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A través de la historia de la humanidad, en todas las épocas los hombres y mujeres han soñado con utopías y sociedades ideales. Todos soñamos con ver a un mundo mejor, libre de todos los vicios que atenta contra la salud pública. La mayoría de los venezolanos hemos apostado por ver a una sociedad más solidaria, y mas justa, y poder lograr el cambio cultural que establezca como prioridad transformar el modo de ser de las personas y construir la “civilización del amor” que tanto anhelamos como sociedad. Una sociedad sin utopías es una sociedad que está condenada al fracaso. Es importante que nos preguntemos: ¿cuál es el tipo de sociedad que queremos construir con la Revolución planteada en los actuales momentos? La respuesta la encontramos en el socialismo del Siglo XXI, la cual tiene como misión comprometer a todos los ciudadanos a desarrollar actitudes y conductas solidarias para ver a la sociedad que todos soñamos con las siguientes características: Una sociedad que ame y que promueva la cultura de la vida en todas sus expresiones y lucha por promoverla y conservarla: la naturaleza, los seres humanos, que exista armonía entre el ser humano, sus semejantes y el universo. Una sociedad donde sean reales los derechos fundamentales de los seres humanos a una vida digna: salud, educación, trabajo, techo, seguridad y recreación. Hacia allá apunta la misión Cristo, la madre de las misiones sociales. Una sociedad que ofrezca oportunidades de crecer y de progresar, donde el esfuerzo sea promovido y el mérito recompensado; además el trabajo sea digno, se realice en condiciones sanas y dentro de relaciones cordiales, justa y respetuosa, y también exista la igualdad sobre todas la cosas. Una sociedad donde cada uno pueda ser libre de sentir y disfrutar, que esa libertad no se convierta en libertinaje; y todos los sentimientos sean expresados y respetado; al igual que la sexualidad sea ejercida con libertad, conocimiento, afecto, respeto y responsabilidad, complementariedad, Intimidad y pudor, pero sobre todo, tiene que ser apertura a la vida. Una sociedad amante y deseosa de conocimiento, enemiga de la ignorancia, el dogmatismo, la credulidad y la superstición. Una educación para que las personas sepan enfrentarse a los anti-valores que impone el “capitalismo salvaje”. Por esa razón, La educación popular socialista debe dotarnos de conocimientos y de habilidades necesarias para formar a la conciencia moral del hombre y la mujer revolucionario, que nos permitan visualizar las relaciones que existen entre nuestra forma de pensar, de ser, de sentir, de querer, de amar, de soñar, y la forma como actuamos para lograrlo. Una sociedad donde las relaciones humanas sean amables, respetuosas y comprensivas. El ser humano está llamado a vivir en sociedad. Y allí, su requerimiento fundamental es el de disfrutar de relaciones humanas armónicas. En efecto, todo el mundo sabe muy bien de lo satisfactorio y placentero que es el contar con buenas relaciones humanas y de la tragedia que significa el no tenerlas. En la diversidad de pensamiento y forma de ser de cada uno debemos lograr la cordialidad y la consideración por los demás, donde cada cual considere al otro compañero de camino en la vida. Una sociedad guiada por los principios éticos de la justicia, la honradez, la verdad, bondad, solidaridad, responsabilidad, laboriosidad, patriotismo, donde la moral sea asunto de convicciones. Es lograr la búsqueda de la coherencia entre la manera de ser, de pensar, de sentir de los ciudadanos. Una sociedad abierta al mundo y a la humanidad, superando las fronteras y logrando la integración de los pueblos, obteniendo la mayor suma de felicidad posible como lo señalaba el Libertador Simón Bolívar. Una sociedad que cultive todos los valores humanos y artísticos donde sean ensalzados no los poderosos, ni los mejores competidores, sino los colaboradores con su trabajo humilde, dedicación y constancia. Una sociedad que defienda y proteja a los débiles: los niños desde su concepción, ancianos y minusválidos en lo físico o en lo espiritual, en donde la bondad y respeto por la dignidad de esos hermanos, motorice esa acción de defensa por desprotegidos. Una sociedad que invite y haga posible realizarse como seres humanos solidarios, una sociedad fraternal, donde las diferencias de clases no sean fruto de la impiedad, de la injusticia, y las inevitables disputas por nuestra condición humana, se solucionen de manera pacífica y cada quien no envidie al otro, sino goce y promueva el bien común y la felicidad del prójimo. Una sociedad donde reine la corresponsabilidad y el sentido de pertenencia, para que la autoridad tenga poco que hacer y qué mandar, pues todos ejercen su libertad en beneficio de la comunidad, eso es lo queremos lograr a través de los consejos comunales. Por eso, nuestra revolución es democrática, protagónica, participativa. La invitación que nos hace el Socialismo del Siglo XXI es a colocar la primera piedra en el camino de la historia en la refundación de la patria. Seguramente que no habremos de vivir para ver una sociedad más justa, fraterna, solidaria y feliz que anhelamos. Pero eso no nos exime de la responsabilidad personal y social de luchar. La gran revolución ética que estamos construyendo con el Tercer Motor Constituyente es la única alternativa de fondo que puede ofrecer ayuda a que se exprese la fuerza social y moral de un país. PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE… VENCEREMOS. Israel José Español Miembro del ordinariato militar y de la comisión “moral y luces” de la FAB. Déjanos Tu Comentario |
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