "Padre Libertador" figura y prototipo de la libertad de un continente. Samuel Robinson (Simón Rodríguez), maestro del "Padre Libertador" y formulador de la necesidad de la invención de una nueva República, que no es de ciudadanos, ni puede ser monarquía. Zamora, representante del caudillo de las montoneras excluidas enfrentadas a la elite y a la modernidad.
La apropiación del proyecto bolivariano por parte del mestizaje
El discurso bolivariano había sido en el país el discurso legitimador de las élites, de sus proyectos de República, pero asumido desde el punto de vista burgués elitesco: el Libertador de ayer, cuyo mensaje no tenía nada que ver con el hoy del país. La interpretación ideológica burguesa-elitesca de la persona y el mensaje de Bolívar prevaleció a lo largo de toda nuestra historia post independentista. Con Chávez y el proyecto bolivariano la persona y el mensaje de Bolívar es asumido en una simbólica (ideología) correspondiente a un discurso popular, que engloba la noción de libertad e independencia en el lenguaje de las demandas de libertad de las mayorías mestizas. (libertad en el contexto europeo-patriarcal quiere decir corresponsabilidad, deberes y derechos del ciudadano y en la visión del mestizo dominado matricentrico quiere decir más "ser-como-somos", es decir, la posibilidad de crear nuestro mundo como queremos, que fue siempre alienado por los dominadores).
Aquí se plantea la gran contradicción, entre los intereses económicos y políticos de dentro de la alianza bolivariana y de dentro y fuera del país que se ven tocados. Mas allá de eso, es la contradicción de las visiones, que va más allá de las conciencias de una y otra clase. Es la conciencia de ser pertenecientes a un-mundo-de-vida, alienado y reprimido por la otra clase, que vive y se corresponde con otro-mundo-de-vida.
La expropiación del Bolívar de las élites por las masas mestizas dominadas y su apropiación, es el primer gran triunfo de la Revolución Bolivariana; es la construcción de una simbólica nueva para el pueblo mestizo, manera propia de ser-pueblo (clase)-para-sí. La Historia de Venezuela vista desde allí adquiere una dimensión nueva para ese pueblo, donde Bolívar es descubierto como el históricamente traicionado, en la conciencia de que su historia de dominado ha sido la traición de la élite a Bolívar, hoy recuperado. Esta es fuente de revelación y manifestación de las importantes contradicciones escondidas ideológica e históricamente para las mayorías del país.
De la huida al conflicto y la simulación, al destape político
Ese pueblo, que por la represión y la dominación aprendió a simular, a huirle al conflicto cuando tenía las de perder, asiste por la reafirmación explicada antes, al "destape" político. La fuerza desencadenada por esta nueva visión es lo que la élite atribuye como responsabilidad a la "predicación del odio" que habría hecho Chávez. No, no es fruto de una predicación, de una introyección del odio en el pueblo, es el reencuentro del pueblo con su propia identidad, en posibilidad de manifestarse, bajo un gobierno y un contexto afín a sí mismo.
Es claro que este destape choca con el monopolio que la elite había tenido históricamente del escenario, de la visibilidad de su ideología y su cultura (de allí el calificativo de hordas, huestes, que hace la élite moderna a las masas bolivarianas), cuya cultura hoy sigue siendo preponderante en los medios de comunicación y en los estereotipós sociales, la confrontación se sitúa abierta en la calle, con apoyo del gobierno y una Constitución. Esta no tiene el mismo significado para las élites modernas (contrato social), sino que es el respaldo público del ser-de-las-masas-en-"libertad," de lo cual las mismas masas mestizas se sienten constructoras (debate y referéndum aprobatorio de la Constitución, con su participación, por primera vez en la Historia de Venezuela), a pesar de la modernidad que significa esa Constitución.
En esto es importante tener en cuenta un viejo principio de la Escolástica: todo lo que es recibido, captado, es recibido al modo del recipiente. El molde cultural, su simbólica, su imaginario, es el que determina los sentidos con los que son captados y valorados los hechos. Es muy importante comprender, qué es lo que las masas mestizas entienden en los conceptos modernos encerrados en la Constitución que defienden. Y qué es lo que las élites modernas asumen en la Constitución que rechazan. Independientemente de las razones económicas y políticas que el Imperio y sus clases aliadas en el país tienen para rechazarla.
