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Sobre: la filosofía como asimilación y transformación de los contenidos de la dialéctica humana; en torno a la esfera de la realidad, la libertad, voluntad y eticidad, en la actual y reciente revolución venezolana Primera parte INTRODUCCIÓN Libertad sin objeción G. W. F. Hegel concibió la filosofía como “actividad pura” del pensamiento, es decir, no una actividad particular, explicable señalando el objeto “determinado” que produce; la filosofía es “el pensamiento que reflexiona”, dice Hegel. Pero el pensamiento es lo absoluto, la actividad que se produce por sí misma. Luego pensar es producción; y lo que produce (objetos) nunca agota su poder de seguir pensando; de ahí que el pensamiento sea libertad frente a todo objeto (Naturaleza, cultura, etc.). Cuando el pensamiento comienza a ocuparse de sí mismo, a ser “pensamiento del pensamiento”, aparece la filosofía –como Hegel la entiende– y, con ella, el espíritu cobra conciencia de sí como libertad. Capítulo I En relación a la esfera de la realidad humana en la actual revolución venezolana. Podría Hegel argumentar en relación al sentido de la Revolución actual venezolana: “Venezuela tiene el sentido de la realidad, de la realización; como en este país transitan reflexionando directamente de las ideas a los actos, saben afrontar también prácticamente la realidad. Pero, por muy concreta que sea de suyo la libertad, nos encontramos con que también aquí se vuelve hacia la realidad como algo no desarrollado en su abstracción; y al tratar de hacer válidas las abstracciones en la realidad equivale a destruir ésta. El fanatismo de la Libertad, en manos del pueblo emotivo, se torna espantoso.” La Libertad, antes y después La Revolución venezolana - inspirada en un poderoso ideal movilizador, como lo es; la nueva conquista socialista XXI en defensa de la equidad y humana dignidad espiritual y material de todos los venezolanos, basada en una libertad con eticidad, para que sea real libertad y no una vulgar pretensión más. Esta reinicia y parte de principios universales del bien común, para el bienestar colectivo-publico en ejercicio de las virtudes; libertad, fraternidad, igualdad, conocimientos universales, justicia, para una humanidad más ética en voluntad para fines humanistas, devenida en ideología basada en los pensamientos de J. J. Rousseau, S. Rodríguez, entre otros, ahora validamente sintéticos en ideales bolivarianos, que en un después parecen desembocar en la época de la exclusión como horror revolucionario; teniendo como guillotinas las listas excluyentes de Tascón y la señalizantes de Súmate entre otras afecciones del espíritu de las leyes. Al respecto, Hegel señala, siempre convencido de que - si leemos la historia de la humanidad bajo la clave de la realización de la Libertad - los sucesos actuales constituyen hitos fundamentales en el drama de nuestro autoaprendizaje histórico- político. La ansiada Libertad y su padecer El carácter abstracto de esta Libertad la inhabilita para dar lugar a una nueva institucionalidad, ello implicaría abandonar a la Unidad individual del yo (político) y sus apetencias en pro de la alteridad, ya que la Libertad sólo puede negar, destruir un estado de cosas malas si intenta y además construye el utópicamente prometido, uno nuevo, donde la pureza del ideal resida en su universalidad, de modo que cualquier esquema político reformista-positivo tiende a escindirla, traicionarla históricamente. Organizar una sociedad para la producción de riquezas en sintonía con el humanismo real, requiere apelar a la voluntad no sólo política sino ética, del liderazgo conscientemente maduro en estos enunciados, premisas de algunos sobre otros, y exige para este resultado, el privilegiar inevitablemente ciertas voluntades singulares sobre el todo del pueblo. No obstante, esta salida política no parece ajustarse al imaginario revolucionario venezolano; ella equivaldría a contaminar el Ideal con elementos empíricos diferenciadores similares a los esgrimidos por el régimen anterior, la IV republica, que había sido vencida. La pureza de la Libertad absoluta sólo puede destruir lo existentemente concebido como una amenaza contra la Voluntad general. Esta negación inmediata suprime todo singular que se le oponga. Y de no acontecer históricamente el único acto libre –espontáneo y colectivo para sobrevivir mejor, se podría decir, pues muy pocos quieren ser realmente protagonistas malos de la historia, es pues, la carencia generalizante de ética colectiva y moral particular; traducida en las multitudes en dosis crecientes de ineficacia, inseguridad social, desempleo, corrupción…fraude colectivo. Quedando así instaurada la época del horror en la revolución venezolana Al ejercer el poder desde un gobierno legitimo Sin embargo, la Revolución venezolana debe erigir poderes en gobierno que no sólo intente administrar justicia, sino que administre, juzgue y cumpla en su ejecución el fallo dictaminado en Estado de Derecho, no puede eludir por mucho tiempo el asumir la tarea de delegar funciones y hacer cumplir (tipo mecanismo de resorte social) las distintas responsabilidades de Estado entre sus individuos y lideres. Tiene que forjar instituciones, en otras palabras, debe construir un Estado que procure realización funcional y eficientemente productivo el ideal socialista. Es aquí donde la Revolución hace brotar de sí misma su propia perversión: Su concepto, de la Libertad Universal, no tarda en transformarse en su contrario. Inicialmente