De la sumisión a intereses ajenos al encuentro de los propios intereses
El camino de la sumisión a otros intereses, contrarios a los propios, fue el paradigma de explotadores y explotados o marginados en toda nuestra historia. El camino de reconocer y asumir los propios intereses ha sido acelerado cualitativamente en estos 10 años. Los resultados de elecciones, adhesión afectiva al caudillo, el empobrecimiento con esperanza, o como dirían otros, la satisfacción simbólica sobre la satisfacción material, en medio de una profunda crisis capitalista, muestra un proceso de descubrimiento de los propios intereses. El grado de despertar de la conciencia nacional y la politización alcanzada en los últimos años, entre otras cosas fruto del proceso bolivariano, han hecho de las masas de este país un pueblo que ya no volverá a ser más el mismo, peligroso despertar para los sectores hegemónicos económica, política y culturalmente, cuando la conciencia nacional despertada asuma su irremediable forma anticapitalista, en esta coyuntura del mundo, donde el neoliberalismo globalizador, engloba y hace irremediablemete dependiente de él, cualquier iniciativa capitalista.
La Constitución del 99, último gran esfuerzo de construcción de Estado y República modernos con inclusión social
Los sectores populares emergentes a las capas medias modernas (el origen del bolivarianismo) en la Constitución del 99, representan el último gran esfuerzo de la élite para la construcción de Estado y República modernos con inclusión social.
Es muy probable que los constituyentes no percibían el profundo conflicto que desataban al formular esa Constitución. La búsqueda de incluir a las masas, históricamente marginadas, en la construcción de una sociedad de justicia, equidad.... representa el gran detonante activado; lo revolucionario de este proceso, además del enfrentamiento al imperio, radica en la posibilidad abierta para que ese soberano, inconsciente de serlo, irrumpiera en el espacio público de la sociedad venezolana. Lo importante de la élite constituyente fue colocar al pueblo en condiciones de transformarse en actor. Rápidamente el instinto de conservación de ciertas capas dirigentes intentó burocratizar y fosilizar el proceso constituyente, frenando la constituyente popular en las diversas áreas de la vida del país. Pero el proceso había sido desatado, con un líder, institución y profeta a la vez (sólo posible en quien porta en sí mismo la contradicción masa-no-moderna vs. élite-moderna), impulsó la liberación de las fuerzas históricamente reprimidas y los miles de hombres y mujeres, víctimas de una historia de lucha, encontraron las vías para desencadenar este proceso. Es claro que un sinnúmero de contradicciones aflorarían, entre las élites oportunistas, civiles o militares, o simplemente académicas, o burocracias enquistadas en el gobierno y las aspiraciones del soberano desatadas. ¿Será que es posible que esa élite moderna "revolucionaria" acompañe al pueblo, tal como es, en su lucha, o el soberano terminará irremediablemente enfrentado a la élite que desató estos demonios? Este es uno de los principales desafíos: encontrar las mediaciones entre la élite moderna (en otro lenguaje diríamos, pequeño burguesa) y las masas no modernas (las clases productoras y el pueblo mestizo marginado), despertadas a asumir su proceso, a su manera.
Los círculos bolivarianos son el mayor esfuerzo, en la historia de Venezuela, buscando construir sociedad y ciudadanía
La profusión y magnitud del desarrollo de la convocatoria hecha desde la Presidencia de la República, para la construcción de los círculos bolivarianos son la más importante iniciativa en la Historia de Venezuela para la construcción de una sociedad organizada. Es claro que la visión de sociedad, para las decenas de miles de mestizos no modernos, que hoy integran y articulan los círculos bolivarianos no es la misma que la de los que manejan la concepción de sociedad civil del lado de la élite. Nuestra visión de sociedad no puede ser contradictoria con nuestro modo de vida relacional, casi clánico y basado en la convivencia. Eso hace difícil pensar en una organización de los círculos en base a un programa, sino mas bien, en algunas coincidencias en torno a enemigos antinacionales y que atentan a su modo de vida no moderna y a propuestas comunitarias. Los sectores de este pueblo que han podido tener una mayor inserción en el modo de producción industrial (que fueron o son clase obrera) pueden ser los portadores de la conexión entre la conciencia nacional y la conciencia anti capitalista; pero la expresión de sus formas de reacción y de lucha no van a estar nunca desconectados de su modo de ser sociedad (clase)-en-la relación.
El diálogo y la confrontación
En el reconocimiento del país como multiétnico y pluricultural (preámbulo de la Constitución) se encierra el reconocimiento de esta problemática planteada. Cualquier diálogo y búsqueda de entendimiento entre las élites y las mayorías (entiéndase aquí no sólo el diálogo entre la oposición y el gobierno, sino también el diálogo entre la élite gobernante y las mayorías) supone no sólo una negociación de intereses económicos y políticos diversos y muchas veces antagónicos, sino que es al mismo tiempo un diálogo y negociación entre culturas.
La no comprensión de este hecho inviabiliza cualquier diálogo y lleva irremediablemente a la confrontación, donde se expresará la lucha de clases bajo la visión de cada una de las clases, influyendo en las alianzas, creando instrumentos, organización y formas de lucha correspondientes a la visión que procede del mundo de vida de las clases enfrentadas. Así como condiciona también la realización de los planes económicos, sociales y políticos que la élite gobernante quiera conducir hacia las masas no modernas. Sólo la participación protagónica, a la manera de las masas no modernas, en la decisión, planificación, ejecución y control de estos planes puede garantizar su viabilidad.
Para un diálogo inclusivo o una confrontación decisiva
Es necesaria la autocomprensión de los imaginarios propios y los de los otros, es decir, la autoconciencia de las visiones de bienestar, ideal de vida, visión de nación, estado y sociedad que tiene cada cultura. El debate en torno a esas visiones en el seno de las mismas culturas y clases sociales. Y la discusión mutua sobre la viabilidad y posibilidad de esos imaginarios en el mundo que somos, en la economía que tenemos y en el modelo de desarrollo que podemos, teniendo en cuenta la globalización que vivimos y la inviabilidad para el mundo, para la mayoría de la humanidad y de nuestro pueblo de ciertos modelos que asumimos.
Es necesaria la autocomprensión de los propios intereses y los de los otros, es decir, los que provienen de nuestra posición en la generación de riquezas, su distribución y equidad de oportunidades en nuestro país. Cualquier diálogo o confrontación que no busque y pueda superar la inequidad y el dominio de unos sectores sociales o clases sobre otros, está condenado a encontrarse ante las mayorías empobrecidas, armadas de una conciencia cada vez mayor de la necesidad de ser libres y no sometidos, a su manera, no sólo políticamente, sino económicamente y en el ámbito sociocultural.
Es necesario en el diálogo o la confrontación tener como telón de fondo los intereses antinacionales presentes y avasallantes permanentemente, a través de múltiples mecanismos que encierran la economía, la política, los medios de comunicación, la educación, la cultura, es una gran oportunidad para unir a un pueblo y a una nación en torno a elementos de soberanía nacional cuya única posibilidad de realización es la soberanía popular, que significa poner la conducción del país en las manos de la mayoría, asumida según sus intereses y su visión. Las minorías tienen que reconocer la legitimidad de esos intereses, asumiendo una conciencia nacional confrontadora de los intereses antinacionales y no buscando incluirse en ellos, aceptando también que su diversidad cultural necesita un diálogo y no una exclusión de la cultura de las mayorías.
La intermediación y facilitación del diálogo
Es imposible establecer un diálogo real en la sociedad venezolana, a través de una supuesta representación en las mesas de diálogo en Caracas, que será justamente un diálogo entre las élites con la exclusión de las mayorías. Las marchas y contramarchas son la expresión del diálogo de las mayorías cuando este no tiene canales para su realización. El diálogo debe incluir a los diversos sectores, hasta los diversos rincones del país. Tiene que ser un diálogo entre los actores en base a la Constitución y buscando superarla en aquellos aspectos que contradiga las aspiraciones de las mayorías. Los trabajadores deben discutir con los patronos lo que significa democracia participativa y protagónica en la toma de decisiones de la empresa, los alumnos y representantes en la escuela, los campesinos y hacendados en la aplicación de la ley de tierras…. Las mesas de diálogo deben ser la discusión y realización de lo que significa una democracia participativa y protagónica en todos los aspectos de la vida de la población, es en definitiva, desencadenar el proceso constituyente que fue congelado por la confrontación artificial con el Presidente por parte de las minorías. Y también congelada la constituyente popular por la preservación de ciertas burocracias enquistadas en el poder del Estado. Este diálogo será siempre un diálogo entre las diversas maneras de asumir, cada uno desde su cultura lo que está escrito en esa Constitución. La facilitación o intermediación para ese diálogo es comprensiva, vive y asume en sí misma esta confrontación (económica, política e ideológico-cultural) o se incapacita para serlo.
Abril 2002
(*) El autor es militante e investigador social, comprometido por más de 40 años en el movimiento obrero y popular.
(1) La interpretación de estos hechos está basada en los aportes realizados por el P. Alejandro Moreno sdb, JL Vetencourt, Barroso, Darcy Ribeiro, Herrera Luque, Cabrujas y otros en sus intentos de comprensión del ser venezolano y caribeño.
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