se proclamaba a si misma como expresión de la indivisa voluntad universal, pero al convertirse en gobierno, este se evidencia como representante de una facción; gobierno efectivo de algunos individuos sobre otros. O en el mejor de los casos, como el venezolano; gobierno donde los mecanismos no se accionan ante lo vicios-delitos, no se disparan por si solos y nadie quiere por razones obvias, aparecer y ser el ejecutor. Siempre esperan por un Mesías que los catapulte y los proteja, incluso a costa de la vida de este. Eterna historieta de la humana humanidad, fe en la política e intereses en la religión. La cúpula revolucionaria, en gobierno en tanto expresión de un sector de la sociedad, representa ahora una voluntad política antagónica determinada por sus intereses del momento, opuesta a la voluntad general de los ideales del bien por los que se lucho, es así mismo por ello depositaria del ideal de la virtud por la que fueron a la conquista del poder. Evidentemente, no puede aceptar esta peculiar particularidad, pues intuye a priori y teme a posteriori que con ello sacrificaría la legitimidad ética de su mandato ante el Pueblo. En el contexto de la lucha de facciones, el “oficialismo” y la “oposición”, ambos - por ser posiciones puntuales - están condenados a perecer pues en ellos hay una voluntad con finalidad no ética, perversamente ambiciosa en el poder en sí. Por otro lado, se trata de un estado de cosas en el que los disensos están proscritos, pues son incompatibles con la creencia ideológica que trata de fijar e instaurar la falaz afirmación de “una voluntad colectiva para una libertad ética en general.” Así desde este enfoque los individuos singulares se convierten, todos, en sospechosos, es decir, potencialmente culpables de traición. Cada uno de ellos aparece como una amenaza contra el ideal del creído “Libertad absoluta” y su gobierno. No del saber absoluto de Libertad. La Revolución, trágicamente, reprime y condena a quienes le dieron la victoria. En el seno del gobierno y la afectada oposición, la situación es insultantemente despiadada, es ajena al sentir colectivo del verdadero pueblo, no les importa la miseria que históricamente ha padecido el pueblo, olvidan sumergidos en su estatus politiquero la verdadera posibilidad y paulatina conquista de los ideales humanos. En su mayoría los miembros de la cúpula se enriquecen ilegal e legalmente “por comisiones percibidas,” el pueblo se decepciona crecientemente y, entre ellos son sindicados habitualmente como sospechosos, puesto que cada uno de los miembros revolucionarios ve en sus camaradas el peligro, en pro de los ideales caídos, capaces de hacerla renacer e instrumentalizar y formalizar el ideal expedito en contra de sus intereses egoístas, dialécticamente disfrazados en nombre de la preservación de la transparente pureza de los derechos constitucionales traducidos en Libertad Absoluta, así se mimetizan cada uno de los miembro y no miembros, forjadores o no de la Revolución, así son notoriamente protegidos bajo la quieta complicidad silentemente entendida. Hegel, señala que no sólo, quienes sospechosa o probadamente conspiran son perseguidos; incluso la actitud refractaria y crítica frente al planificado programa revolucionario es condenada. Desde el punto de vista de los patriotas puros de la Libertad Absoluta, quienes actúan así, son enemigos del Pueblo pierden toda su ciudadana humanidad; después de todo, la esencia o criterio de lo humano lo constituye la pasiva conformidad con las exigencias de la “profesada voluntad en general”, aquella que ha abolido la cuarta republica e iniciado la Edad de la Razón. Ética Revolucionaria. Y eso basta por si sólo. Para los miembros, militantes, activistas o fanáticos del partido de gobierno o de la oposición, la eliminación de los “traidores” no constituye un auténtico homicidio político:” su muerte no tiene ninguna repercusión de carácter ético, esto no se usa, ni existe en estos ámbitos. Es muerte indiferente merecida, sin otra significación que la ejemplar furia de la destrucción en la batalla política, que marca el camino a seguir indefectiblemente para unos u otros, mientras tanto el pueblo padece, permanece, observa, advierte, sigue, espera, acciona y concluye. La Libertad Absoluta: en su acción anula cualquier lazo de confianza entre la concurrencia y líderes revolucionarios. Por ejemplo Robespierre, guru del ideal jacobino, se encargo de conservar, preservar la universalidad de la Voluntad general, oponiéndola al mal interesado entendido conjunto de las voluntades particulares ávidas de poder. De este modo se convirtió en juez y verdugo de las libertades que se contraponen al ideal universal. Bibliografía:
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LA PSEUDOFILOSOFIA DE HEGEL, EL CRISTIANISMO NOMINAL 05/10/07 Jose
Caracas Precisamente. En este momento es absolutamente claro para quien todavia mantiene algun rasgo de objetividad que Chavez es un lider totalitario. A diferencia de la casi totalidad de su cogollo, no creo que Stalin sea una figura que los venezolanos debemos admirar. 01/10/07 Americo Torres
Caracas - Venezuela Creo que los comentarios tocan con profundidad la inquietud del pueblo venezolano, el cual en mi opinion está a la espectativa ante lo que está ocurriendo, para actuar quién sabe si oportunamente o tardiamente. 30/09/07 Greicy Leo greicyleo@cantv.net cojedes/VENEZUELA ME GUSTO, ES INTERESANTE Y MUY EDUCATIVO, FELICITACIONES 26/09/07 |
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